¿El fin de la democracia liberal?
La teoría del eterno retorno parece haberse zampado los vaticinios de una victoria 'ad aeternam' del orden liberal.
La teoría del eterno retorno parece haberse zampado los vaticinios de una victoria 'ad aeternam' del orden liberal.
Que Trump confirme una vez más que en el mundo rige la ley del más poderoso no constituye ninguna novedad.
En Venezuela nadie habla de democracia: el régimen de terror se perpetúa.
El petróleo asoma como telón de fondo, discreto y decisivo. La libertad, como promesa retórica.
Hemos convertido nuestra vida en el contenido que otras personas podrán descartar con un rápido movimiento del pulgar.
No hay nada más estimulante que un encuentro corporal, con mucho ruido e incluso contacto físico.
Hay que elogiar a los sujetos que se distancian con elegancia de los rituales navideños.
Enriquecerse de la soledad requiere del encuentro con otros que, como nosotros, han sido privados de su interioridad.
Para los frailes de la Escuela de Salamanca, la razón no era enemiga de la fe, sino su dialecto más fino.
Los que ya tenemos una edad podemos rememorar cuán poco importaba todo antes y qué escasa gravedad tenía lo que dijeras.
Nada ciega más que lo evidente. La luz, cuando abunda, favorece el descuido y la certeza absoluta.
La llamada «literatura femenina» se ha convertido en un parque temático emocional con tres o cuatro atracciones fijas.
Buena parte de la angustia que vive Europa se debe a una sensación extendida de soledad y de amenaza.
El abuso de poder no es una cuestión femenina ni masculina: es una quiebra del pacto social.
Morante no es solo un torero. Es un símbolo contracultural, un artista excéntrico, un personaje literario.
La modernidad no ha fracasado al no proporcionar un sentido a la vida, sino al no demostrar que la vida no lo tiene.
Quien vive demasiado tiempo sobresaltado termina, paradójicamente, por no inmutarse.
La elección del Dictionary.com de la «palabra del año» es la más llamativa: ha optado por '6-7'.
Los jóvenes que hoy manifiestan una inclinación autoritaria no añoran un dictador real, sino un ideal estético.
Cuando el ser humano no puede sostenerse psíquicamente con sus propias fuerzas, erige altares de fe con los despojos.
La cultura será el argumento de la película para los partidos políticos. Menos programa y más aura, en definitiva.
El horizonte que asoma no es orwelliano sino huxleyano: el resultado lógico de nuestra pobreza de trascendencia.
No hay crisis sin transformación, y quizá la más evidente es el regreso a las distintas formas de religiosidad.
Hay un corpus doctrinal que vertebra los cambios que creíamos esporádicos y reversibles de la ola neoreaccionaria.
Letizia se ha hecho reina como quien se hace a la mar en una tormenta. No ha tenido aliados. Pero ha navegado.
En el caso de Noelia, inquieta que la sociedad acepte que su situación casa bien con el deseo de morir.
El abismo que separa un aséptico protocolo recogido en el BOE y el dolor real, con rostro y ojos, siempre será infinito.
La eutanasia no enfrenta la vida y la muerte, enfrenta la voluntad individual y la tutela colectiva.
Quien no sabe ser hipócrita cuando toca, quien no sabe apartar una mirada o mentir o callarse es tan solo un troglodita.
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