Omar Linares
«Considero vital entrenarnos en la posibilidad de que la vida no tenga sentido para poder construir uno»
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COLABORA2026
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Afrontar una crisis existencial es algo agotador. Lo habitual en muchas ocasiones es acudir a un psicólogo para encontrar ayuda; sin embargo, existe la posibilidad del «asesoramiento filosófico», una especialidad indicada para crisis de mayor calado. Sobre este tipo de asesoramiento, Omar Linares, doctor en Filosofía y consultor ha escrito ‘La consulta del filósofo‘ (Temas de Hoy, 2026), un manual donde desentraña las claves a las que podemos asirnos cuando nuestro mundo parece venirse abajo.
¿Qué es exactamente el asesoramiento filosófico y en qué se diferencia de una consulta psicológica tradicional ante un drama personal o una crisis?
Yo creo que cada disciplina tiene una especificidad muy concreta y hay un momento para cada cosa. Existen momentos en la vida donde la psicología puede aportar muchísimo, pero hay otros donde lo que nos interpela tiene un carácter puramente filosófico. El asesoramiento filosófico es un proceso de autoconocimiento centrado en la comprensión profunda de la filosofía personal con la que nos movemos, pensamos y sentimos. Todos tenemos una forma de comprender la vida y, desde este enfoque, tratamos de entender el malestar vital para conectar con su sentido, buscando una relación más armónica con la realidad mediante la limpieza de prejuicios. Aunque comparte con la psicología el formato de consulta individual y la duración de las sesiones, la diferencia fundamental es el enfoque. La psicología suele tener un carácter más conductual, cognitivo o clínico. Por ejemplo, ante la pérdida de un ser querido, un psicólogo ayuda a transitar las etapas del duelo; sin embargo, una vez hecho ese trabajo, la persona puede empezar a reflexionar sobre su propia mortalidad o finitud. Es ahí donde el asesoramiento filosófico ofrece un espacio propicio para ver la muerte no como un obstáculo, sino como el acicate para una vida bien vivida.
En el libro reivindica el valor del diálogo interior y la honestidad con uno mismo. Parece algo sencillo, pero ¿por qué nos resulta una tarea tan complicada?
Por supuesto que es complicado porque el autoconocimiento exige una deconstrucción brutal. Nuestra cosmovisión se asienta en los primeros años de vida de forma totalmente acrítica: mimetizamos el entorno, imitamos a nuestros padres y consumimos ideologías de profesores y familiares sin análisis alguno. Esas estructuras fundamentan cómo interpretamos lo que nos ocurre y dónde reside nuestro valor. Necesitamos una crítica profunda para liberarnos de errores que generan dolor y para reconquistar nuestra propia vida. Como nos invitaba Sócrates, si no realizamos ese examen para una vida bien vivida, al final nuestra vida no nos pertenece y nos convertimos en autómatas.
«Como nos invitaba Sócrates, si no realizamos ese examen para una vida bien vivida, al final nos convertimos en autómatas»
Habla de un «temor metafísico» a cuestionar nuestra existencia. ¿Por qué nos da tanto miedo mirar al abismo?
Tengo la sensación de que, en realidad, tememos la respuesta. No nos atrevemos a preguntar porque hay un pesimismo metafísico latente. Parece que solo bajo ciertas condiciones (si existe Dios, el más allá o la reencarnación) la vida merece la pena. Esto convierte a la espiritualidad en algo puramente paliativo. Yo defiendo que la clave para preguntar por la vida es la ausencia de miedo. Debemos entender que, sea cual sea la respuesta —ya sea la obra de Dios o una casualidad material—, con cualquiera de ellas podemos tener una vida plena. Si no temo la respuesta, soy libre de buscar mi propia verdad. De lo contrario, caemos en el autoengaño y en metafísicas prefabricadas por miedo a una profundidad que damos por hecho que nos va a abrumar.
¿Seríamos más capaces de afrontar estas dudas si recibiéramos formación en reflexión desde el colegio?
Sería maravilloso tener herramientas cuando brotan las cuestiones existenciales, pero creo que es más importante todavía que dejen de enseñarnos a pensar mal. Nuestra cultura tiene una obsesión por introducir el pensamiento religioso en etapas muy tempranas, lo cual atrofia el pensamiento al imponer una concepción metafísica determinada, una idea de Dios temerosa y una moral impuesta. Esto hace que cualquier pregunta radical sobre la realidad se asocie al ámbito religioso. Cuando los adultos dejan atrás la religión, suelen despreciar también estas preguntas filosóficas que van mucho más allá. Necesitamos herramientas para pensar adecuadamente, pero sobre todo para desaprender todo lo que sobra que nos inocularon cuando no tocaba. Si la madurez de una persona le lleva a lo metafísico, ahí deben estar las herramientas, pero no debe ser la religión la que se imponga desde la infancia para asegurar su «chiringuito».
«Una persona quizá no necesita saber cuál es el sentido de la vida, pero sí necesita poder limpiar esa pregunta y sostenerla sin miedo»
Al atravesar una crisis existencial, ¿el objetivo es encontrar un nuevo axioma metafísico sobre el que construir la vida?
Fíjate que no creo que sea tanto encontrar un axioma nuevo como ser capaces de purgar aquel que ha caducado y que ya no explica nuestra realidad. Uno supera una crisis cuando deja de tener la vida que estaba rechazando. No se trata de encontrar la «Verdad», con mayúscula, sino de reconocer la falsedad y librarse de ella. Una persona quizá no necesita saber cuál es el sentido de la vida, pero sí necesita poder limpiar esa pregunta y sostenerla sin miedo. Superar la crisis tiene más de liberación que de enunciación de nuevas verdades.
Hoy proliferan mucho las escuelas clásicas, especialmente el estoicismo. ¿Están ahí todas las claves o hay espacio para la innovación?
Los clásicos fueron los primeros en poner la ética y el problema del sufrimiento en el centro del pensar filosófico, entendiendo la filosofía como un arte de vivir. Es un lugar de referencia indiscutible, pero nuestra época plantea cuestiones propias que debemos pensar. Me duele especialmente lo que ocurre con el estoicismo en nuestros días. En redes sociales se habla de todo menos de estoicismo: se habla de neoliberalismo, de autoexplotación y de estar muy fuerte físicamente, pero no hay un cuestionamiento filosófico profundo. Es el sistema fagocitando una herramienta de rebeldía para ponerla a su servicio. Hay un paso muy peligroso entre la divulgación y la vulgarización.
«En redes sociales se habla de todo menos de estoicismo: se habla de neoliberalismo, de autoexplotación y de estar muy fuerte físicamente»
El libro tiene muchas frases impactantes pero me quedo con «es la lucha contra la vida la que nos lleva a la ansiedad y la depresión, no su supuesta falta de sentido». ¿Tan mala es nuestra relación con la vida actual?
Exacto. No es el sinsentido lo que nos agota, sino la mala relación con la existencia. Vivimos en un entorno capitalista de corte neoliberal centrado en la multitarea, la autoexplotación y la sobreestimulación. Esto genera una crisis de atención que es ansiógena en sí misma y nos convierte en buscadores de gratificación instantánea, al nivel de niños pequeños. La mala relación con la vida es una cuestión filosófica, pero también requiere un cambio de hábitos cotidiano y pragmático.
¿Es posible una vida plena en este entorno digitalizado o son incompatibles?
Se puede y se debe, porque nuestra sociedad es digital. El problema es que los instrumentos que usamos no han sido pensados para nuestro autocuidado, sino para ganar terreno a nuestra atención e incluso al sueño. Están diseñados para generar adicción. Cualquiera puede notar cómo mira el teléfono por un impulso compulsivo que habla más de ansiedad y de evitación del vacío que de una necesidad real. Si no compensamos esto con una «dietética» o restricción consciente basada en el autoconocimiento, la tecnología nos comerá terreno siempre.
«Parece que Dios está de moda, pero no es un evento de espiritualidad real, sino una huida frente al vacío»
¿Podemos decir que, como sociedad, estamos atravesando una crisis de cosmovisión similar a la individual?
Es un fenómeno interesantísimo. Hemos vivido la «muerte de Dios» o la caída de los grandes relatos que antes daban sentido, como ser ciudadano de Atenas o pertenecer a una religión. Ahora parece que estamos en mitad de una crisis existencial colectiva sin tener conciencia de ella, lo cual es lo peor que puede pasar. Habitamos los «últimos días de las civilizaciones» y ese sentimiento nos impide pensar en el mundo del mañana y construir una nueva comprensión de la vida entre todos.
Menciona el declive de la religiosidad, pero vemos un resurgir de movimientos espirituales muy emotivos. ¿Cómo lo interpreta?
Parece que Dios está de moda, pero para mí no es un evento de espiritualidad real, sino una huida frente al vacío. En estos eventos masivos para jóvenes no hay teología ni reflexión; es emoción pura y vacía. Se aprovecha a una juventud en crisis profunda de valores y precariedad para darles una versión superficial de lo religioso que les sirve de cobijo temporal. Es una espiritualidad paliativa que se desinflará. Lo interesante sería darles herramientas para que puedan habitar su propio vacío y construir algo sólido.
«Estamos en mitad de una crisis existencial colectiva sin tener conciencia de ella»
Sorprende su reivindicación del nihilismo. ¿Cómo puede el vacío ayudarnos a dar sentido a la vida?
El nihilismo para mí no es un punto de llegada, sino una vacuna. Considero vital entrenarnos en la posibilidad de que la vida no tenga sentido para poder construir uno que sea verdadero. Si no nos reconciliamos con la idea del vacío o de la muerte sin nada más allá, nuestras búsquedas siempre serán temerosas y caeremos en «fes vacías» que solo elegimos porque nos calman. Cuando eres capaz de sentirte pleno en una realidad sin sentido, haciendo de tu vida una obra de arte y disfrutando del amor, ya no necesitas que la vida tenga sentido o que exista un Dios. Ese es el momento adecuado para, si sientes una llamada superior, explorarla desde la autenticidad y no desde el autoengaño.
En su libro es muy crítico con el «si quieres puedes» y el wishful thinking. ¿Es la ideología más nociva de nuestra época?
Es peligrosa por el uso social y económico que se le da. Se están espiritualizando problemas estructurales para individualizarlos. Si no tienes lo necesario para vivir, te dicen que es porque no «manifiestas» bien al universo, y así te olvidas de unirte a tu vecino para reclamar una vivienda o mejoras laborales. Es el neoliberalismo llevado al plano espiritual: tienes al universo a tu servicio si sabes darle órdenes. Esto aísla a las personas y es una trampa corrupta que utiliza la idea de «liberación» para encarcelar a la gente en su propia cueva.
Para terminar, ¿hay algún perfil más vulnerable a estas crisis o es algo transversal?
Es totalmente transversal. En mi agenda tengo personas de 20 años y de 70 años; millonarios y camareros; hombres y mujeres de España y Latinoamérica. Esto nos recuerda que, más allá del dinero o el origen, todos enfrentamos lo mismo: el deseo de comprender quiénes somos y cómo construir una vida con sentido. La filosofía tiene esa capacidad de nutrir y dar conciencia. A veces basta con una lectura o una reflexión para que alguien decida dar un paso atrás y reconquistar un espacio de su vida.
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