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Clean Industrial Deal

Industria, energía limpia y soberanía: el pacto que necesitaba Europa

Europa se encuentra ante un punto de inflexión. En un contexto geopolítico cada vez más complejo, con desafíos comerciales, energéticos, climáticos y tecnológicos, la necesidad de redefinir la política industrial es más urgente que nunca. Y en el centro de esa transformación se encuentra la energía. 

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07
agosto
2025

El Clean Industrial Deal, aprobado recientemente por la Comisión Europea, no debe entenderse como una simple hoja de ruta climática, sino como una apuesta estratégica para recuperar competitividad frente a potencias como Estados Unidos y China, alcanzar la autonomía energética y asegurar la resiliencia económica del continente. El reciente informe de EY sobre la materia refuerza esta visión, destacando que la descarbonización no es un freno para la industria, sino una palanca para la competitividad. Numerosos países ya han demostrado que es posible reducir emisiones mientras se incrementa el PIB.

Las claves del nuevo modelo industrial europeo pasan por tres grandes transformaciones: innovación, descarbonización y seguridad económica. Estas prioridades, también recogidas en el informe Draghi, se traducen en medidas concretas que apuntan a un despliegue masivo de energías renovables, una profunda electrificación de la industria, la inversión en infraestructuras de red y el desarrollo de tecnologías limpias para los procesos industriales no susceptibles de electrificación.

Uno de los grandes desafíos identificados por EY es la descarbonización del calor industrial, que representa casi el 50% del consumo energético del sector. Gran parte de este calor se genera hoy con gas natural, lo que deja a la industria europea expuesta a shocks externos y a mayores emisiones de CO2. Sin embargo, las medidas recomendables para cada industria son muy diferentes en función de las temperaturas de sus procesos productivos. Es preciso segmentar los diferentes procesos industriales que utilizan ese calor para hacer un buen diagnóstico y proponer las soluciones específicas adecuadas.

Determinados procesos de temperatura inferior a 500ºC presentan el mayor potencial de descarbonización a corto plazo a través de la electrificación, ya que es una tecnología madura (calderas eléctricas con almacenamiento térmico, por ejemplo). Por su parte, los procesos industriales de alta temperatura (>500ºC) requieren un desarrollo tecnológico adicional, por lo que deben apoyarse en la innovación y la investigación. Finalmente, los sectores más expuestos a presiones competitivas internacionales a corto plazo, necesarios para asegurar la resiliencia de la economía europea, deberían recibir un apoyo directo.

Se podría electrificar más del 50% de la demanda energética de calor industrial de menos de 500ºC con una inversión de 50.000 millones de euros

En el corto plazo, se estima que se podría electrificar más del 50% de la demanda energética para calor industrial de menos de 500 ºC con una inversión de unos 50.000 millones de euros. Este importe representaría el 6,5% del monto previsto en el informe Draghi. En consecuencia, dedicando el 20% de los fondos anuales de las subastas de derechos de emisión de CO₂ en la Unión Europea (ETS), estimados en unos 44.000 millones de euros, se podría financiar este monto en 6 años. La creación de un banco de descarbonización industrial con 100.000 millones de euros, como recoge el Clean Industrial Deal, es un paso clave para cubrir esa brecha de financiación.

Pero la transición no será homogénea. Como señala EY, no todas las industrias son iguales. Es imprescindible aplicar un enfoque sectorial, analizando los procesos específicos de cada actividad: desde la alimentación hasta la química, pasando por el acero, el papel o los minerales. La segmentación permitirá identificar qué sectores están listos para electrificar procesos y cuáles necesitan de otras tecnologías, que requieren apoyo público y mayor madurez tecnológica.

Reindustrializar Europa a través de la energía limpia significa generar empleo de calidad, reducir vulnerabilidades estructurales y liderar el desarrollo tecnológico global, por lo que la política industrial del futuro se construirá sobre la descarbonización, la autonomía estratégica y la innovación. Apostar por este modelo no es un lujo ni una utopía climática, es una decisión urgente y necesaria para reposicionar a la UE en el mapa competitivo mundial.


Marta Sánchez es socia responsable del Sector Energía de EY España y Antonio Hernández es socio responsable de Sectores Regulados y Análisis Económico en EY Consulting.

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