Historia de las colonias de Madrid
En 1911, la Ley de Casas Baratas permitió que en la capital española surgiesen colonias de viviendas que dieron cabida a un nutrido grupo de trabajadores y sus familias. Hoy, muchas de ellas permanecen en pie y sorprenden por la belleza de su diseño urbanístico.
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A principios del siglo XX, la ciudad de Madrid comenzó a quedarse pequeña debido al súbito incremento de población. Miles de personas llegaban a la capital española en busca de un puesto de trabajo que les permitiese, a ellos y a sus familias, vivir con dignidad. Pero la ciudad no contaba con la capacidad habitacional suficiente para muchos de estos nuevos vecinos. En un intento de solucionar el problema, el gobierno del liberal José Canalejas promulgó en 1911 la primera Ley de Casas Baratas.
El paquete legislativo incluía no solo la construcción de viviendas en terrenos de bajo coste, sino también una serie de medidas sociales destinadas a facilitar la vida de la clase obrera y, de paso, evitar los conflictos que esta podía generar. Los cientos de viviendas construidas por esta ley se aglutinaron en diferentes colonias, muchas de las cuales se mantienen en pie hoy en día.
Tras la promulgación de esta normativa, comenzaron a extenderse las que se dieron en denominar Colonias Históricas Obreras. En su gran mayoría, estas colonias agruparon cada una de ellas a trabajadores de determinados gremios. Así, surgió la Colonia de la Prensa, la de los Carteros, la de los Ferroviarios o la del Pico del Pañuelo, entre otras muchas.
Las colonias se agrupaban por gremios: surgió la Colonia de la Prensa, la de los Ferroviarios…
Algunas de estas colonias fueron diseñadas siguiendo el modelo británico de ciudad jardín compuesto por viviendas unifamiliares en dos alturas y con un pequeño patio en su parte delantera. La primera que rompió con este diseño fue la del Pico del Pañuelo. Fue construida por una cooperativa, en este caso la que conformaban los trabajadores del matadero municipal. Ideada como un conjunto de bloques de viviendas, concretamente 1585, que permitiese dar alojamiento a más familias, aún hoy sorprende su diseño y sus cuidados elementos ornamentales.
Otra colonia, que llegó a alcanzar las 116 viviendas unifamiliares, fue tal vez la primera en nacer de una cooperativa, concretamente la que conformaron los afiliados a la Casa del Pueblo madrileña. La Casa del Pueblo es el nombre que se dio a las sedes políticas del PSOE antes de que estallase la Guerra Civil. La citada colonia de viviendas es aún conocida como «La Obrera» o «La Socialista» y aún resiste en pie en un rincón del distrito de Chamartín.
Otros trabajadores que decidieron, en 1919, constituir una cooperativa fueron los de la línea ferroviaria Madrid-Zaragoza-Alicante, que más tarde se convertiría en lo que ya conocemos por RENFE. El Hogar del Ferroviario, en el distrito de Moratalaz, construido entre 1923 y 1927, cuenta con 51 viviendas unifamiliares de uno o dos pisos que seguían las corrientes urbanísticas europeas de la época, cada una de ellas con jardín propio y rodeadas todas de zonas verdes.
La mayoría de colonias que surgieron al amparo de la Ley de casas Baratas sigue las líneas urbanísticas de las ciudades jardín europeas
La belleza modernista del pórtico de acceso a la Colonia de la Prensa luce hoy gracias al empeño de un grupo de profesionales del periodismo conocidos como «Los Cincuenta». Si bien su construcción fue iniciada antes de haberse promulgado la Ley de Casas Baratas, las exenciones fiscales que esta regló ayudó mucho a que se erigieran sus 40 recoletos chalés en un área rodeada por más de 300 acacias que proporcionan calma y frescor al conjunto.
En el popular barrio de San Blas aún se mantiene en pie Ciudad Pegaso, que tomó el nombre del camión más vendido por la empresa estatal de vehículos ENASA. La compañía edificó este gran complejo para poder alquilar las viviendas a sus trabajadores y hoy es un barrio en sí mismo en el que se alternan las viviendas unifamiliares que ocupaban los ingenieros y los bloques de pisos que pasaron a habitar trabajadores de menor rango profesional.
Otro pequeño oasis urbano, basado en las ciudades jardín británicas, es el de la Colonia Cruz del Rayo. Impulsado por la Cooperativa de Funcionaros del Estado, sus calles son un derroche de sosiego ampliamente arbolado en que dan cabida tanto a viviendas unifamiliares como pequeños bloques de viviendas, todos ellos rodeados por jardines privados o zonas verdes comunales.
No muy lejos, en otra de esas zonas hoy consideradas privilegiadas de Madrid, se erigió la Colonia del Viso. 242 viviendas unifamiliares cuyo diseño siguió las líneas racionalistas postuladas por el arquitecto checo Adolf Loos, que opuso a los excesos del modernismo la sencillez, la funcionalidad y la carencia de ornamentos. Pensadas en su inicio para que ser habitadas por obreros y funcionarios, fueron siendo ocupadas, con el paso de los años, por profesionales de clase alta y es, a día de hoy, uno de los lugares más exclusivos de la capital.
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