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¿De dónde viene el nombre de las ciudades?

Geográfico, antroponímico o de sustrato… repasamos el origen etimológico, a menudo disputado, del nombre de algunas ciudades.

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22
julio
2026

Puede que el nombre de tu ciudad se deba a algún accidente geográfico, el nombre de un santo o la reinterpretación de un topónimo anterior. También es posible que la historia que conoces sea un mito popular o una mera conjetura. En Vigo, por ejemplo, se dice que el nombre proviene de vicus la palabra latina para designar una aldea. No es un origen muy sofisticado, pero teniendo en cuenta que durante la época romana había lugares mucho más grandes alrededor, suena plausible. Pero si buscamos pruebas fehacientes, tenemos que conformarnos con decir que es una hipótesis de fiabilidad media, sin verificación documental. Y es que si hablamos del origen etimológico de las ciudades conocidas, uno de los principales problemas es que no todos tienen el mismo nivel de certeza.

Los de mayor fiabilidad son los que están documentados en textos escritos antiguos, que registran la toponimia en distintas épocas. Pero en la mayoría de los casos la etimología se reconstruye por comparación, aplicando patrones regulares, donde hay bastante margen de error e interpretación. Por último, hay casos en los que la explicación que circula no tiene ningún respaldo lingüístico, pero se repite porque resulta atractiva. Es lo que ocurre por ejemplo con Barcelona. Se dice que el nombre actual proviene de la evolución del topónimo romano Barcino. Y también se atribuye su denominación al general cartaginés Amílcar Barca, padre de Aníbal: la hipótesis con más recorrido entre los especialistas apunta más bien a Barkeno, un topónimo de origen ibérico cuyo significado concreto, posiblemente ligado a una actividad naval o portuaria, sigue siendo objeto de debate.

Por regla general, el nombre de la mayoría de las ciudades remite a elementos geográficos y de paisaje, personas (ya sean fundadores, gobernantes o figuras religiosas), eventos históricos, elementos construidos o pueblos anteriores. En España, el nombre suele mezclar raíces romanas, árabes, celtas e ibéricas, mientras que en Latinoamérica se combinan nombres indígenas preexistentes con nombres religiosos católicos impuestos por los colonizadores. Además, en todo el mundo, la mayoría de las grandes ciudades no tienen un origen único, sino capas superpuestas.

Sevilla es un ejemplo de superposición lingüística a lo largo de los siglos. Se cree que, antes de la llegada del Imperio romano, el asentamiento original tartesio podrías haberse llamado Hisbaal o Spal, posiblemente relacionado con el dios fenicio Baal o con un término local para designar una llanura baja. Los romanos latinizaron esa base previa, dando lugar a Hispalis, denominación que se mantuvo estable durante toda la época romana y visigoda. Con la conquista musulmana, los árabes adaptaron la palabra a su propia lengua, que carece del fonema «p», transformándola en Ishbīliya. Finalmente, tras la reconquista cristiana de 1248, se volvió a adaptar ese nombre árabe a la fonética del castellano, llegando a la forma actual Sevilla.

En España, el nombre suele mezclar raíces romanas, árabes, celtas e ibéricas

Madrid se explica, según la teoría más aceptada, a partir del topónimo árabe Mayrit, que significa arroyo matriz o fuente de agua. Se refiere a la abundancia de manantiales subterráneos y arroyos en el lugar, nombre que se le habría dado cuando fue fundada como una fortaleza militar y núcleo urbano por el emir Mohamed I alrededor del año 865.

Cádiz procede, con bastante consenso entre los especialistas, del término fenicio Gadir que significa fortaleza o recinto amurallado, ya que se trataba de un asentamiento de carácter comercial, pero también defensivo, fundado hace más de 3.000 años.

México deriva del náhuatl Mēxihco, que designaba originalmente a la capital del Imperio azteca, la actual Ciudad de México, y que solo después se extendió para nombrar al país entero. Sobre su significado exacto no hay unanimidad: la explicación más difundida lo vincula a Mēxitli, uno de los nombres del dios tribal Huitzilopochtli, de forma que la ciudad sería «el lugar de Mēxitli». Otra hipótesis, igualmente citada, lo traduce como «en el ombligo de la luna», en alusión a la posición del asentamiento original en mitad del lago Texcoco, cuya forma recordaba a un astro lunar.

Montevideo reúne varias teorías en competencia directa: una es la que dice que al llegar un marinero portugués dijo algo como «monte vide eu» (monte vi yo). Otra parecida (y quizá la más aceptada) sostiene que su origen está en una anotación cartográfica, «Monte VI de Este a Oeste», que era como los navegantes portugueses numeraban los montes vistos desde el mar en sus cartas náuticas.

Chicago procede de la palabra indígena potawatomi/miami «shikaakwa», que los exploradores franceses tradujeron como «cebolla olorosa» o «ajo silvestre», y que hacía referencia a los grandes campos de puerros, cebollas y ajos que crecían naturalmente junto al río Chicago, antes de que se fundara la ciudad.

Toronto se remonta a la palabra mohawk «tkaronto» («donde los árboles se alzan sobre las aguas»), referido a una técnica de pesca con estacas. Es interesante porque este topónimo describe una práctica cultural concreta, algo menos habitual que las referencias puramente geográficas.

Estambul proviene, según la hipótesis con más aceptación, de la expresión coloquial en griego medieval «eis ten polin», que significa, literalmente «a la ciudad». Para los griegos locales, Constantinopla era la metrópolis por excelencia, por lo que se referían a ella simplemente como «la ciudad». Cuando los turcos otomanos conquistaron el territorio, adoptaron esta expresión popular griega y la adaptaron fonéticamente con el tiempo hasta consolidar el nombre İstanbul, que se oficializó en 1930.

Reikiavik se traduce del nórdico antiguo «reykja-vik» como «bahía humeante». Este topónimo, documentado en las sagas medievales islandesas, habría sido otorgado de forma descriptiva por el primer colono vikingo Ingólfur Arnarson, al llegar a la zona en el año 874 y ver los vapores que emergían de las fuentes termales locales.

Por su parte, Casablanca debe su denominación a una pequeña casa blanca situada sobre la colina de Anfa. Los marineros portugueses que costeaban este lugar lo llamaron, por lo tanto «a casa branca», y los españoles lo asumieron como «Casa blanca», topónimo que pasó a la mayoría de los idiomas.

Como bonus track un topónimo poco documentado y bastante mitificado, pero que es un ejemplo de tradición oral como fuente etimológica: Tombuctú. Esta ciudad maliense tendría su origen en la leyenda de una mujer llamada Buktu (en la lengua tuareg «tin» significa pozo y Buktú es un nombre de mujer). Un recordatorio de que, cuando indagamos en el origen de una ciudad, a menudo las fronteras entre certeza y leyenda se desdibujan.

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