TENDENCIAS

Boa Mistura

«El arte urbano es un diálogo directo con el mundo»

¿QUIERES COLABORAR CON ETHIC?

Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).

COLABORA
12
marzo
2026


El colectivo artístico Boa Mistura lleva dos décadas firmando algunas de las intervenciones más reconocibles del arte urbano contemporáneo, siempre desde una lógica que rehúye el protagonismo individual. Nacido en Madrid a finales de los noventa, Boa Mistura ha construido una trayectoria internacional basada en la palabra, el color y el trabajo en comunidad. Frente a la estandarización de las metrópolis, Boa Mistura reivindica el barrio como refugio, la comunidad como motor creativo y el arte como lugar de encuentro. Con la palabra como herramienta y el color como lenguaje, este colectivo madrileño ha hecho del arte urbano una herramienta política de unión. En esta conversación, Pablo Purón nos sumerge en una trayectoria marcada por la renuncia al ego en favor del ‘nosotros’, explorando cómo la creación compartida puede devolverle el alma a nuestras ciudades.


Desde sus inicios, Boa Mistura ha trabajado siempre desde lo colectivo: un grupo que firma como uno solo y que concibe el proceso creativo como un ejercicio compartido. En un mundo que a menudo ensalza la autoría individual, ¿qué significa hoy crear desde el «nosotros»? ¿Cómo se sostiene en el tiempo un proyecto artístico basado en la colaboración real?

En nuestro caso concreto, creo que se sostiene en una amistad y en una confianza. Empezamos pintando graffiti, y fue la amistad lo que hizo que empezáramos a trabajar de una manera más colectiva. Los cinco miembros de Boa Mistura somos del mismo barrio, de Alameda de Osuna, y a finales de los 90 o principios de los 2000, pintamos juntos nuestro primer mural. Entonces encontramos en ese acto de pintar juntos una manera de relacionarnos a nivel humano que nos enganchó, y empezamos a pensar en espacios más reposados donde pasar más tiempo juntos. Nos colábamos en fábricas de nuestro barrio o en solares, donde pasábamos un sábado completo pintando solo por el hecho de pasar tiempo juntos. Esto se convirtió en una constante hasta que, cuando terminamos de estudiar, decidimos comprobar si nuestro hobby podía convertirse en una forma de ganarnos la vida. Creo que, a día de hoy, ninguno sabría crear sin el apoyo de los compañeros.

Vuestros proyectos suelen desarrollarse en espacios públicos y parten del diálogo con las comunidades que los habitan. Antes de intervenir un lugar, escucháis, observáis y convivís con quienes lo transitan a diario. ¿Qué papel juega esa escucha previa en el resultado final de vuestras obras?

Para nosotros, entender el lugar, escucharlo y saber cómo es donde vamos a trabajar tiene importancia capital. Desde el momento que nosotros comprendemos que el trabajar en el espacio público afecta y realmente impacta en las personas que van a convivir con la obra, empezamos a sentir la necesidad de vincular nuestro trabajo y de relacionarlo con ese lugar. Es muy diferente cuando tú trabajas en un estudio, porque lo que está en la calle queda en la calle. Por ello, el primer paso de cualquier proyecto es entender el lugar. Para ello nos apoyamos en agentes locales, de las propias personas que viven en el sitio, para entenderlo a través de sus ojos.

«Al relacionarte con los territorios a través del arte, comprendes que este es transversal y universal»

En muchas de vuestras intervenciones aparece la idea de encuentro: personas que no se conocían colaboran, participan o se reconocen en un mismo espacio. ¿Hasta qué punto el objetivo del proyecto es la obra final y hasta qué punto lo es el proceso comunitario que se genera alrededor?

El proceso, en nuestro caso, no sé si tiene más importancia que la obra, pero sí la misma. La obra en sí es el resultado de un proceso. Al final, un artista tiene un recorrido entre lo que siente dentro y cómo lo plasma en un soporte. En el caso de nuestro trabajo en la calle, en el momento que lo empiezas a entender como una pieza que está en un lugar y que puede tener cierto impacto en la comunidad, se empieza a generar un recorrido mucho más largo, porque ya no es tu idea que la plasmas en un soporte, sino que partes del lugar, entendiéndolo, y eso ya genera una conexión con las personas. Siempre que se puede, intentamos involucrar de forma activa también a los vecinos y a las vecinas de los territorios en la ejecución de la obra o en la toma de decisiones a la hora de elegir entre una o dos propuestas. Todo eso genera un recorrido que es muy largo, y que, por lo tanto, convierte el proceso en un porcentaje muy importante de la obra.

Habéis trabajado en barrios, pueblos y ciudades de todo el mundo, con realidades sociales muy distintas. ¿Qué elementos comunes encontráis en las comunidades con las que colaboráis? ¿Existen necesidades o deseos compartidos más allá de las diferencias culturales?

Hay algo que es muy interesante de relacionarte con los territorios a través del arte, y es que comprendes que el arte es transversal y universal. Es un puente al final. Ya no es que hayamos trabajado en realidades y contextos diferentes de diferentes ciudades, países o territorios, es que dentro de una misma ciudad hemos trabajado con realidades muy diferentes. Y así, a través de un proyecto artístico, se han conectado esas realidades. Creo que eso es una característica muy fuerte que tiene el arte, concretamente el arte urbano: que es un diálogo directo con todo el mundo y mantiene vivos los espacios públicos.

Frente a la fragmentación social y la polarización, vuestra obra propone vínculos, palabras compartidas y espacios de cuidado colectivo. ¿Creéis que el arte puede funcionar como una herramienta para recomponer lazos sociales deteriorados?

El arte funciona para muchas cosas: para generar puntos de encuentro, para poner el dedo y señalar algo que no está funcionando… Nuestro trabajo, al final, lo que va haciendo es ir dando respuesta. Nosotros como personas intentamos dar respuesta a las cosas que nos pasan a través del arte, que es la única manera en la que hemos sabido relacionarnos entre nosotros y con el mundo. Entonces, también este trabajo creo que ha ido evolucionando en función de lo que nos va ocurriendo a nosotros como personas, como colectivo, como sociedad, como mundo.

«Mientras vivamos en lugares con espacios comunes y compartidos tenemos la responsabilidad de mantenerlos vivos»

Mantener un proyecto colectivo a largo plazo también implica cuidados internos. ¿Qué estrategias habéis desarrollado para sostener el grupo humana y creativamente?

La clave para mantenernos unidos ha sido siempre el respeto y la confianza que hemos tenido los unos en los otros. Nuestro trabajo al final tiene un componente muy fuerte de discusión y de debate. Todo el rato existe. Pero siempre lo hemos enfocado desde el respeto y desde el saber que nada de lo que se está discutiendo y nada de lo que se está hablando se lleva a lo personal. Es todo en favor del proyecto del que se está hablando y siempre en favor de lo colectivo. 

Mirando hacia el futuro, ¿qué retos creéis que enfrentan las prácticas colaborativas en el arte contemporáneo? ¿Qué habría que proteger o repensar?

Es verdad que la creación comunitaria y, de hecho, lo comunitario en general está en riesgo. Creo que cada vez el mundo mira más hacia adentro, hacia lo individual, hacia lo privado. Incluso el espacio público cada vez es un lugar que importa menos. También es verdad que cada vez se vive menos en el mundo tangible y más en el digital. Y lo digital está bien, porque es una herramienta que nos ayuda también a crecer, pero no se debería perder el foco del lugar que habitamos, que es el mundo palpable. Uno de los retos es ese: es mantener el equilibrio.

Obviamente las tecnologías están ahí para servir y para ayudar, pero una cosa no debería sustituir a la otra. El lugar en el que vivimos es este, el que se puede tocar, el que se puede oler, el que se puede ver. Y ese es en el que hay que hacer las cosas y en el que hay que trabajar. Y eso lleva a lo colectivo también. El espacio público al final siempre va a ser el lugar que nos va a conectar a todos. Mientras vivamos en ciudades, mientras vivamos en lugares con espacios comunes y compartidos…  Tenemos la responsabilidad de mantenerlos vivos.

ARTÍCULOS RELACIONADOS
Ethic

El poder de un equipo

Ramón Oliver

La investigadora del CSIC Margarita del Val y el jugador de baloncesto Daniel Stix conversan sobre trabajo en equipo.

Escucha

Michel Faber

Usamos la música constantemente. Socializamos, hacemos ejercicio, nos relajamos y nos aislamos del ruido con ella.

COMENTARIOS

SUSCRÍBETE A NUESTRA NEWSLETTER

Suscríbete a nuestro boletín semanal y recibe en tu email nuestras novedades, noticias y entrevistas

SUSCRIBIRME