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El origen del arte

Grabados geométricos, uso de pigmentos, representación pictórica… A lo largo de los siglos, la humanidad se ha servido del arte para comprender el mundo y situarse en él. Pero ¿en qué momento el ser humano dio el salto cognitivo y trascendió hacia el pensamiento abstracto?

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09
marzo
2026

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Se dice que cuando Pablo Picasso vio por primera vez las paredes de la Cueva de Lascaux quedó tan impresionado con el arte rupestre que declaró: «Ellos ya lo han inventado todo». Ese ellos se refería a los humanos prehistóricos que habitaron el suroeste de Francia en la Edad de Piedra, hace más de 17.000 años. Cientos de pinturas y grabados de caballos, ciervos y bisontes corren por las cuevas del valle de Vézère en lo que se ha llamado «la Capilla Sixtina de la prehistoria».

Asimismo, los bisontes policromados de la Cueva de Altamira, pintados hace más de 14.000 años, revelan el dominio del movimiento y el relieve. Y más antigua aún es la Cueva de Chauvet, con imágenes de leones y rinocerontes, datada de hace alrededor 36.000 años. La expresividad de los dibujos es la prueba de que el arte primitivo también tenía un significado ritual, con una complejidad que muestra una sensibilidad estética avanzada. En La cueva de los sueños olvidados, el cineasta Werner Herzog afirma que Chauvet alberga la primera experiencia cinematográfica de la humanidad.

Pero, aunque ciertamente icónico, investigaciones arqueológicas demuestran que el origen del arte se remonta más allá del rupestre. Esculturas, joyas e instrumentos musicales encontrados en distintos puntos del globo revelan un sentido estético complejo entre los primeros humanos del Paleolítico. El ejemplo más temprano de arte figurativo fue descubierto en la isla indonesia de Célebes Meridional, pintado hace más de 50.000 años. Por su parte, la llamada Venus de Willendorf señala que el arte paleolítico no se limitaba a las paredes de las cavernas. Tallada en piedra caliza, esta figura femenina de hace unos 25.000 o 27.000 años demuestra que lo estético también podía verse en esculturas transportables u objetos personales.

Además, con el paso al Neolítico —con la llegada de la sedentarización por la revolución que supuso la agricultura—, aparecen objetos más grandes, como las esculturas de culto, los objetos de cerámica y la composición monumental. El arte se vuelve una forma de cohesión social, además de un medio para comprender el mundo y situarse en él.

Sin embargo, el asunto va aún más lejos. A comienzos del siglo XX, una excavación minera en la provincia sudafricana de Limpopo llevó al descubrimiento del canto de Makapansgat o canto de la Caras, una piedra de jaspe de 260 gramos que refleja dos rostros. Los investigadores concluyeron que las marcas en la piedra, datada de hace aproximadamente 3 millones de años, fueron hechas por el Australopithecus africanus, uno de los primeros homínidos que habitó el continente africano hace entre dos y cuatro millones de años.

El surgimiento del arte está relacionado con nuestra capacidad de imaginar lo que no está presente

Como cuenta el neurocientífico Mario de la Piedra Walker en Mentes geniales. Cómo funciona el cerebro de los artistas, «el canto de Makapansgat podría ser la evidencia más arcaica de la existencia de un sentido estético en el linaje de los homínidos». El objeto de jaspe, según el antropólogo Robert Bednarik, es el testimonio de cómo empezó a gestarse entre los homínidos un comportamiento mucho más complejo que el de los primates.

Desde la perspectiva neurocientífica, la creación de objetos artísticos ayudó al salto cognitivo que permitió la aparición del pensamiento abstracto. Así, el surgimiento del arte está relacionado con nuestra capacidad de imaginar lo que no está presente, de proyectar imágenes para compartirlas con otros.

Porque el arte, desde sus comienzos, no solo fue una forma de lenguaje simbólico. Marcó también la llegada de la ficción. Como en el dibujo de Célebes Meridional, en el que figuras humanoides cazan a un cerdo salvaje, el arte ayudó al advenimiento de nuestros primeros relatos.

A través de lo artístico, compartimos representaciones culturales e imaginarios. De esta manera, se construye entonces una identidad colectiva, especialmente útil cuando se trata de la supervivencia (la caza), pero también para la formación de una cosmogonía y el fortalecimiento del relato mágico-religioso.

El arte no surgió de una simple invención azarosa. Históricamente, ha sido una techné necesaria para narrarnos a nosotros mismos y a nuestro lugar en el mundo. En palabras de De la Piedra Walker: «La música, el arte y el lenguaje constituyen los pilares del mito de nuestra singularidad». Por eso no se exagera al decir que el arte es inherente a lo humano.

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