Volver a las raíces
Colaborar con el vecino y encontrar en él un aliado y no un oponente es una lección que los pueblos nunca han olvidado, pese a los grandes desafíos de las últimas décadas. Ese es el primer paso hacia una nueva forma de entender el mundo, donde el otro es, sencillamente, el pilar con el que construir una auténtica alianza.
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¿Cuál fue el primer signo de la civilización? No fue una herramienta ni un cultivo, ni siquiera la aparición de la palabra escrita: según la antropóloga Margaret Mead, fue un fémur roto, y después curado. Frente a la fría selección natural que domina la supervivencia de otros animales, nosotros los humanos decidimos que cuidar y ayudar no solo era posible, sino necesario para avanzar. Así, el lema «no dejar a nadie atrás», tan difundido en la actualidad, se convirtió en el mantra de los primeros humanos, y sobre él se construyó la civilización.
Sin embargo, en un mundo como el de hoy, en el que los cambios son tantos que, como algunos dicen, no estamos en una época de cambios sino en un cambio de época, parece que hemos perdido precisamente esa cualidad que nos hizo humanos en primera instancia: la idea de colaboración y comunidad.
Pensadores como Byung-Chul Han o Gilles Lipovetsky han hablado de la sociedad del hiperindividualismo, en la que los fenómenos de masas y una conectividad nunca antes experimentada conviven, de manera paradójica, con existencias totalmente aisladas y ajenas a la comunidad. Parecemos haber olvidado que las personas, así como las sociedades, solo progresamos de la mano del otro, algo que se hace especialmente patente ante retos colectivos como la transición energética o la preservación de la estabilidad geopolítica.
Parecemos haber olvidado que las personas, así como las sociedades, solo progresamos de la mano del otro
¿Cuál es la solución? El anclaje al territorio y a las comunidades rurales, donde la colaboración ha seguido siendo una piedra angular de la supervivencia, puede ayudarnos a recuperar la raíz esencial. Colaborar con el vecino y encontrar en él un aliado y no un oponente es una lección que los pueblos nunca han olvidado, pese a los grandes desafíos de las últimas décadas. Ese es el primer paso hacia una nueva forma de entender el mundo, donde el otro es, sencillamente, el pilar con el que construir una auténtica alianza.
En las comunidades rurales, la colaboración ha seguido siendo una piedra angular de la supervivencia
Y como herramienta básica contra la infoxicación, la polarización y la intolerancia, tenemos el diálogo. Del griego día («a través») y logos («palabra» o «pensamiento»), la etimología del término nos habla de una palabra que se atraviesa, que viaja. El diálogo, la conversación pausada y libre, es la única base para la comunidad y la cooperación, dos conceptos fundamentales ante la era del hiperindividualismo. Pero, eso sí: un diálogo que cuide la libertad y los límites del otro, con el respeto y la generosidad como bases irrenunciables.
Así nos lo demuestran las voces de este especial, que, desde perspectivas tan diferentes como la ciencia, el deporte, la música o la filosofía, confirman que la unión es nuestra mayor fortaleza. A través de reportajes, diálogos, tribunas y entrevistas, y siguiendo siempre la filosofía humanista que caracteriza al equipo de Ethic, tratamos de buscar la respuesta a por qué y cómo se ha debilitado el sentido de la colaboración y, en especial, cómo podemos recuperarlo para mejorar nuestro camino.
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