TENDENCIAS

La foto del mundo rural en datos

Los pequeños pueblos ya no solo pierden población, también la atraen. Aunque los retos no son pocos, este cambio de tendencia refleja que el medio rural sigue vivo y mira al futuro.

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12
marzo
2026

Durante décadas, el medio rural español estuvo marcado por una pérdida constante de población. Desde los años cincuenta, la industrialización, la mecanización del campo y la concentración de oportunidades en las ciudades impulsaron un éxodo sostenido, al que se sumaron el envejecimiento y un saldo vegetativo negativo en muchos municipios pequeños.

El resultado es un profundo desequilibrio territorial: alrededor del 85% de la población española se concentra en apenas el 16% del territorio, mientras que el resto del país, mayoritariamente rural, acoge a poco más del 15% de la población. Esta situación no es exclusiva de España. En buena parte de Europa, mientras que las ciudades siguen creciendo, la población disminuye en las regiones rurales. Este proceso ha tenido un impacto directo en varias generaciones de jóvenes, para quienes crecer en un pueblo ha significado asumir que su futuro estaba fuera.

Pero los datos recientes reflejan un cambio de tendencia. Por séptimo año consecutivo, la población del medio rural ha crecido. Según el MITECO, el 79% de los 6.832 municipios españoles con menos de 5.000 habitantes registrados en 2018 presenta un saldo migratorio positivo y la población neta de estos municipios ha aumentado en 163.027 habitantes. Este crecimiento se extiende a la mayoría de las comunidades autónomas, aunque Asturias, Castilla y León, Extremadura y Galicia continúan perdiendo población rural.

La población extranjera ha tenido un papel relevante, pero su peso sigue siendo menor que en el conjunto del país: representa el 10,2% de la población rural frente al 14,1% nacional. En total, durante los últimos siete años, han llegado 447.667 personas a municipios de menos de 5.000 habitantes, de las cuales alrededor del 40% procedía de otros municipios españoles.

La población del medio rural ha crecido por séptimo año consecutivo

Esta evolución ha ido acompañada de cambios positivos en el empleo. Entre 2021 y 2023, la población ocupada de estos territorios aumentó un 4,9%, gracias, sobre todo, al crecimiento del número del empleo femenino (+6,4%).

Transformaciones y retos

El V Estudio sobre la percepción de los avances en la España rural propone dejar atrás etiquetas negativas asociadas al medio rural y observar el territorio desde otra perspectiva: la de una «España rural viva» que resiste, se reorganiza y reclama reconocimiento. «Hay movimientos internos que detecta esta encuesta que nos permiten albergar la esperanza», asegura Manuel Campo Vidal, periodista y director de la Cátedra Estrella Galicia Desarrollo Rural de Next Educación, responsable del informe elaborado con la Fundación AXA.

Basado en una encuesta a 605 voces del medio rural, tanto individuales como colectivas, este estudio dibuja una realidad compleja y analiza la evolución del territorio desde 2019, año en el que tuvo lugar una movilización histórica del medio rural en la que participaron cerca de un centenar de colectivos para exigir igualdad y equilibrio territorial. Desde entonces, más del 52% de las personas consultadas identifica avances, de los cuales un 41% los considera mínimos y un 11% percibe una mejora clara. Frente a ello, un 26% señala que la situación sigue igual y casi un 22% afirma que ha empeorado.

El estudio muestra un amplio consenso: atraer y retener a la juventud rural depende, ante todo, de empleo y vivienda. Más de ocho de cada diez personas encuestadas señalan estos factores como condición imprescindible para que la gente joven pueda construir un proyecto de vida en el territorio. También los servicios básicos que actúan como anclajes sociales: casi un 78% considera que los bares son esenciales no solo como actividad económica, sino también como espacios de encuentro y cohesión social. Los bares (53,2%) y las farmacias (48,8%) son percibidos como las empresas o instituciones más firmes en el territorio, seguidos por la Guardia Civil, Correos y las estaciones de servicio.

Entre los principales avances percibidos, un 56% de las personas encuestadas señala la mayor presencia mediática de la situación, seguida de un aumento de la conciencia social (46,3%). La creación de la Secretaría General del Reto Demográfico también se valora como un paso en la buena dirección, pero casi el 63% identifica la descoordinación entre Administraciones como el principal freno para la recuperación
del medio rural. A ello se suman otros obstáculos: lentitud burocrática, falta de financiación, escasez de proyectos emprendedores, falta de vivienda y dificultades de acceso a internet. Estas barreras afectan de forma especialmente intensa al relevo generacional, tanto
en el sector agrario como en otros ámbitos económicos esenciales para el futuro rural.

En este contexto, el aumento de la visibilidad y la concienciación no se traduce en un mayor reconocimiento social. Más del 92% considera que la España urbana no  reconoce suficientemente el trabajo de quienes viven y trabajan en el medio rural. «El mundo rural cree mayoritariamente que su trabajo no es reconocido», apunta Campo Vidal. Necesitamos acortar distancias que no son solo físicas, sino también culturales y simbólicas, marcadas por estereotipos y prejuicios.

Hacia un futuro verde e igualitario

La realidad desmiente muchos de esos tópicos sobre el medio rural, no solo por el potencial de sus recursos naturales y de las personas que los habitan, sino por todo lo que ya están contribuyendo al bienestar económico y social de todo el país. Según los datos del MITECO, las cinco comunidades con más municipios pequeños —Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Aragón y Andalucía— concentran el 73% de la superficie agraria útil de España. Este peso territorial se refleja en su relevancia económica: el sector agrario representa cerca del 2,5% del PIB español, según datos del INE, y el sector primario emplea al 3,6% de la población activa, según la EPA. La importancia de la agricultura y la ganadería va más allá del sector primario, ya que funciona como motor económico con efectos en cadena sobre otras industrias, desde la maquinaria y la logística hasta los servicios técnicos. Este papel estratégico se extiende también al ámbito energético. Según Deloitte, en 2024 el 56% de la energía eléctrica generada en España procedió de fuentes renovables, y el 84% de esa producción se localizó en zonas rurales, lo que equivale a casi la mitad de la electricidad total del país. Además, en España se generan cada año más de 5,5 millones de toneladas de residuos agropecuarios y vegetales, aprovechables para distintos usos como combustible o biomasa. Gracias a esta disponibilidad de materia orgánica, el 80% del potencial de producción de biometano se concentra en zonas rurales, según estimaciones de McKinsey & Company.

En 2024, las zonas rurales generaron el 84% de la electricidad renovable de España, equivalente a casi la mitad de la electricidad total del país

Todo ello refuerza el papel del sector primario como eje estructural del medio rural, no solo por su impacto en el empleo directo y en la economía local, sino por su capacidad para generar nuevas oportunidades vinculadas a la transición ecológica. Estos sectores emergentes abren una ventana de oportunidad para el empleo joven cualificado, siempre que se acompañen de formación, participación local y beneficios que reviertan en el territorio.

Retener el saber: el reto del talento femenino en el pueblo

Para que el potencial del territorio se aproveche plenamente, es imprescindible que las mujeres puedan construir un proyecto vital sólido en el medio rural. Según Marta Pastora Fernández Bustamante, investigadora del Grupo Interdisciplinar de Estudios Rurales y Urbanos de la Universidad de Málaga, hay tres razones que pueden explicar por qué las mujeres en mayor proporción con respecto a los hombres deciden emigrar de las zonas rurales a las ciudades: la imposición de las tareas de cuidados hacia otros familiares, la masculinización del sector primario y la falta de acceso a la titularidad de las explotaciones. El resultado es una emigración «selectiva»: se marchan las mujeres jóvenes, movidas «por la sobrecualificación que caracteriza a la población joven en general». Ante esta realidad, Carmen Quintanilla, presidenta de Afammer (Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural), resume qué necesitan las mujeres jóvenes para quedarse en sus pueblos: «Oportunidades reales. El empleo es la base de la igualdad y de los derechos humanos. Cuando una mujer tiene empleo, decide sobre su vida». Las mujeres reclaman «igualdad de condiciones para desarrollar su proyecto de vida sin renunciar a sus raíces».

Para que el potencial del territorio se aproveche plenamente, es imprescindible que las mujeres puedan construir un proyecto vital sólido en el medio rural

Es un derecho básico y, al mismo tiempo, una condición esencial para que el medio rural tenga futuro. Cuando el territorio ofrece oportunidades reales, puede retener talento y generar progreso. De ese equilibrio entre innovación y raíces depende que el medio rural sea un lugar donde es posible construir un proyecto de vida: porque el reto demográfico ya no es solo una cifra de pérdida, sino una oportunidad de redescubrimiento.

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