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Agricultura 4.0 y el papel de la tecnología en el relevo generacional

La agricultura ha abrazado la revolución tecnológica, incorporando desde IA hasta drones. La gran pregunta es si esto será clave también para asegurar el recambio generacional del sector.

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17
febrero
2026

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Si hubiese que quedarse con dos palabras clave para consensuar la apuesta de la agricultura para su futuro, serían «regenerativa» y «digitalización». La agricultura regenerativa es aquella que no solo busca la productividad del cultivo, sino que además quiere proteger el suelo y los ecosistemas. La digitalización, por su parte, integra toda clave de herramientas tecnológicas en el trabajo agrícola. Es la también llamada agricultura 4.0.

La agricultura 4.0 suma inteligencia artificial, internet de las cosas (IoT) o drones, entre otras muchas herramientas, para gestionar los cultivos, adelantarse a los potenciales problemas o explorar nuevas oportunidades. También, de hecho, se le conoce como agricultura de precisión, al permitir trabajar de forma más ajustada y con un mayor control sobre todas las ramificaciones del trabajo. Por ejemplo, es mucho más fácil comprender qué gasto de agua se tiene, dónde están las fugas y cómo se pueden reducir los litros necesarios para el riego gracias a estas herramientas.

El retorno de este tipo de propuestas es muy interesante. Un estudio de Stratesys apunta que los proyectos de agricultura de precisión logran mejoras de hasta un 35% en costes y eficiencia. El rendimiento sube hasta el 25% y los tiempos operativos caen entre un 20 y un 40%. Incluso, las mejoras van más allá del trabajo específico en el campo, ya que con modelos de análisis de datos y previsión se consigue una mejora del 30% en la planificación, logrando una mayor eficiencia en gestión de stocks y distribución. Al ganar en trazabilidad, también se consigue un seguimiento óptimo de la huella de carbono.

«El futuro del sector agro será digital», insistía José Luis Molina, CEO de Hispatec, en Expo AgriTech 2025. En este congreso,  se concluyó que el dato es «el principal aliado para una agricultura más competitiva, eficiente y conectada al consumidor».

Todas estas cuestiones parecen una palanca bastante clara para afrontar algunos de los retos fundamentales a los que se enfrenta el sector agrícola, como pueden ser el estrés hídrico, la eficiencia de cultivos o la mejora en la planificación. La gran cuestión es si esta agricultura 4.0 tendrá también un eco positivo para otra de las luchas críticas del campo: la del relevo generacional.

Uno de los grandes problemas del sector agrícola es el recambio: igual que el mundo rural pierde a su población más joven, la agricultura se encuentra con una fuerza de trabajo envejecida. Según el Censo Agrario del Instituto Nacional de Estadística, solo el 4% de los jefes de explotaciones agrarias de España tiene menos de 35 años, como explica Newtral. El 67% supera los 55 años. Y una parte importante está ya en edad de jubilación: dos de cada cinco titulares de explotaciones han cruzado ya la barrera de los 65 años.

Solo el 4% de los jefes de explotaciones agrarias de España tiene menos de 35 años

Igualmente, este es un problema que se reparte por todas las comunidades autónomas. Galicia o la Comunidad Valenciana presentan los peores datos, pero todas se enfrentan al mismo problema de un campo envejecido. También ocurre algo similar a nivel europeo. España es uno de los cuatro países con un mayor envejecimiento de su población activa agrícola, como recoge Maldita, pero no está sola en la encrucijada.

El problema del relevo generacional no es solo un lastre para las explotaciones agrícolas que querrían seguir operando y que no pueden hacerlo, sino que lo es en general para el sector primario (donde ahonda su crisis) y para las zonas rurales (que ven cómo crece en paralelo su despoblación). A la larga, el impacto lo notará toda la sociedad, al crecer los retos en el cuidado de la tierra (y la probabilidad de incendios forestales), pero también al aumentar los riesgos en la seguridad alimentaria.

La gran cuestión es cómo se puede captar a la juventud para la agricultura. La respuesta es compleja y llena de matices. Se han puesto ya en marcha programas de cesión de tierras para atraer jóvenes y apuntalar un relevo generacional, pero no están siendo suficientes. En cierto modo, los análisis dicen que habría que repensar el campo y, sobre todo, apostar por nuevos modelos como la agricultura 4.0 o la regenerativa.

Según una investigación del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) y CaixaBank Dualiza, la juventud responde cuando se vincula el trabajo rural con la sostenibilidad, la innovación y el medio ambiente. Así, uno de cada tres jóvenes encuestados «muestra interés por áreas como la protección de recursos naturales, el bienestar animal y la optimización de procesos productivos». La muestra fue transversal, abordando la visión que tienen los jóvenes entre 16 y 35 años de zonas de población y ocupaciones diversas, aunque se incluyó una sobremuestra rural para entender cómo fijar población. Un 57% de los encuestados defiende incluso que estaría «dispuesto a trabajar en el entorno rural si las condiciones laborales fueran similares a las urbanas».

En cierto modo, ese trabajo ya se ha empezado a hacer. «En general, los agricultores menores de 40 años tienden a apostar por modelos productivos que quizá sean más innovadores, intensivos en conocimiento y con mayor potencial de rentabilidad», le dicen a Maldita la doctora en Ingeniería Agrónoma Rosa Gallardo Cobos y el profesor de Economía Agraria Pedro Sánchez Zamora, expertos de la Universidad de Córdoba.

A la postre, la pregunta es: ¿lograrán a la larga mejorar ese recambio generacional? Algunos oficios ya cuentan con casos de éxito en los que la tecnología o las técnicas innovadoras fueron claves para evitar su desaparición.

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