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De la azada al dron: el futuro de la agricultura regenerativa

Cada vez hay menos tierra fértil en el mundo. Y todo apunta a que, si no apostamos por otro tipo de agricultura más sostenible y respetuosa con el medio ambiente, dentro de 50 años no habrá superficie arable suficiente para alimentar a una población mundial en crecimiento.

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agricultura regenerativa

Hoy en día, el 20% de toda la tierra en España está degradada, y el 75% podría estarlo en los próximos años, según estima el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). En otras palabras, actualmente contamos con una superficie del tamaño de Andalucía que no es útil para cultivar prácticamente nada. Esta situación se debe a que el campo está llegando a tal nivel de agotamiento que, si no tomamos cartas en el asunto, podría convertirse en una amenaza a largo plazo para la agricultura y la alimentación.

Otro problema identificado, según los representantes del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos Castilla y León (COIACLC) de España, es la falta de ingenieros agrónomos en el mercado laboral. En la Universidad de Zaragoza cursan el máster veinte personas y otras veinte en la Universidad Pública de Navarra; una cifra insuficiente para cubrir la enorme demanda de las empresas. Para el 25% de las ofertas no hay, ni siquiera, candidatos. Esta escasez de ingenieros agrónomos en España está poniendo en riesgo el avance de la economía sostenible y la bioeconomía circular.

Afortunadamente, ya hay en marcha sistemas innovadores que se encargan de proteger la tierra. Un claro ejemplo de ello es la agricultura regenerativa, que vela no solo por la seguridad alimentaria, sino por un futuro sostenible. Su aplicación consiste en rehabilitar los microorganismos subterráneos que ayudan a las plantas a crecer sanas, ya que sin ellos las raíces tienen mucha más dificultad para absorber los nutrientes.

De esta forma, cuando prevenimos la degradación del suelo, los ciclos de riego se vuelven más eficientes y los fertilizantes agresivos dejan de ser necesarios. Esto se traduce en un ahorro considerable de agua y de reducción de emisiones de carbono, respectivamente.

Pese a las ventajas de la agricultura regenerativa, el reto ahora es averiguar quién mantendrá estas prácticas sostenibles dentro de unos años, teniendo en cuenta que el sector agrario es de los más envejecidos en España. De hecho, de toda la tierra del país, menos del 5% está gestionada por menores de 35 años, según el último estudio del Ministerio de Agricultura. ¿Es posible entonces que la agricultura regenerativa impulse la regeneración del sector?

Menos del 5% de la tierra de nuestro país está gestionada por menores de 35 años

Desde la perspectiva económica y social ya no es suficiente con proteger el medio ambiente; debemos construir nuevos modelos de producción en los que haya una coordinación total entre la naturaleza y las personas para que la conservación de la primera impulse las oportunidades de las segundas.

Detrás de esta idea hay grandes empresas trabajando por hacerla realidad, como Unilever, que lleva diez años invirtiendo en agricultura sostenible y colaborando con sus proveedores por una buena praxis. Ahora, para continuar con su compromiso ético, la multinacional ha puesto en marcha, junto con su gran marca de alimentación Knorr, cincuenta nuevos proyectos de agricultura regenerativa por todo el mundo.

Esta iniciativa abre las puertas a nuevas oportunidades laborales en un sector que, debido a la tecnificación y automatización, cada vez requiere menos profesionales de tractor y azada, pero a más capaces de desarrollar drones, robots e inteligencia artificial.

De hecho, de los cincuenta proyectos de Knorr, uno de ellos se lleva a cabo en Extremadura, e incluye datos por satélite y sensores digitales remotos con el fin de reducir un 30% el consumo de agua y emisiones de efecto invernadero. Esta es una muestra de la inevitable unión entre tecnología y medio ambiente, que bajo las órdenes de la agricultura regenerativa pretende incentivar a los jóvenes a contribuir con el sector primario. Además, gracias a la digitalización se prevé que también se generen puestos de trabajo lejos de los campos de drones; en este caso, relacionados con el almacenamiento, el procesamiento, la logística, la restauración y otros servicios que facilitarán el relevo generacional.

Estos proyectos muestran que es posible trabajar el campo con azada, pero también con drones. Una transformación tecnológica que promete atraer a las nuevas generaciones, que están cada vez más concienciadas sobre la necesidad de encontrar nuevos métodos de producción más sostenibles.

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