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La era de la bancarrota hídrica

La ONU advierte de que el planeta ha llegado al límite en el uso del agua. Se pierden humedales, se secan lagos y se avanza hacia un punto crítico.

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09
marzo
2026

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Ante el tren de borrascas que protagonizaron este invierno, parece paradójico que la situación hídrica global sea precaria. Sin embargo, en el estudio Global Water Bankrupcy, Naciones Unidas ha anunciado que hemos entrado en la era de la bancarrota hídrica. Como señalan en sus conclusiones, la bancarrota hídrica «se define como un estado de fracaso post-crisis persistente». «El uso a largo plazo del agua y la contaminación han excedido la renovación y los límites de vaciado seguros», advierten. El sistema hídrico «no puede volver de forma realista a los niveles anteriores».

Las fuentes expertas destacan cómo la ONU ha usado el término bancarrota para definir la situación. Como le explica al SMC España Antonio Collados Lara, científico titular del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), «introducir un símil económico para hablar de agua incide en la necesidad de darle valor, ya que es un recurso fundamental para la vida en nuestro planeta».

Pero ¿de qué se habla exactamente cuando se habla de bancarrota hídrica? El primer punto clave que destaca el informe es que los términos previos se han quedado obsoletos. El estrés hídrico o la crisis del agua no logran capturar el alcance completo de la situación, ya que muchas zonas no podrán recuperarse, otras están en valores críticos y la calidad del agua se ha degradado tanto que hace que reutilizarla sea complicado.

De hecho, la cantidad de personas que viven en zonas con problemas serios de agua es ya abrumadora. Según la ONU, el 75% de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura. Unos 2.000 millones de personas habitan en terrenos que se están hundiendo por la sobreexplotación de sus acuíferos, otros 3.500 millones en zonas en las que el agua no cumple estándares sanitarios y otros 4.000 en regiones en las que al menos un mes cada año afrontan escasez severa de agua.

El 75% de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura

Lo que viven estas personas está muy conectado con lo que les sucede a las masas hídricas. El informe alerta de que la mitad de los grandes lagos se están secando y que los humedales están en una profunda crisis. En los últimos 50 años, se han perdido 410 millones de hectáreas de humedales: el equivalente en tamaño a la Unión Europea al completo. También han desaparecido 177 millones de hectáreas de marismas y similares, el equivalente a siete veces el tamaño de Reino Unido. El informe estima que, así, se ha evaporado un valor económico equivalente a 5,1 billones de dólares.

Mientras esto sucede, también han aumentado las sequías. Y, como recuerda el informe, su impacto económico es arrollador: cada año le cuestan al planeta unos 307.000 millones de dólares.

Las pérdidas de agua y la complicada situación en la que se encuentran los recursos hídricos tienen mucho que ver con la actividad de los seres humanos. Ahora mismo, el 70% del consumo de agua dulce se va a la agricultura. En todo el planeta, se dedica el equivalente al terreno de Francia, España, Alemania e Italia combinados a cultivos irrigados.

En los últimos 50 años, se han perdido 410 millones de hectáreas de humedales

La ONU insiste en que se ha llegado ya al límite de lo que es seguro y que, si se sigue así, se seguirá viviendo más allá de su medida hidrológica. «Muchas regiones han vivido muy por encima de sus posibilidades hidrológicas», afirma Kaveh Madani, autor principal del informe. «Es como tener una cuenta bancaria a la que se le extrae dinero cada día sin que entre un solo depósito. El saldo ya es negativo», sintetiza.

¿Está llegando el planeta así a un punto de no retorno? «Localmente hay muchos puntos de no retorno, porque hay estructuras hidrológicas que, si se destruyen, difícilmente se pueden recomponer», apunta Jordi Catalán, profesor de investigación del CSIC en el CREAF. Otras podrían «en tiempos razonables». El problema, apunta, es que el planeta está estrechamente interconectado. La cuestión va mucho más allá de lo local. «El informe es claro al señalar que no todos los sistemas están ‘en bancarrota’, pero sí lo suficiente como para que el riesgo sea global y sistémico», suma Ana Allende, profesora de investigación del CSIC.

«En Europa, aunque tradicionalmente se perciba como una región menos vulnerable, los problemas son evidentes», recuerda Allende, citando la degradación de ríos y humedales, la pérdida de calidad del agua, la sobreexplotación o las cada vez más frecuentes sequías prolongadas. «No es un punto caliente clásico, pero sufre una bancarrota silenciosa», explica Leticia Baena Ruiz, investigadora en el departamento de Aguas y Cambio Global del Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC), al SMC España. «La diferencia es que aquí la infraestructura y la gobernanza amortiguan los impactos visibles. Pero el balance sigue siendo negativo en muchos de sus sistemas», añade.

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