El «teatro épico» de Bertolt Brecht
Con su concepción de lo que él mismo denominó «teatro épico», el alemán Bertold Brecht revolucionó la forma y el fondo de la puesta en escena naturalista y abrió nuevos senderos a la dramaturgia que aún continúan siendo recorridos.
Artículo
Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).
COLABORA2026
Artículo
«¿Quién es un criminal mayor? ¿El que roba un banco o el que funda uno?», se pregunta Macheath, ladrón profesional, mejor conocido en los bajos fondos londinenses como Mackie el Navaja, en La ópera de los tres centavos, obra teatral que le valdría a Bertold Brecht (1898-1956) el mayor de los reconocimientos. Con música de Kurt Weill (1900-1950) y texto del propio Brecht, La ópera de los tres centavos se convirtió en epítome de las ideas políticas y los planteamientos teatrales del dramaturgo y poeta alemán.
Nacido en Augsburgo, de padre católico y madre protestante, Brecht vivió una infancia marcada por el estudio de la Biblia y los clásicos literarios alemanes. Pero desde muy joven comenzó a rehuir la disciplina y buscar nuevos senderos en que desarrollar su potencial creativo. Comenzó a estudiar Medicina, pero tuvo que abandonar la formación universitaria, durante la Primera Guerra Mundial, para realizar el servicio militar ejerciendo como médico. Su proximidad a los dramas de la guerra fue revulsiva para su carrera literaria, y a los 18 años estrena Baal, su primera obra teatral. A partir de entonces entra en contacto con diversos artistas de las vanguardias y comienza a ejercer el periodismo mientras sigue dando forma a nuevas obras dramáticas.
Establecido en Berlín, a la edad de 20 años, su círculo de amistades se expande, incluyendo a numerosos jóvenes que, como él, se vieron fuertemente influenciados por la revolución rusa. Ya en Baal, Brecht muestra decididamente sus ideas anticapitalistas, y en años posteriores, si bien no militó en las filas de ningún partido, reivindicó el pensamiento marxista.
Brecht mostraba en sus obras sus ideas anticapitalistas, y reivindicaba el pensamiento marxista
Cuando, en 1933 Hitler es nombrado canciller, comienza el acoso y persecución de todo aquel que se proclamase comunista. En plena representación de la obra de Brecht Toma de medidas, la policía irrumpe en el teatro deteniendo la función y acusando a los organizadores de delito de alta traición. Fue el detonante para que el autor, junto a su esposa y sus dos hijos, abandonase Alemania y se exiliase, durante cinco años, en Dinamarca.
Pero antes había tenido tiempo para sacudir los cimientos del teatro tradicional tanto a nivel estético como de pensamiento, convirtiéndolo en una herramienta de reflexión política y social. «Un espejo que se rompe», así definió Brecht su idea del teatro. No una representación en la que el espectador pueda sentirse cómodo mediante ciertas identificaciones emocionales con los personajes que actúan en escena, sino una imagen del propio espectador que logre despertarle una reflexión crítica. El teatro como propósito de cambio social y político, fuertemente influenciado, en este aspecto, por el marxismo que tan a fondo estudió el autor.
Para lograr dichos objetivos, Brecht rompió, también, con las convenciones estéticas de la época e inauguró lo que él mismo llamó «teatro épico». Esta nueva forma de puesta en escena buscaba que el espectador fuese en todo momento consciente de la realidad representada. Para ello empleó el denominado «efecto de distanciamiento» que, a efectos de evitar la identificación emocional del público con los personajes, utilizaba los elementos teatrales para que los eventos que se sucedían en escena fuesen contemplados como un fenómeno social que provocase una reflexión profunda.
Para lograr dicho «distanciamiento» los actores gesticulaban en exceso y exageraban sus movimientos, la narrativa se veía rota por la irrupción disonante de música y canciones y las escenas seguían una estructura no lineal que permitía disponerlas de forma desordenada.
Durante su período berlinés, Brecht pudo llevar a escena exitosamente sus postulados dramatúrgicos, defendiendo con ferocidad el ideario marxista del Partido Comunista de Alemania, en cuyas filas nunca militó oficialmente, en obras como Hombre es hombre. De hecho, las innovaciones puramente teatrales que introdujo en sus obras fueron en más de una ocasión rechazadas por los miembros del partido. Así, en Tambores en la noche, derrumba la cuarta pared, al final de la representación, para increpar al público recordándole que «esto no es más que teatro» y «que los verdaderos mataderos, los reales, están detrás».
En 1933, con Brecht ya exiliado en Suiza, los nazis quemaron varios de sus libros
Su concepción del «teatro épico» se extremó en obras como Línea de conducta y La excepción y la regla, hasta alcanzar su cénit con La ópera de los tres centavos, estrenada con inusitado éxito el 31 de agosto de 1928 en el Theater am Schiffbauerdamm, el más popular de Berlín. Dicha obra sigue suponiendo la más demoledora crítica marxista al capitalismo llevada a escena hasta la fecha. Igualmente, una de sus piezas musicales, «La balada de Mackie el Navaja», compuesta con orquestación cercana al jazz por Kurt Weill, pasaría a la historia y sería interpretada por artistas tan dispares como Louis Armstrong, Ella Fitzgerald, Frank Sinatra, Sting o Nick Cave. En el mundo hispano, Rubén Blades la homenajearía en 1978 con su «Pedro Navaja», un clásico desde entonces.
En 1933, con Brecht ya exiliado en Suiza, los nazis quemaron varios de sus libros, pero él siguió publicando obras teatrales en que dejaba a la vista las vergüenzas del capitalismo para provocar en el público la reflexión y no el puro entretenimiento que, hasta su llegada, se buscaba con las representaciones teatrales. Pasa varios años en EE.UU., de donde tiene que huir, en 1947, tras ser interrogado y acosado, debido a sus ideales políticos, por el Comité de Actividades Norteamericanas. No sería hasta comienzos de 1949 cuando Brecht se instala en Berlín Este, junto a su esposa y, también junto a ella, funda el Berliner Ensemble para seguir desplegando sobre las tablas todas las innovaciones desarrolladas en las numerosas obras escritas durante los años de exilio.
Bertold Brecht cambió no solo la forma de hacer teatro, sino el propósito final del mismo. Desde entonces numerosos autores modernos y contemporáneos han tomado su testigo para convertir este arte en vehículo de crítica política y herramienta para la transformación social.
COMENTARIOS