Stefan Zweig y la impaciencia del corazón
Entre las numerosas novelas del austríaco Stefan Zweig, ‘La impaciencia del corazón’ destaca por su análisis psicológico y emocional de las motivaciones que esconde la compasión.
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«Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal, el bien más preciado sobre la Tierra». Estas fueron algunas de las últimas palabras escritas por el literato austriaco Stefan Zweig (1881-1942). Poco después, él y su esposa, Charlotte Elisabeth Altmann (1908-1942), ingirieron una letal dosis de barbitúricos. Sus cuerpos sin vida fueron encontrados, abrazados, en la cama de su residencia en Petrópolis (Brasil).
Pacifista durante toda su vida, el escritor alcanzó un grado de desesperación absoluto ante el panorama de declive de Europa, a cuya vida sociocultural dedicó gran parte de su obra literaria, y el imparable ascenso del nazismo. En 1942, tras casi 9 años de exilio, él y su esposa decidieron suicidarse.
En 1939, año en que contrajo matrimonio con la mujer que le acompañaría hasta el final de sus días, Zweig publicó La impaciencia del corazón, traducida en numerosas ocasiones al español como La piedad peligrosa. En ella, el autor disecciona los mecanismos mentales y emocionales de quien se entrega a la compasión y sus consecuencias cuando esta no es genuina sino provocada por la obtención de un beneficio.
Partiendo de un argumento sencillo, Zweig introduce al lector en los vericuetos de los sentimientos que rigen los actos de sus personajes. En el periodo previo a la Primera Guerra Mundial, el joven teniente Anton Hofmiller acude como invitado al castillo de un magnate que vive con su hija Edith, enferma de parálisis crónica. Esta se enamora de Anton que, compadecido por su enfermedad, pero lo cual le impide corresponderla, oculta sus sentimientos a la joven pero comienza a darle esperanzas respecto a una pronta recuperación de su enfermedad y una feliz vida en común.
La compasión aparece cuando contemplamos a una persona que por cualquier causa, bien sea física, emocional o socioeconómica, se encuentra en un estado que le impide el pleno desarrollo. Esto le ocurre a Anton cuando conoce a Edith, pero Zweig, con su habitual capacidad de análisis psicológico, realiza un exhaustivo análisis del sentimiento.
Zweig analiza cómo ciertos sentimientos hacia el sufrimiento ajeno, en vez de paliarlo, pueden llegar a incrementarlo
¿Es pura la compasión que Anton siente hacia Edith? Antes del encuentro, Zweig expone la precariedad económica y social en que se encuentra el teniente. Motivo principal de que acuda al castillo, ilusionado por cómo eso puede afectar a la negativa percepción que tienen de él sus compañeros de cuartel. Igualmente ilusionado, pensando en las puertas que podría abrir a una nueva relevancia social y tal vez económica, una vez en el castillo, Anton invita a Edith a bailar. Es entonces cuando comprende que ella es paralítica y, avergonzado, abandona el castillo. Pero la vergüenza crece al asimilar que ha cometido un acto cobarde que solo puede propiciar que sus compañeros de cuartel redoblen las burlas.
Para excusarse, Anton envía un ramo de flores a Edith y esta le envía una carta invitándole a visitarla de nuevo. El drama ya está en marcha porque ella se siente atraída por un joven que, en realidad, no desea corresponderla sino mantener a flote su mermada economía y su pobre reconocimiento social. Zweig disecciona entonces la compasión, ese sentimiento a priori tan altruista. Anton va y viene hacia Edith, torturado a partes iguales por la lástima y el rechazo que le provocan su enfermedad. Pero, guiado por el ego, incrementa sus visitas al castillo y sus palabras y actos de cariño hacia la joven, ya irremediablemente enamorada.
¿Cuánto de verdadera abnegación habita en la compasión y cuánto de egoísmo? Para Zweig, la verdadera compasión no existe cuando busca la defensa de uno mismo contra el dolor ajeno, ya que en dicho caso el corazón se impacienta para liberarse lo antes posible de la amarga sensación. La verdadera compasión se revela cuando, con paciencia infinita, incluso mediante el propio sacrificio, una persona asume que por encima de todo está ayudar a quien sufre.
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