Cómo la red rehízo la idea de tribu
Internet ha globalizado y acelerado la creación de subculturas juveniles efímeras, más estéticas que ideológicas, que nacen y se transforman rápidamente en comunidades digitales globales.
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Internet ha multiplicado las posibilidades y lugares para encontrar gente afín. Un adolescente no tiene que viajar hasta los bosques de Irlanda para integrarse en un mundo de panes recién horneados, mermeladas, vestidos de flores y praderas verdes. Esa comunidad se llama cottagecore, que romantiza la vida rural autosuficiente y es una de los cientos de subculturas nacidas en la red.
Una subcultura es un grupo de personas dentro de una sociedad más amplia que comparte códigos propios: una estética, una manera de vestir, a veces un gusto musical, casi siempre un vocabulario interno. Por ejemplo, los mods, los rockeros, los punks, los góticos, los grunge, los raperos, los skaters, los emos. Algunos fueron absorbidos por el sistema y se convirtieron en inspiración para las grandes firmas de ropa, otros se esfumaron. La diferencia con las actuales es que aquellas estaban ancladas a una geografía concreta, ya fuese el Camden de los 70 o el Malasaña de los 80. Las nuevas viven en todo el mundo a la vez.
El cottagecore ganó tracción mundial durante la pandemia gracias a Tumblr, al videojuego Animal Crossing y al álbum Folklore de Taylor Swift. Hay muchas más. El dark academia idealiza una versión sombría de la vida universitaria de élite. Su libro fundacional es El secreto, la novela de la estadounidense Donna Tartt. Los therians son jóvenes que experimentan una identidad interior animal y se reúnen en comunidades de Discord, TikTok y Reddit, y de vez en cuando en persona; algunos practican quadrobics, ejercicios de locomoción a cuatro patas. Las tradwives reivindican el rol de esposa tradicional, la sumisión al marido y la maternidad como vocación.
A través de la red, las nuevas subculturas viven en todo el mundo a la vez
Las academias todavía no hacen registro de las nuevas subculturas, pero quien quiera hacerse una idea de la escala del fenómeno puede asomarse a la Aesthetics Wiki, una enciclopedia colaborativa que documenta cientos de estéticas online. Spotify lista ya más de cinco mil géneros musicales con el sufijo -core. En TikTok, el hashtag #darkacademia supera los 5.000 millones de visualizaciones. Cada cierto tiempo, un periódico anuncia una nueva tribu —el balletcore, el blokecore, el whimsigoth, el mob wife— y, antes de que se publique, hay ya una entrada de Wikipedia y una colección cápsula en marcha.
En los años 50 y 60, el Reino Unido vio aflorar tribus urbanas que la sociología tradicional no acertaba a interpretar. La Universidad de Birmingham fundó en 1964 el Centre for Contemporary Cultural Studies, conocido como la Escuela de Birmingham, para estudiar el fenómeno. Su tesis era que en la elección estética había un gesto político. Estos chavales resolvían en el plano simbólico las contradicciones que sus padres no podían resolver en el material: desempleo, descomposición de los barrios obreros, la sensación de no pertenecer ya a ningún sitio. Cada subcultura era una forma de resistencia escrita en el cuerpo.
Esa definición empezó a hacer aguas en cuanto la realidad dejó de coincidir con el modelo. Se criticó que Birmingham había construido su teoría casi solo con chicos blancos y obreros, y dejaba fuera a las mujeres y a las minorías. Además, a finales de los 80 y en los 90, las identidades juveniles dejaron de parecer estables o heredadas y se empezaron a cambiar como de chaqueta. Un mismo chaval podía ser raver el sábado, indie el lunes y skater el jueves. El sociólogo francés Michel Maffesoli bautizó esa nueva forma de agruparse como neotribus: comunidades efímeras unidas por afectos compartidos más que por ideología o por clase. La pertenencia se volvía elástica, estética, voluntaria: ya no había una sola «tribu madre» para toda la vida.
Internet llevó esa lógica al límite. En la red, sumarse a un grupo es cuestión de seguir un hashtag y abandonarlo. Un adolescente puede pasar hoy de la dark academia al cottagecore en cuestión de semanas sin que nadie en su entorno físico se entere. El mercado siempre incorpora el estilo subcultural y lo neutraliza, solo que ahora ocurre en semanas: Celine, Saint Laurent y Balenciaga colaron referencias al dark academia en sus colecciones de 2021, en el confinamiento el Animal Crossing se llenó de islas cottagecore. El corecore, viralizado en TikTok a finales de 2022, estaba hecho de clips inconexos con música melancólica cuya intención era señalar el absurdo de que existan estéticas.
Pero los péndulos giran de pronto. Hace décadas, cuando la cultura de masas amenazaba con diluir toda diferencia, fueron precisamente las subculturas las que devolvieron sentido a las comunidades juveniles, ancladas en un barrio, en un código de pertenencia. Es posible que el péndulo vuelva a girar y que un elemento cultural que todavía no sabemos nombrar rescate la idea de comunidad del ruido en que se ha disuelto.
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