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La historia de la ETA en cinco claves

Durante más de cincuenta años, España convivió con el terrorismo de ETA. Para quienes vivieron aquellos años, las noticias sobre atentados, coches bomba o asesinatos formaban parte de la actualidad. Sin embargo, para las generaciones más jóvenes, ETA es un acontecimiento histórico que conocen solo de forma fragmentaria. Sintetizamos, en cinco aspectos clave, la trayectoria de este grupo armado y su papel en la historia reciente de España.

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28
julio
2026

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Durante más de cincuenta años, España convivió con el terrorismo de ETA. Para quienes vivieron aquellos años, las noticias sobre atentados, coches bomba o asesinatos formaban parte de la actualidad. Sin embargo, para las generaciones más jóvenes, ETA es un acontecimiento histórico que conocen solo de forma fragmentaria. Sintetizamos, en cinco aspectos clave, la trayectoria de este grupo armado y su papel en la historia reciente de España.

Del nacionalismo a la lucha armada

ETA son las siglas de Euskadi Ta Askatasuna, expresión en euskera que significa «País Vasco y Libertad». La organización nació en 1959, en plena dictadura franquista, impulsada por un grupo de jóvenes nacionalistas que consideraban insuficiente la estrategia seguida hasta entonces por el nacionalismo vasco tradicional.

En sus primeros años, ETA se definía como un movimiento revolucionario que aspiraba a lograr la independencia del País Vasco y Navarra mediante la lucha armada. A la reivindicación nacionalista fue incorporando progresivamente una ideología marxista y revolucionaria, influida por los movimientos de liberación nacional que surgían en distintas partes del mundo durante los años sesenta.

La existencia de una dictadura facilitó inicialmente que algunos sectores vieran a ETA como un grupo de oposición al franquismo. Sin embargo, su evolución posterior demostraría que la organización no abandonaría la violencia con la llegada de la democracia.

La violencia como estrategia política

El primer asesinato atribuido a ETA se produjo en 1968. Desde entonces, la organización convirtió el terrorismo en su principal herramienta política.

El primer asesinato atribuido a ETA se produjo en 1968

Durante décadas llevó a cabo atentados con explosivos, asesinatos selectivos, secuestros y extorsiones económicas conocidas como «impuesto revolucionario». Sus objetivos fueron muy diversos: miembros de las fuerzas de seguridad, militares, jueces, políticos de diferentes partidos, empresarios, periodistas, profesores universitarios e incluso ciudadanos que simplemente se encontraban en el lugar y el momento equivocados.

Uno de los atentados más conocidos fue el asesinato del presidente del Gobierno, Luis Carrero Blanco, en 1973, mediante un potente coche bomba en Madrid. Años después llegarían ataques indiscriminados especialmente sangrientos, como el atentado contra la casa cuartel de Zaragoza en 1987, donde murieron once personas, entre ellas varios niños, o el atentado de Hipercor, en Barcelona, también en 1987, que causó veintiuna víctimas mortales.

Los años ochenta constituyeron el periodo más violento de la organización, con decenas de asesinatos cada año. Según el Ministerio del Interior, ETA fue responsable de más de 850 asesinatos, además de miles de heridos y decenas de secuestrados.

La democracia no acabó con ETA

La organización continuó actuando después de la muerte de Franco y de la aprobación de la Constitución de 1978, a pesar de que con la llegada de la democracia se habían reconocido amplias competencias de autogobierno para el País Vasco mediante el Estatuto de Gernika. Aun así, ETA mantuvo su actividad terrorista porque consideraba insuficientes esas medidas y seguía reclamando la independencia.

Durante esos años, la organización encontró apoyo en parte de la denominada izquierda abertzale radical, aunque también fue perdiendo respaldo social conforme aumentaban los atentados indiscriminados y la sociedad vasca comenzó a movilizarse de forma cada vez más contundente contra la violencia.

Historiadores como Gaizka Fernández Soldevilla, investigador del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, subrayan que uno de los grandes retos actuales consiste precisamente en explicar a las nuevas generaciones que ETA no luchó contra una dictadura durante la mayor parte de su existencia, sino contra un sistema democrático que ofrecía cauces políticos plenamente legales.

Las víctimas y el rechazo social cambiaron la historia

Si hay una clave imprescindible para entender la desaparición de ETA es el papel desempeñado por las víctimas y por la sociedad civil.

Durante muchos años, las víctimas sufrieron no solo las consecuencias físicas y psicológicas del terrorismo, sino también el aislamiento y, en algunos casos, el silencio de parte de su entorno. Poco a poco comenzaron a organizarse asociaciones que reclamaban memoria, justicia y reparación.

El asesinato del concejal del Partido Popular Miguel Ángel Blanco, en julio de 1997, supuso un punto de inflexión. Su secuestro y posterior asesinato provocaron movilizaciones multitudinarias en toda España y dieron origen al denominado «Espíritu de Ermua», símbolo del rechazo ciudadano al terrorismo.

El asesinato del concejal del Partido Popular Miguel Ángel Blanco supuso un punto de inflexión en el rechazo social al grupo

A partir de ese momento, el aislamiento social de ETA fue creciendo mientras aumentaba la cooperación policial entre España y Francia, fundamental para desarticular sucesivamente la dirección de la organización y detener a numerosos miembros.

El final de ETA y el valor de la memoria

En octubre de 2011, ETA anunció el cese definitivo de su actividad armada. Años después entregó parte de su arsenal y, finalmente, en mayo de 2018 comunicó oficialmente su disolución.

Su desaparición no cerró automáticamente todas las consecuencias del terrorismo. Permanecen abiertas numerosas investigaciones judiciales sobre atentados sin resolver y continúa el trabajo de reconocimiento, reparación y apoyo a las víctimas.

Hoy historiadores, sociólogos y especialistas en violencia política se esfuerzan no solo en reconstruir los hechos, sino también en comprender cómo pudo mantenerse durante tantos años una organización terrorista en una sociedad democrática.

La memoria ocupa un lugar central en ese esfuerzo. Instituciones como el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, por ejemplo, se dedican a investigar, conservar documentación y desarrollar programas educativos para explicar qué fue ETA y cuál fue el impacto del terrorismo en España.

Durante más de medio siglo miles de personas vivieron bajo amenazas y violencia, hasta que la sociedad española respondió finalmente con una defensa cada vez más firme de la democracia, el Estado de derecho y la convivencia. Esa es probablemente la principal lección que deja uno de los capítulos más complejos y dolorosos de la historia reciente de España.

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