La burbuja therian
Hasta hace unos meses, la mayor parte de la población no sabía ni que existían. Ahora, sin embargo, los therians se han convertido en material para el pánico moral. ¿Por qué hablamos tanto de ellos?
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COLABORA2026
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Llegó casi como una tormenta de verano. De pronto, la tendencia del momento eran los therians, personas que se identifican con un animal y de las que hablaba todo el mundo.
El gráfico de interés de búsquedas de Google Trends es bastante esclarecedor: si se analiza la popularidad del tema en los últimos 12 meses en España, se ve una larga línea plana que muestra escaso o nulo interés y que da paso a un acusado pico de popularidad en febrero (que se moderó al mes siguiente). Si se hace el mismo ejercicio a nivel global, el pico de intensidad se mantiene en febrero y marzo. Pero ¿por qué todo el mundo parece querer saber qué es un therian?
En realidad, y aunque el internet mainstream los acaba de encontrar, los therians no son algo nuevo. Como explica Euronews, los foros online llevan años abordando el tema y el origen del término se puede rastrear hasta los años 90 en foros sobre hombres lobo. Las conversaciones sobre ficción que acabaron teniendo eco en la vida real y se creó una comunidad pequeña, que se comunicaba por listas de correo y webs específicas. Entonces también apareció el término otherkin, en el que se incluyen no solo a las personas que se identifican con animales sino con cualquier otro elemento no humano.
El origen del término se puede rastrear hasta los años 90 en foros sobre hombres lobo
En esos escenarios limitados de la red seguían hasta este boom de popularidad de 2026. La culpa de esta fama repentina está en TikTok, donde empezaron a aparecer vídeos temáticos, fueron bendecidos por el algoritmo y se volvieron virales. Los vídeos resumían todo muy rápido y optaban por lo que mejor funcionaba para tener éxito: el clickbait. De ese modo, todo fue simplificado y escasamente matizado. Del viral llegó a la agenda informativa tradicional gracias a la inercia de convertir en noticia cualquier tema del momento social media y a las conversaciones a pie de calle.
En el salto a las conversaciones en la vida real y no virtual aparecieron también las quedadas therian. Más que un encuentro real de personas de esa comunidad, fueron momentos de muchedumbres curiosas (y a veces directamente enfadadas) que se congregaban a ver qué iba a pasar. Las fotografías de prensa de esos encuentros muestran a masas de personas, teléfono en mano esperando a grabar a therians (y subirlos a su vez a redes sociales). En la mayor parte de las quedadas therian que se celebraron en España, solo acudieron curiosos. En algunas, las imágenes muestran a un therian sobrepasado, rodeado por una masa curiosa que le hace fotos.
Pero ¿cuántos therian hay realmente y hay cada vez más, como todo este fenómeno viral de redes sociales invita a pensar? «No creo que haya habido un incremento notable o relevante de personas que se sientan dentro de la comunidad therian, si acaso son más visibles», responde a Newtral Oliver Serrano, profesor de Psicología de la Universidad Europea. Esto es, no han empezado a surgir therians debajo de las piedras, pero todo el mundo habla mucho más de ellos.
Y es justamente en ese punto en el que este fenómeno resulta especialmente interesante como ventana para comprender el siglo XXI. El por qué todo el mundo habla de los therians dice mucho más sobre las tendencias y realidades de estos años 20 que lo que cuenta sobre este movimiento en sí.
En primer lugar, el pico de interés por los therians ha sido una burbuja de redes sociales, alentada con vídeos y fotos creados con inteligencia artificial y con mensajes impactantes y llamativos. Lo importante era epatar con las publicaciones para conseguir engagement, más que transmitir algo real. Los algoritmos de las redes sociales y su capacidad para crear filter bubbles (esto es, burbujas de contenidos según aquello que vemos y nos interesa) hicieron el resto. Sus usuarios se paraban con sorpresa ante uno de esos vídeos y el algoritmo le servía luego más y más, sobredimensionando las cosas. El feed se llenaba de therians, lo que ayudaba a crear la ilusión de que estaban por todas partes.
Los therians se convirtieron en la base para un pánico y para una nueva oleada de comentarios críticos sobre las nuevas generaciones
Al tiempo, las burbujas de contenidos se exportan. El pico de interés por los therians empezó en América Latina y saltó luego a España, posiblemente favorecido por la afinidad lingüística. «El fenómeno therian es un ejemplo perfecto de cómo los algoritmos y las redes, con una mezcla de interés político y morbo, pueden fabricar una noticia de la nada», le explica a El País Adrián Juste, analista en el laboratorio de ideas Al Descubierto. «Es paradigmático de lo que se nos viene en los próximos años. Publicaciones en redes sociales generadas con inteligencia artificial, globalización de los falsos relatos…», suma a eldiario.es Daniel Valdivia, profesor de Sociología y Ciencias Políticas en la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.
El siguiente punto tras la viralización y la llegada a los canales informativos tradicionales fue la reacción desbordada. Los therians se convirtieron en la base para un pánico moral (casi nadie había visto uno, pero todos tenían opiniones sobre ellos) y para una nueva oleada de comentarios críticos sobre las nuevas generaciones. La juventud estaba tan perdida y desconectada que se acababan creyendo que eran un perro o un periquito, comentaban con desdén los comentaristas de internet. Todas esas reflexiones no solo eran infundadas o estaban escasamente matizadas, sino que, como suma Valdivia, desplazaban de la conversación y de la agenda informativa temas relevantes reales.
Y así se llega al siguiente gran punto, el de la agenda política. El therian se convirtió en la palanca para criticar agendas a favor de los derechos de las personas LGTBIQ+ y, en general, como una herramienta de posicionamiento anti woke de la extrema derecha. De hecho, y como le comenta a El País la periodista Fabiola Solano, el therian sirvió ya en Argentina para crear «un enemigo funcional». «El encuadre que se hace es sistemático: patologización, ridiculización y asociación directa con el progresismo, la agenda woke y las identidades de género», le dice al medio. «La subcultura aparece presentada como un trastorno mental, delirio identitario o resultado de una supuesta ingeniería cultural que estaría desdibujando la identidad humana», suma.
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