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Graham Burnett

«La atención es la batalla de nuestro tiempo»

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03
julio
2026

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D. Graham Burnett, líder del ‘Movimiento Liberador de la Atención’, defiende que esta es nuestra principal herramienta de emancipación individual y colectiva. Nacido en Francia y criado entre el Estados Unidos profundo y la gran ciudad, ostenta la Cátedra Henry Charles Lea de Historia e Historia de la Ciencia en la Universidad de Princeton y se dedica al ‘Activismo de la Atención’ con el colectivo ‘Friends of Attention’ y la escuela Strother School of Radical Attention (SoRA) en Nueva York. Su libro más reciente es la obra colectiva ‘Attensity!’. Conversamos con él en el Museo Universidad de Navarra (Pamplona), durante el congreso ‘Atención y florecimiento’, coorganizado con el Boston College.


Pasó de secretario de los Jóvenes Republicanos de Pensilvania y tirador experto, a rojo consumado, intelectual y activista de la atención. ¿Cómo ha recorrido este camino?

Honestamente, ¡la literatura cambió mi vida! Viví en Francia un verano –con unos 16 años– y leí a Sartre, Camus y otros pensadores. Esa lectura, junto con la influencia de jóvenes intelectuales carismáticos a quienes admiraba, me despertó de mi «sueño dogmático» en Indiana y Carolina del Norte. Me ofreció una vía de escape, muy necesaria, de la preocupación adolescente por las armas, lo militar y un machismo imbécil. Aun así, a medida que me he ido escorando hacia la izquierda, siempre he intentado aferrarme a la idea de que quienes discrepan de mí políticamente son patriotas, comprometidos con la dignidad de la república estadounidense. Por eso sigo perplejo, y profundamente dolido, por la elección y la reelección de Trump. Me cuesta encajarlo con lo que creía saber del mundo de los republicanos en los años 80.

¿Cree que tiene que ver con los problemas sociales sin resolver y el intento de parchearlos con nuevas tecnologías?

Mi intuición me dice que hemos permitido que las valiosas ideas sobre el valor inherente de la persona se atrofien. Creo que hemos erosionado las herramientas que permiten a los humanos sentirse conectados y cuidarse mutuamente. A mi juicio, las fuerzas impulsoras de este cambio son el capitalismo sin regulación y una racionalidad tecnocientífica esencialmente indiferente a los seres humanos. Y esas mismas fuerzas han desatado niveles inéditos de competencia económica, riqueza y desigualdad.

«Hemos erosionado las herramientas que permiten a los humanos sentirse conectados y cuidarse mutuamente»

¿Qué es el fracking humano?

Usamos ese término para expresar la violencia del modelo económico que rige nuestras vidas a través de las pantallas. La fracturación hidráulica del petróleo inyecta detergente a alta presión en la tierra para romper la arquitectura profunda del planeta y forzar la salida del petróleo a la superficie. El ‘fracking humano’ es el mismo proceso, pero aplicado a nuestra atención. Es decir, lo que hacen estos dispositivos es bombearnos a la cara detergente en forma de contenido cáustico, a alta presión y gran volumen. Contenido implacable, diseñado para romper nuestra capacidad de atención duradera. Todo para agrietar y transformar las estructuras centrales de nuestra conciencia y, al hacerlo, forzar a la superficie un poco de esa ahora fragmentada mirada.

No es que los datos sean el nuevo petróleo: es nuestra atención y esencia lo que minan.

Exacto. No solo están mercantilizando nuestros ojos. Están mercantilizando nuestra curiosidad, nuestro interés, nuestro cuidado y nuestra necesidad mutua, y capitalizando nuestra sed de relaciones. Así es como funciona la industria del fracking humano.

¿La idea de que para resolver este problema solo necesitamos «mejores plataformas» es reduccionista?

Si nuestros teléfonos los hubieran inventado nuestras abuelas, los usaríamos para llamar a casa. Si Marina Abramović y dos monjes budistas hubieran creado las redes sociales, serían muy diferentes. El problema no son los dispositivos ni las tecnologías, sino el marco político-económico en el que se activan con una regulación tan limitada y de maneras que resultan explotadoras, los que ha llevado a las personas a desaprender cómo dar y recibir verdadera atención humana.

¿Qué falsas creencias hay sobre la atención?

Nuestro movimiento, Activismo de la Atención, es una crítica a la monocultura contemporánea de la atención. La mayoría de la gente lo asocia a la capacidad para ser eficientes y disciplinados al usar sus dispositivos digitales. La lógica de la productividad y la optimización impregna nuestra existencia, pero la atención humana real es mucho más que eso. No creemos que algo tan simple como quedarse en la cama unos minutos mirando al techo o por la ventana sea una forma de atención, pero sí lo es. La verdadera atención humana consiste en prestar atención a lo que nos rodea de forma inmediata (la habitación, la ventana, el aire, el paso del tiempo), y a nuestros propios pensamientos o recuerdos. La atención humana es social. Nuestra capacidad de prestar atención a los demás es recíproca y está ligada a las situaciones que nos rodean. La atención no debería conceptualizarse como un haz autónomo que sale de nuestros ojos. No consiste en practicar puntería con la mente. La manera en que damos y compartimos atención es lo que configura el mundo que habitamos y las vidas que llevamos. Si los frackers la canalizan hacia programas basados ​​en pantallas diseñados para maximizar beneficios, el entorno que creamos es una especie de matriz tecnológica en la que cada vez estamos menos conectados con nosotros mismos, con los demás y con el mundo.

«No creemos que algo tan simple como quedarse en la cama mirando al techo sea una forma de atención, pero sí lo es»

Algo que una app para controlar el tiempo en pantalla no va a solucionar…

Lo único que hará será añadir más tiempo frente a la pantalla para comprobar tu tiempo en la pantalla. Es una forma de pensar en la atención que siempre va dirigida a los dispositivos, a la autooptimización, a ese mundo fluido y sin fricciones de las simulaciones. Al imponer con éxito este marco, los frackers ya han ganado. Las grandes tecnológicas han construido y acaparado gran parte de nuestra mente, nuestro tiempo y nuestra experiencia sensorial en sus plataformas extremadamente poderosas, hasta el punto de que, en cierto modo, nos hemos permitido olvidar gran parte de la riqueza, la complejidad y la diversidad de la experiencia humana.

El impacto de las narrativas tecnológicas y el atractivo de las pantallas es enorme. ¿Cómo contrarrestarlo?

Es una excelente pregunta. Nosotros hablamos de recuperar nuestra atención, de «salvajizarla». Nuestro trabajo se basa en tres pilares. El primero es el estudio, no como una obligación escolar, sino como una práctica atencional fundamental para constituirse como un «ser no inhumano». El segundo es la organización: los frackers humanos nos quieren separados unos de otros, aislados y vulnerables para facilitar el consumo. Necesitamos a nuestros amigos y a otras personas para combatir la hipertrofia del individualismo radical y la soledad, promoviendo la solidaridad y las experiencias de «ser transindividuado». El tercer pilar son los refugios o santuarios: espacios y tiempos protegidos de la extracción comercial. Son las bibliotecas, los museos, los parques, los cafés y bares, y otros lugares donde reunirse, cuidarse y experimentar con diferentes tipos de atención.

¿Cómo cultivan estos pilares en SoRA?

Tenemos desde seminarios gratuitos y de pago sobre activismo de atención y otros temas, hasta talleres gratuitos, con ejercicios muy sencillos, inspirados en el arte contemporáneo y en prácticas estéticas y contemplativas. En el corazón de la escuela están los llamados «estudios callejeros». Son una forma de pedagogía dirigida por jóvenes que eligen un texto y se reúnen en un bar para discutirlo. Luego, realizan un ejercicio de activación mientras caminan hacia otro bar para discutir los resultados.

«Necesitamos a nuestros amigos y a otras personas para combatir la hipertrofia del individualismo radical y la soledad»

¿Y atraen a la gente?

Abrimos hace solo dos años y medio. No seguimos a prácticamente nadie y tenemos cerca de 23.000 seguidores en Instagram (ya sabes lo que dicen: «desmantela la casa del amo con las herramientas del amo»). Unas 2.500 personas de entre 10 y 80 años han pasado ya por la escuela. Estamos desbordados de gente que quiere formar parte de lo que estamos haciendo. Tenemos nodos en todo Estados Unidos y también fuera, con una red internacional de activistas que organizan actividades en Alemania, Australia, Brasil…

¿Es una iniciativa pro-bono?

Somos una organización sin ánimo de lucro, pero el único que no cobra nada soy yo. Mi cofundador, Peter Schmidt, que fue mi alumno en Princeton, trabaja a tiempo completo como director de Programas. Aparte, contamos con 34 jóvenes que trabajan con nosotros, la mayoría a tiempo parcial. Y tenemos a unos 300 profesores comprometidos con la idea de que necesitamos nutrir nuestras prácticas de atención.

¿Cómo traslada esto a la Universidad?

Llevo casi 20 años desarrollando estas prácticas en Princeton porque me di cuenta de que cada vez menos gente estaba dispuesta a dedicarse a la lectura tradicional y extensa. Ya no se lee como antes, debido a la interrupción constante de los dispositivos. Las formas de competencia textual masiva que caracterizaron el auge de las democracias liberales se están extinguiendo. Necesitamos una higiene atencional porque las fuerzas del fracking humano nos están cambiando. La educación tiene que cambiar. SoRA es pionera en esto, ¡aunque nos basamos en las prácticas de muchos que nos precedieron!

«Ya no se lee como antes, debido a la interrupción constante de los dispositivos»

¿Qué impacto tiene la IA en ello?

Las empresas de IA están desintermediando a las universidades, por lo que estamos construyendo un modelo educativo que refuerce las experiencias de estudio presenciales y en tiempo real que está no puede replicar. Para ello, usamos prácticas de atención: en lugar de mandar a los estudiantes leer un libro y que recurran a la IA para resumirlo, les pedimos elegir un párrafo que sea la parte importante y luego lo comparten en voz alta, o de dos en dos. Así se enfatiza la atención, la interioridad y la «posesión» del material, y se refuerzan dinámicas de grupo. En cierto modo, se acerca al ritual, la liturgia o el teatro de improvisación. «Hacemos» los textos juntos. Hacemos el trabajo de comprender juntos.

¿Qué podemos hacer en nuestro día a día para resistir el fracking humano?

Haz un inventario. Pregúntate: ¿qué cosas me hacen sentir bien, más conectado conmigo mismo, con el mundo y con los demás? Pues bien, esos son momentos en los que utilizas tu atención de maneras que contribuyen a tu bienestar. Identifica esas actividades y espacios de plenitud (jardinería, deporte, una tarde de colegas sin móviles) y defiende ese tiempo con tus familiares y amigos. Una cuarta parte de la economía mundial intenta que hagas otra cosa todo el tiempo: que mires aquí un segundo, luego allá y luego acullá. Así que las probabilidades de que puedas seguir encontrando esa hora o dos haciendo algo que realmente te satisfaga son pequeñas si no empiezas a defenderlo.

Menciona la espiritualidad y la Iglesia como una institución bien posicionada en la defensa de la atención. ¿Por qué?

Las nuevas tecnologías posibilitan nuevas formas de explotación y estamos en un momento de transformación social y económica sin precedentes. El fracking humano equivale a un biohackeo a escala civilizatoria. Debemos tomar conciencia y unirnos en solidaridad para resistir y construir nuevos mundos a partir de experiencias de atención compartida, algo en lo que las comunidades religiosas y espirituales son de suma importancia. Otras tradiciones, como la danza, también lo hacen: desde los espacios orquestales hasta las rave de Berlín, donde hay una sincronización temporal y somática que crea la experiencia de la identidad personal. Incluso la ciencia está repleta de disciplinas de observación que se basan en la atención colectiva.

«Queremos que la gente entienda su atención como un poder que crea mundos»

¿Debe la regulación proteger la atención?

La regulación desempeña un papel importante, pero nuestro movimiento se centra en la cultura. Como se suele decir, «la cultura se come la política en el desayuno». Si la cultura no cambia, la política es inútil. Queremos que la gente entienda su atención como un poder que crea mundos, en lugar de como una herramienta de gestión de tareas.

¿Cuál es su mayor deseo?

Nuestro sueño es convertir la atención humana en una preocupación central a nivel mundial, como lo es el medio ambiente. Esta es la batalla de nuestro tiempo. Una nueva confluencia de poder tecnológico y financiero ha creado un modelo de negocio de fracking humano que resulta profundamente perjudicial para el bienestar de las personas. Si mantenemos como eje central el uso humano de la atención para la libertad en comunidad, las decisiones correctas sobre regulación y tecnología vendrán por sí solas.

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