El mito de Sísifo según Albert Camus
El pensador Albert Camus planteó la cuestión del suicidio como principal problema filosófico en ‘El mito de Sísifo’. Utilizando la figura mitológica de aquel rey condenado por los dioses, el escritor proporcionó las claves para la liberación del hombre moderno.
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«Del absurdo he obtenido tres consecuencias: mi rebeldía, mi libertad y mi pasión». —Albert Camus
Cada domingo, al caer la tarde, millones de trabajadores se sienten atenazados por una sensación de angustia y desmotivación provocada por su regreso, al día siguiente, a la rutina laboral. Una sensación que se intensifica cuando regresan de sus períodos vacacionales. Ante la asimilación del necesario retorno al puesto de trabajo y la repetitiva sucesión de los días, comienzan a sufrir lo que ha dado en llamarse síndrome posvacacional.
Si pudiésemos preguntar al escritor y filósofo Albert Camus (1913-1960) su opinión al respecto, nos remitiría a uno de sus ensayos más célebres, El mito de Sísifo. Publicado en 1942, lograría que al autor se le calificase de inmediato de filósofo existencialista, posición de la que él renegaba. Lecturas más profundas hicieron que Camus fuese considerado padre de lo que se dio en llamar filosofía del absurdo.
Según Camus, el miedo que provoca a los humanos la imposibilidad de comprender el verdadero sentido de la vida ha convertido el suicidio en el único problema filosófico serio. Si no se encuentra sentido a la vida, ¿para qué seguir viviéndola? Para eludirlo, se ha planteado históricamente la fe o la razón como soluciones. Pero ambas opciones eluden la posibilidad de que la vida sea, definitivamente, absurda.
Así al menos lo entendía Camus. En El mito de Sísifo, plantea el suicidio como el problema filosófico por excelencia: «Juzgar si la vida vale o no la pena ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía». A partir de ahí, certifica que la vida es absurda, y que dicho absurdo nace del choque entre el deseo humano de buscarle un sentido y la incapacidad de hallar respuestas en nada de lo que nos rodea.
«Levantarse, tomar el tranvía, cuatro horas de oficina o de fábrica, la comida, cuatro horas de trabajo, la comida, el sueño y lunes, martes, miércoles, jueves, viernes y sábado con el mismo ritmo…. Pero un día surge la pregunta: ¿para qué?». Y frente el abismo que se abre, Camus plantea dos opciones: la aceptación del absurdo vital o el suicidio.
El autor, por supuesto, no aboga por el suicidio, sino por la toma de conciencia del absurdo para mejor poder encararlo con vitalidad. Una persona que asume el absurdo se convierte en una persona rebelde que no se rinde ante el vacío existencial, libre para decidir qué hacer con su vida al ser consciente de la no existencia de normas divinas ni leyes cósmicas, y apasionada porque se entregará a vivir cada instante con la máxima intensidad.
La propuesta de Camus es superar el vacío existencial asimilando su inevitabilidad
Camus utiliza la figura mitológica de Sísifo, primer rey de la ciudad de Éfira (hoy Corinto), que se ganó la ira de los dioses al apresar a Tánatos cuando este llegó a su encuentro. Logró esquivar la muerte, pero se hizo merecedor de uno de los castigos divinos más dolorosos que se puedan imaginar.
Zeus condenó a Sísifo, por toda la eternidad, a empujar una gigantesca roca redondeada desde la base hasta la cima de una montaña, una vez en la cual la roca descendía hasta el punto de partida y él debía reiniciar el mismo trabajo. Para Camus, Sísifo sería la metáfora perfecta de los tiempos modernos, de esos trabajos repetitivos que millones de personas emprenden un día tras otro. Sísifo como héroe del absurdo.
Cuando Sísifo permanece en la base de la montaña, esperando que la roca llegue de nuevo a sus pies para reemprender la titánica tarea, es cuando toma conciencia de lo absurdo de su existencia basada en un trabajo fútil. Pero, lejos de intentar el suicidio, en ese momento se siente liberado y acepta su seguro destino. Y es tal el grado de aceptación, que Camus nos invita a «imaginar a Sísifo feliz». Los tormentos de Sísifo, cada vez que sufre el peso de la roca, suponen su propia rebelión contra lo absurdo del mundo. Al ser consciente de que nunca tendrá más de lo que tiene se ve liberado por su repetitiva tarea, en vez de angustiado, y se entrega a ella con pasión.
Por supuesto, Camus no pretendía que las personas, una vez tomada conciencia de lo absurdo cualquier domingo por la tarde, encarasen la jornada laboral apasionadamente. Pero sí que aplicasen dicha actitud al resto de horas de sus existencias con la pasión propia del rebelde que no se rinde y se sabe libre para conducir su vida una vez comprendido que esta carece de sentido. La propuesta de Camus, por tanto, no es sino la de superar el vacío existencial asimilando su inevitabilidad, lo cual nos proporcionará la libertad suficiente para vivir con intensidad cada momento.
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