Juan Francisco Fuentes
«La amistad entre el rey y Suárez fue clave en la Transición»
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Si hay una figura política del último cuarto de siglo XX en España que suscite consenso en sus análisis es la de Adolfo Suárez. El gran arquitecto de la Transición de la dictadura a la democracia es visto como uno de los últimos hombres de estado que fue capaz de concertar acuerdos entre aquellos que más enfrentados parecían. Juan Francisco Fuentes, catedrático de Historia contemporánea de la UCM, ha vuelto a editar en Taurus ‘La opción más difícil’, una biografía del político abulense en la que repasa no solo sus años gloriosos en la política española sino también sus últimos momentos. Un retrato detallista y riguroso que ayuda a comprender al personaje descubriendo nuevos hitos biográficos.
La amistad entre Juan Carlos y Adolfo Suárez fue clave en el éxito de la Transición. Dices que ambos estaban condenados a entenderse, ¿Hubiera sido posible la Transición si no hubieran conectado? ¿Por qué se deterioró la relación entre ambos?
Sí, creo que la Transición se hubiera hecho de todas formas, pero habría sido más difícil. Su relación se deterioró rápidamente a lo largo de 1980, sobre todo a partir de julio. El rey, como otros muchos españoles, incluso antiguos votantes suyos, creyó que Suárez había perdido el control de la situación, que se había complicado enormemente por la segunda crisis del petróleo y la ofensiva terrorista, que dejó un saldo de más de 120 muertos solo en aquel año. Juan Carlos I era cada vez más sensible a las críticas contra Suárez que le llegaban de todas partes: militares, empresarios, políticos de toda condición, etc. Suárez se dio cuenta de que el rey era receptivo a esas críticas y empezó a desconfiar de él. El deseo de don Juan Carlos de nombrar al general Alfonso Armada, claramente enfrentado con Suárez, para un alto cargo militar fue la gota que colmó el vaso. Cuando, estando ya el gobierno en funciones, se enteró de que el ministro de Defensa había accedido a las presiones del rey, Suárez pronunció unas palabras proféticas: «Me parece que es un error histórico». En la mañana del 24 de febrero, cuando el golpe fracasó y los golpistas se rindieron, Suárez salió de las Cortes convencido, como casi todo el mundo, de que Armada había sido clave en el fracaso del golpe. Lo primero que hizo fue ir a la Zarzuela y decirle al rey que sentía haberse equivocado con Armada. El rey le contestó: «Agárrate. No te equivocaste. Ha sido el cerebro de todo».
Destaca que los años como director de TVE le hicieron conocer la importancia de la televisión. Su primer discurso como presidente del gobierno fue grabado en su casa y transmitía una sensación de normalidad y cercanía a la clase media española alejada de la fastuosidad del régimen. ¿Fue algo estudiado o casualidad?
Suárez era un profesional de la televisión, conocía el medio como pocos. Así me lo dijo un dirigente socialista que fue director general de RTVE. Ninguna intervención suya por televisión fue fruto de la casualidad o la improvisación, sino de una preparación y una puesta en escena perfectamente estudiadas.
«Suárez era un profesional de la televisión, conocía el medio como pocos»
En La Transición según los espías, se cuenta que toda la ley electoral fue una hábil manipulación de Adolfo Suárez para conseguir lo que quería y hacerles ver a izquierda y derecha que no podían pedir más porque la otra parte no cedía. ¿Tan hábil era manipulando a sus interlocutores?
No suelo prestar atención a las teorías conspirativas. Sobre la ley electoral y sus efectos políticos, le recuerdo que, con ese sistema electoral, desde la Transición la izquierda ha gobernado 28 años y la derecha 20.
¿Qué molestó más a la derecha franquista? ¿Las decisiones aperturistas de Adolfo Suárez o su decisión de presentarse a las elecciones?
Lo que no le perdonó fue su aportación al triunfo de la democracia. Por eso lo consideró un traidor, que es algo peor que un enemigo.
UCD contó con financiación extranjera y por intermediación del rey. Eso, ahora mismo, nos resultaría un escándalo sistémico y acabaría con la monarquía y cualquier partido. ¿Por qué en aquel momento nadie lo consideró inadecuado?
Porque la financiación de los partidos no era transparente ni estaba regulada y todos recurrían a métodos que hoy son manifiestamente cuestionables. Cuando, a mediados de los 80, salió a la luz el caso Flick sobre la ayuda económica al PSOE a través de la Fundación Ebert y la mayoría de los partidos reaccionaron escandalizados, Xabier Arzallus, dirigente del PNV, dijo que si en la Transición, cuando todos los partidos tenían que sacar dinero de donde fuera, alguien le hubiera ofrecido dinero a cualquier partido, sus responsables habrían cogido el dinero sin preguntar de dónde venía.
«Desde la Transición la izquierda ha gobernado 28 años y la derecha 20»
¿Uno de los errores de Adolfo Suárez fue menospreciar la vida interna de su partido e ignorarlo?
Suárez tenía una concepción muy presidencialista de la democracia e intentó someter a UCD a su liderazgo, pasando por encima de personalidades muy fuertes, con una visión del partido y de su programa que no coincidía en absoluto con la suya. Aquello funcionó como un matrimonio de conveniencia hasta las elecciones 1979, pero a partir de entonces se abrió una brecha entre ellos que acabó siendo insalvable.
El verano del 80, se dice que no recibió ninguna visita durante sus vacaciones, y eso se interpreta como que Madrid ya le había dado la espalda y estaban pensando en su relevo. ¿Cómo llevó Adolfo Suárez ese abandono progresivo?
Lo vivió como un drama personal lleno de consecuencias políticas.
Señalas una conversación por videoteléfono entre Adolfo Suárez y el Rey el fin de semana antes de la dimisión. No se sabe el contenido de esa conversación, pero insinúas que fue fundamental para que Suárez decidiera dimitir (una semana después). ¿Crees que fue una petición/exigencia del Rey o simplemente que sintió que perdió la confianza del que fuera su amigo?
Creo, efectivamente, que hay relación de causa-efecto entre esa llamada y la decisión que tomó Suárez un par de días después de presentar su dimisión. ¿Qué se dijeron en esa conversación? No lo sabremos nunca. Me imagino que la razón de esa videollamada del rey fue algo muy grave que acababa de pasar y que tenía que ver con la situación militar. No creo que le pidiera la dimisión, pero Suárez, que, como dijo Calvo-Sotelo, era un maestro en «la retórica de la cordialidad», notaría en su antiguo amigo muy poca cordialidad y mucho hartazgo.
Adolfo Suárez dimite en enero del 81 como presidente del gobierno, sin embargo, no se retira de la política hasta 10 años después. ¿Por qué le costó tanto asumir que su tiempo había pasado si había logrado un objetivo tan ambicioso y difícil como asentar la democracia después de 40 años de dictadura y una guerra civil?
Porque la política era su vida y no se veía haciendo otra cosa. Cuando dimitió tenía 48 años, una edad temprana para dejar la política. Era su vocación y su profesión, de ahí que intentara reinventarse como político con un papel completamente distinto al que había desempeñado hasta entonces. Le llevó diez años admitir que no servía para otra cosa que para el papel que había interpretado, yo creo que magistralmente, en la Transición.
Llama la atención la relación entre Adolfo Suárez y Mario Conde. El primero pasa por un estadista de altura y el segundo siempre parece un aprovechado que solo busca medrar a cualquier precio, incluso aunque sea delictivo. ¿Por qué se dejó utilizar de esa manera por el banquero?
Mario Conde conoció a un Suárez en horas bajas, necesitado de apoyo financiero y mediático para su partido, el CDS, y Conde tenía en aquel momento, a finales de los años ochenta, un poder enorme y una ambición sin límites. Probablemente, pensó que podía convertir a Suárez en un líder cautivo y al CDS en su propia plataforma política. Luego vinieron los problemas económicos de Suárez por el tratamiento de la enfermedad de su mujer y su hija y se dejó engatusar por Conde para que hiciera alguna gestión con Felipe González, entonces presidente del Gobierno, cuando la situación judicial del banquero empezaba a ser desesperada.
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