El éxodo vasco
Desde el inicio de la Transición, unos 180.000 españoles han abandonado el País Vasco por razones relacionadas con el terrorismo de ETA. Junto a las repercusiones demográficas o económicas, el impacto en las urnas es otra de las grandes cuestiones.
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Francisco Ruiz era policía municipal en Galdakao (Vizcaya) cuando fue tiroteado por ETA. Escoltaba al entonces alcalde del municipio vizcaíno, Víctor Legorburu, principal objetivo de la banda terrorista, con cuya vida acabaron. Tras 12 balas y una estancia de cinco meses en el hospital, la vida de Francisco cambió para siempre. Más que por las consecuencias físicas del atentado, por el repudio social que empezó a sentir.
Corría el año 1976 y España estaba inmersa en el proceso de Transición democrática tras 36 años de dictadura con Franco. Pero el cambio de régimen solo sirvió a ETA para aumentar sus pretensiones independentistas y consolidar en el País Vasco un clima social donde se mezclaban el apoyo de algunos y el silencio de muchos por el miedo a las represalias.
En este ambiente de miedo, opresión y despotismo terrorista numerosos vecinos le retiraron el saludo a Francisco y su familia —alguno, incluso, llegó a insinuar que, como miembro del Cuerpo de Policía, se lo había buscado—. El sentimiento de rechazo crecía, la incomodidad se iba instalando en sus vidas y, al final, decidieron abandonar el País Vasco para volver a su Ciudad Real natal.
Como él, hubo también muchos vascos de pura raza que se vieron abocados a la misma situación: abandonar sus raíces por las amenazas al ser un objetivo de ETA, por ser familiares de alguien señalado, por no sucumbir al chantaje y la extorsión del llamado impuesto revolucionario, por condenar la barbarie terrorista, por la imposibilidad de vivir en libertad ante la asfixiante opresión del totalitarismo etarra.
El silencio de ciertos sectores de la ciudadanía vasca ante los atentados o la impunidad de ETA son algunos de los motivos del exilio
Así, poco a poco, unos 180.000 españoles no nacionalistas abandonaron el País Vasco entre 1977 y 2022 por razones políticas. El silencio de la ciudadanía vasca ante los atentados, la impunidad de ETA o los comentarios favorables de los simpatizantes fueron los principales motivos, según constata el informe El éxodo vasco como consecuencia de la persecución ideológica, publicado por el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social CEU-CEFAS.
Repercusión en las urnas
Esta huida forzada por el terror y las armas sin duda ha tenido consecuencias directas en la demografía y la economía de la región, pero también en las urnas. «Se habla muy poco del exilio del censo del País Vasco», opinaba en nuestra última entrevista el escritor y periodista Alfonso J. Ussía.
Desde su punto de vista, todas estas personas que «se fueron por amenazas, por ser víctimas o familiares de víctimas, por no querer pagar el impuesto revolucionario» significan menos votos en unos comicios que favorecen al independentismo. Algo que respalda el eurodiputado Javier Zarzalejos, para quien se ha producido «un cambio estructural en la base democrática del País Vasco, en su censo electoral, consiguiendo que solo el nacionalismo pueda ganar las elecciones», afirmaba en la presentación del estudio en el Parlamento Europeo.
No solo eso, sino que las elecciones que han tenido lugar en el País Vasco desde 1978 nunca se han realizado dentro de los estándares democráticos, recalca el estudio. La falta de libertad y las amenazas han condicionado siempre un proceso electoral cuyos resultados han sido determinados por el miedo y la coerción. «El censo ha sido alterado, con carácter definitivo, por el terrorismo de ETA y la presión nacionalista», destaca el documento.
Cinco décadas en las que las elecciones vascas han contado con un importante porcentaje poblacional menos. Tanto es así, que en la última cita electoral en el País Vasco, el PNV y Bildu sumaron 54 diputados en el parlamento de Vitoria, lo que representa el 72% de los escaños. La pregunta que cabe hacerse es: ¿cómo serían los resultados si esos 180.000 exiliados pudieran votar?
El 60% de los jóvenes no sabe quién fue Miguel Ángel Blanco
Una de las cuestiones que más preocupa a los defensores de la democracia liberal es que se olvide el daño que el terrorismo provocó al conjunto de la sociedad española —en general— y a las víctimas de ETA —en particular— en sus cincuenta y dos años de actividad terrorista.
El propio policía Francisco Ruiz opina que el terrorismo de ETA debería incluirse en la enseñanza básica de colegios e institutos. Para que las nuevas generaciones conozcan este cruento capítulo clave de la historia de nuestro país. Porque como apunta Jon Sistiaga en su documental sobre las últimas 48 horas de Miguel Ángel Blanco, el 60% de los jóvenes españoles no sabe quién fue este concejal de Ermua. Un suceso que ocurrió hace solo 29 años.
Y ante esta realidad, surge otra pregunta inevitable: ¿cambiaría algo el resultado en las urnas si el electorado más joven conociera la historia reciente del terrorismo de ETA?
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