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Cultura

Alejandro Amenábar

«La historia, con mayúsculas, me ha permitido expresar muy bien mis sentimientos»

Fotografía original

Rubén Ortega
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28
agosto
2025

Fotografía original

Rubén Ortega

Ya han pasado 6 años desde que Alejandro Amenábar estrenó su última película, ‘Mientras dure la guerra’, un retrato de Miguel de Unamuno que le dejó 5 Goyas y otras 12 nominaciones, incluyendo a Mejor Director. Y es que, si bien se toma su tiempo entre cada filme, cuando finalmente regresa es siempre un acontecimiento. ‘El cautivo’ marca su retorno, esta vez con una impecable recreación de los años que Miguel de Cervantes se pasó prisionero en Argel, pero que a la vez habla del poder de la imaginación y del choque de culturas. En un encuentro a solas con el ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera por ‘Mar adentro’, quien nació en Chile y llegó a España siendo un bebé, hablamos de su fascinación con el autor del Quijote y también de la compleja relación que tenemos con el mundo islámico, la mirada actual sobre la homosexualidad, la guerra en Gaza y qué es lo que más le preocupa del futuro.


Está en su etapa de escritores, primero Miguel de Unamuno y ahora Cervantes…

Y además tocayos. Lo de Cervantes surgió justo en un impasse que vivimos cuando no conseguía la financiación para mi película sobre Miguel de Unamuno. Mi productor me habló de esta etapa de la vida de Cervantes que yo desconocía completamente, cautivo en Argel por los árabes, mucho antes de que escribiera El Quijote, y me planteó la posibilidad de explorarlo como una película de fugas, casi una película de aventuras en la línea de El Conde de Monte Cristo. Es decir, no había un propósito literario o la intención de recrear la vida de un escritor cuando arranqué con esto. La historia me pareció muy insólita, porque él vivió cuatro intentos de fuga. Consiguió escapar las cuatro veces de la muerte, más luego todo lo que envolvía Argel en ese momento, una sociedad muy particular con una gran libertad sexual. Realmente fui más por el lado de la persona y casi diría que de la aventura que del escritor. Lo que pasa es que en algún momento debí darme cuenta de que es imposible contar la historia de Cervantes y no hablar de su trayectoria como escritor, entonces buscamos la manera de engarzar El Quijote con la historia real, y lo encontramos precisamente en el capítulo del cautivo que está en El Quijote

Me imagino que hoy, después de haber hecho la película, debe de haberse convertido en un gran fan de Cervantes.

Por supuesto. Soy un absoluto apasionado de todo lo que hago, con lo cual ahora mismo soy fan de Cervantes. No soy un experto en el escritor, pero si soy consciente de la importancia que tiene en la historia de la literatura una obra como Don Quijote de la Mancha, la cual he leído exhaustivamente para enfrentarme a este proyecto, y que entronca de alguna manera con el planteamiento que le he dado al personaje. Sí creo que la novela resulta innovadora porque humaniza a los personajes y porque les dota de complejidad, y eso es lo que he intentado hacer con Cervantes. No he querido recrearlo de una pieza, ni como el Cervantes que aparece retratado en muchas de las crónicas como un héroe sin fisuras. Quería hablar de un ser humano con contradicciones y con momentos de flaqueza, que forma parte de la novela de Don Quijote.

«Creo que el ‘Quijote’ resulta innovador porque humaniza a los personajes y les dota de complejidad»

Su vida daría para tres o cuatro películas más, ¿no? Porque si bien hoy le recordamos como un gran escritor, fue un desventurado la mayor parte de su vida.

Lo bueno de hacer películas es que vas aprendiendo y desmontando clichés. Una de las cosas que me comentó nuestro asesor histórico, que es un cervantista de primeras, es que realmente no es que Cervantes viviera una vida miserable. No es lo que hoy podríamos considerar un Arturo Pérez-Reverte, pero su obra se vendió. La primera parte del Quijote tuvo bastante éxito, otra cosa es que no lo pudiera monetizar como se haría hoy en día, pero tampoco me atrevería a decir que Cervantes vivía mal. Lo que sí es cierto es que en ese mundo de creadores, cuando piensas en el Siglo de Oro, y en Lope de Vega o en Quevedo, él estaba un poco desplazado. También es muy interesante analizar la rivalidad que existía entre ellos. Es verdad que su vida tiene unos cuantos hitos. Precisamente este periodo que era el que yo menos conocía es el que me ha resultado más interesante porque habla de cómo se gesta no solo un ser humano, sino un genio literario, y yo creo que esa experiencia traumática, que es prácticamente vivir en un campo de concentración durante 5 años, viendo la tortura a su alrededor, viendo la crueldad, y a la vez con la posibilidad de salir a la calle y entablar contacto con la cultura, nada menos que la del enemigo, que era la cultura musulmana, creo que eso a él le marca como persona y como escritor.

«Lo bueno de hacer películas es que vas aprendiendo y desmontando clichés»

Y tal como se cuenta en El cautivo, es la creatividad la que le salva la vida…

Sí, bueno, yo creo que eso está presente prácticamente en todas las culturas, reinventar la historia, fantasear, imaginar cosas, y aquí era como la excusa perfecta para hablar de una intrahistoria. Él busca la manera de escapar, no solo en forma física, sino también mental, y elucubramos con la posibilidad de que esos dos capítulos de El Quijote quizá los ideó durante su etapa de cautiverio como una manera de huir del horror y además ayudar a sus compañeros a huir de ello. Sí, la fantasía a todos los niveles, este es a un nivel, digamos, de experiencia traumática. En mi caso fue a nivel de la niñez y sobre todo la adolescencia. El cine llegó a mi vida y me dio la posibilidad de enriquecerme con otras historias y de evadirme, que es algo que se ha dado en muchos creadores. Curiosamente en mi caso mi obra es poco autobiográfica porque lo que intento precisamente es huir de mi realidad. En algunos casos incluso porque me aburre, prefiero irme a otros mundos, a otras culturas, a otros personajes, aunque siempre busque la conexión con ellos.

«El cine llegó a mi vida y me dio la posibilidad de enriquecerme con otras historias y de evadirme»

¿Cómo le hubiese ido a Alejandro Amenábar en la misma situación que en la que está Cervantes en la película?

Hombre, soy optimista por naturaleza. Quiero pensar que habría salvado la nariz y las orejas como él, pero no lo sé, hablamos de una experiencia muy brutal y en la que, como en el caso real, alguien intenta escaparse cuatro veces, ser el autor intelectual de una fuga, sabiendo que eso conlleva tortura, mutilación o incluso la muerte. No sé si ya habría tenido el valor para plantear esos intentos de fuga. Lo que es probable es que mi madre, al igual que la suya, fuera la que encontrara el dinero para sacarme de ahí.

No solo Cervantes es un personaje muy interesante en tu película, también lo es Hasán Bajá, que existió realmente, un veneciano que terminó convertido a la cultura que le capturó. ¿Cómo fue descubrir a esta figura de la que no se sabe tanto?

Se sabe por las crónicas que era bisexual u homosexual. Eso, unido a la hipótesis de que Cervantes hubiera podido salvar la vida precisamente por su relación con él, con su captor, me dio pie a desarrollar una historia de amor y atracción imposible. Se sabe que los dos tuvieron al menos dos encuentros, y pensé que era oportuno enriquecer el personaje y no convertirlo sin más en el terrible captor de Miguel de Cervantes, sino, ¿por qué no?, en su mentor intelectual. Y hacer que esa relación, más que una relación homoerótica-sexual, fuera una conexión intelectual. Hablamos de dos personas que han sido sacadas de su entorno: Hasán Bajá, que originalmente se llamaba Andreta, es arrancado de su familia, cuando es prácticamente un niño o un adolescente, y hace un camino de conversión al Islam, y esa es precisamente la puerta que se le abre a Miguel de Cervantes y a todos los que eran capturados cuando no tenían posibilidad de ser rescatados. Los dos tenían edades parecidas. Me parecía que era la excusa perfecta para desarrollar esa historia y convertirlo en un personaje complejo y con humanidad.

Ha hecho esta película con Disney y con Netflix, y la relación amorosa entre estos dos personajes está presentada con total naturalidad. ¿Cree que se podría haber contado esta misma historia 15 años atrás?

Lo que no sé es si se podrá contar esta misma historia dentro de 15 años. En 30 años de carrera, no me he sentido llamado a contar una historia con una relación o siquiera con una secuencia homosexual. No he necesitado implicar mi propia vida en mi obra, pero una vez que asumí que esta era la historia que quería contar y que era muy importante ese conflicto que se da entre estos dos personajes, y también el conflicto que se le plantea a Miguel de Cervantes entre elegir una vida posiblemente más cómoda, o volver a la España de la Inquisición, pero cumplir su sueño de ser escritor. En el fondo lo que estoy contando es que creo, porque debió ser así, que Cervantes es un tipo empático, con carisma, con sentido del humor y sí, que además se besa con un hombre. A mí eso no me plantea ningún problema, renunciar a contar eso sería renunciar a mi propia naturaleza. No sé si se podría haber hecho hace 15 años. Tengo 53 años, llevo 52 años viviendo en España y jamás había visto una película sobre Cervantes, con lo cual no sé si era planteable eso hace 15 años o planteable siquiera una película sobre Cervantes, porque prácticamente no hay ninguna. Es un desconocido desde el punto de vista cinematográfico.

¿Qué cree que dice su película sobre el choque y el encuentro de culturas?

Creo bastante, y la experiencia de Cervantes me lo demuestra, en la capacidad de convivencia de las diferentes culturas. Ahora mismo precisamente estamos viviendo en España una situación en la que se habló incluso de la caza del moro. En un pueblo en España, por una agresión a un anciano por parte de tres chicos de origen magrebí, ha habido una auténtica persecución a gente de raza árabe, y ahora se está planteando la prohibición de celebrar el fin del ramadán en un espacio público. Vivimos en una etapa en la que la confrontación de culturas sigue, aún sigue después de tantos siglos. Y yo, que he nacido en Chile, hijo de una madre española, lo único que puedo defender es esa mezcla. Creo que es lo que nos enriquece. Levantar muros y aislarnos no nos lleva a nada bueno.

«Vivimos en una etapa en la que la confrontación de culturas sigue, aún sigue después de tantos siglos»

¿Qué sería de la cultura española sin la árabe, y de la chilena sin la española?

Estamos impregnados unos de otros, a veces con mayor o menor fortuna. En el caso de España, este país ha vivido la expulsión del pueblo judío, la expulsión del pueblo musulmán, hemos vivido auténticas guerras de religión y segregación racial absoluta. Lo que pasa es que, como lo hemos vivido hace ya 4 siglos, me gustaría pensar que es algo que no se va a repetir, aunque lamentablemente la sensación de cambio de ciclo, y no a un ciclo mejor, me viene asaltando la mente desde hace unos cuantos años.

¿Siente que hay algo en lo que se estaba mejor en el siglo XVI que hoy? ¿O todo es mejor hoy que en el siglo XVI?

Cuando piensas si es mejor vivir en algún tiempo pasado, evidentemente yo no iría a la España del siglo XVI. Una persona como yo no podría vivir libremente su sexualidad o su afectividad, tendría que renunciar a ello completamente. También pienso, por cierto, que la sexualidad debía de ser mucho más fluida: una cosa es lo que aparece en los libros de historia, lo que aparece en los registros, todo bajo control de la Iglesia, y otra es como serían las cosas de verdad. Entiendo que la realidad, y eso creo que también lo muestra la película, es mucho más desbordante y más diversa.

Cuando empezó, todos pensábamos que era el nuevo Hitchcock, y sin embargo, en los últimos años, se ha convertido en un especialista en volver al pasado. ¿Qué es lo que le da la historia para que vuelva una y otra vez, aunque sean diferentes momentos?

Lo que persigo siempre es una buena historia, con minúscula, y lo que pasa es que buscándola, a veces acabo inmerso en una historia con mayúsculas. Esto le trae de cabeza a mi productor, Fernando Ovaira, que me dice últimamente que a ver cuándo se me ocurre una película baratita. La historia me permite hablar del presente, hacer el análisis histórico, y a la vez me permite la proyección sobre el futuro, esa capacidad o esa cualidad que tiene la historia de estar envuelta en ciclos. Me permite, cuando hago una película como Ágora, estar hablando realmente de lo que estoy sintiendo que está pasando, no solo en mi país, sino en todo el bloque occidental, con el auge del fanatismo y el sectarismo. La historia me permite expresar lo que siento. Independientemente de eso, me gusta el suspense, me gusta por supuesto Hitchcock, pero creo que en todas mis películas subyace una preocupación. En Tesis, que es una película de suspense, yo estaba escandalizado con el tratamiento que hacían muchos medios ante sucesos violentos que estaban ocurriendo en España, y decidí hacer una película sobre eso en una envoltura de thriller, pero había ahí una intencionalidad, y eso en un género histórico está aún más marcado. En el caso de Miguel de Unamuno, envuelto en la Guerra Civil, era una película en la que yo necesitaba entender el proceso y a su vez entenderme a mí mismo por cómo me habría comportado yo en una situación como la que él vivió al comienzo del conflicto. La historia, con mayúsculas, me ha permitido expresar mis sentimientos muy bien.

¿Qué le preocupa hoy a Alejandro Amenábar del futuro?

Todo, pero es casi ya un tópico. No creí que viviría una situación como la de Gaza: cómo un gobierno legítimo, porque está reconocido institucionalmente, proyecta matar a toda una población de hambre. Ahora mismo creo que son pocas cosas las que pueden sorprenderme. Veo la exhibición de ignorancia y de sectarismo y de radicalismo del gobierno de los Estados Unidos, algo que tampoco pensé que viviría… Ahora mismo lo que más suspense me produce, o incluso terror, no son precisamente las películas del género, sino el mundo tan inflamable en el que vivimos.

«Ahora mismo lo que más suspense me produce es el mundo tan inflamable en el que vivimos»

¿Y cómo ve el futuro de España??

Estamos hablando de preocupación a nivel institucional y política, pero no te puedes ni imaginar lo que viene por abajo, y eso queda muy bien reflejado en la serie Adolescencia de Netflix. Lo que viene por abajo son perpetuación de conductas machistas, racistas, homófobas, a través de las redes sociales y en los niños, y de hecho lo que se está viendo es un auge de aceptación de la extrema derecha en la población más joven. Eso viene también dado porque hay gente que no ha vivido situaciones extremas. En España hay toda una generación desencantada por la situación precaria, y si a eso le unes que han vivido en democracia, pues dicen ¿por qué no probar algo distinto?. Lo que pasa es que ese algo distinto ya se probó en la primera mitad del siglo XX y ya sabemos a dónde condujo, por eso que no soy muy optimista con ese tipo de experimentos. Prefiero un gobernante aburrido y sensato que alguien temerario. Es cierto que los movimientos temerarios a veces tienen grandes logros, pero casi siempre implican derramamiento de sangre.

Se toma su buen tiempo entre película y película, ¿por qué?

Puedo permitirme dejar madurar los proyectos. A mí me encantaría ser muy prolífico, pero tengo el ritmo que tengo, si no me enamoro del proyecto y no consigo levantarlo en mi cabeza y en mi corazón, difícilmente voy a poder financiarlo. Tengo que creer firmemente en él y eso a veces lleva tiempo. Además, mis proyectos cuestan financiarse, porque hay una ecuación que es coste-libertad. Esa búsqueda de la libertad creativa supone cortapisas financieras. Afortunadamente casi todos mis proyectos se pueden levantar, pero a veces no es fácil. Por ejemplo, levantar El cautivo nos llevó un año, pero eso me permite afinarlo como el buen vino e ir corrigiendo cosas y reescribiendo. Afortunadamente me puedo permitir ese ritmo. Cuando encuentro la historia me lanzo. Mientras buscaba financiación para El cautivo me metí en una historia que tiene muy buenos ingredientes y que en cuanto termine la promoción de esta película, me pondré ya de lleno a escribir. Hay un momento en las historias al que yo le llamo «el click», en el que todo empieza a encajar y parece que vas escribiendo solo. A veces, sorprendentemente, puedes acabar escribiendo un guion en un mes después de que has estado un año dándole vueltas en tu cabeza. Es un momento maravilloso, aunque no pasa siempre.

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