La era de la economía azul
La economía azul nos invita a entender el mar como un compañero y no como un recurso a explotar. Aunque está llena de retos, esta nueva manera de entender la industria marítima presenta beneficios a corto y largo plazo gracias a proyectos como Naval Azul, en Gijón.
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La ciudad de Gijón habla en el lenguaje plural de los puertos. Sus calles, desde el populoso y apretujado barrio de Cimadevilla hasta las zonas del oeste como La Calzada o el Natahoyo, pasando por los barrios del Llano y Somió, se asoman siempre a las orillas del mar Cantábrico, una masa de agua helada que ha crecido en consonancia con los habitantes de la que es la ciudad más poblada del Principado de Asturias.
Pero, desde hace más de una década, la ciudad tenía una deuda con parte de su mar. En 2009, la empresa de astilleros navales Naval Gijón S.A. anunciaba el cierre de sus instalaciones en el barrio del Natahoyo, al oeste de la ciudad, un proceso que acabó convirtiéndose en un símbolo de la pérdida de industrialización en la ciudad y que provocó sonadas movilizaciones por la oposición de gijoneses y trabajadores. Los terrenos quedaron en estado de semiabandono, y un trozo del mar, tapiado. Pero, en enero de 2024, el Ayuntamiento de Gijón hizo oficial su intención de comprar los terrenos de los antiguos astilleros para darle una vuelta de tuerca no solo a la zona, sino también al proyecto de ciudad, al Gijón del futuro. Nacía así Naval Azul.
Con la economía azul como marco de referencia y objetivo, Naval Azul es una oportunidad para, desde la innovación y la tradición industrial, impulsar el barrio del Natahoyo y la ciudad de Gijón a través de la innovación tecnológica y el desarrollo empresarial dando uso a los 60.085 m2 de terreno adquiridos por el consistorio. «La economía azul escogió a Gijón y no al revés», resumió Carmen Moriyón, alcaldesa de la ciudad, en el evento «Naval Azul, la nueva puerta al mar», organizado por el Ayuntamiento de Gijón y Ethic. «Somos una localidad que ha sabido poner en valor todas las oportunidades que emergen del Cantábrico siempre sobre un modelo sostenible e inclusivo», destacó Moriyón.
El mar como compañero
La economía azul busca el aprovechamiento de los recursos que nos ofrece el mar, pero, eso sí, con un nuevo enfoque: la sostenibilidad. Aunque no lo parezca, los océanos son un recurso finito que, debido a la sobreexplotación, está cada vez más al borde del peligro: el calentamiento de los océanos o el aumento del grado de acidez del agua son algunos de los retos a los que se enfrenta la superficie del agua, que ocupa el 72% de la superficie del planeta.
Carmen Moriyón: «La economía azul escogió a Gijón y no al revés»
Los océanos son «el futuro y también el presente», sentenció Ignacio Franganillo, gerente general de Briseida Sea Ventures. De los océanos depende el comercio, la alimentación y la vida del 40% de la población mundial, que vive en la costa: si hablamos en términos monetarios, podríamos definir el océano como el «mayor activo del mundo», en palabras de Miguel de Ros, inversor en océanos y Climate Tech. Por ello, y para evitar la degradación ulterior de este recurso, la economía azul nace para romper con la sobreexplotación buscando «construir modelos de negocio basados en la regeneración y no en la extracción», prosigue de Ros. Antonio Ferreiros, R&D manager en SeaEight, resume la economía azul en la idea de «dejar de ver el océano como un recurso a explotar y verlo como un aliado estratégico que nos ayuda a ver cómo queremos nuestro modelo de vida de ahora en adelante».
Y es que este plan no solo piensa en el desarrollo industrial, sino en el aumento de la calidad de vida a largo plazo para todas las formas de vida que nos relacionamos con el océano. El proyecto de Naval Azul no solo se contempla en términos económicos o industriales: la recuperación y reorientación de los terrenos pone a los ciudadanos en el centro, abriendo una nueva zona de convivencia con, entre otros, 15.000 metros cuadrados de zonas verdes y espacios libres. Naval Azul es, en palabras de la actual alcaldesa Carmen Moriyón, «un proyecto económico pero también social», erigido «desde la convicción de que la ciudad debe beneficiar a quienes viven en ella».
Del laboratorio a la empresa y de la empresa al mar
Aunque la investigación sobre los océanos está pasando por un buen momento, los expertos coinciden en señalar algunas barreras, especialmente las que tienen que ver con la aplicación práctica de esa investigación. La industria marítima ha sido tradicionalmente conservadora a nivel tecnológico, como señaló Ignacio Franganillo, quien afirmó que «no faltan proyectos de investigación en universidades y centros tecnológicos, pero sí hay un problema al llevar esos proyectos al mercado». La falta de motivación entre los investigadores a la hora de aplicar sus resultados en el mundo de la empresa es uno de los motivos. España ha demostrado ser una potencia investigadora, pero parece que cuesta mantener el talento y materializarlo en proyectos concretos. Con todo, hay espacio para el optimismo: «Creo que, por primera vez, tanto administración como empresa como ciudadanía estamos de acuerdo en el modo de desarrollo que queremos», afirmó Ferreirós, lo que supone «una base muy potente» para el crecimiento en economía azul.
Miguel de Ros: «El océano es el mayor activo del mundo»
Los enormes riesgos a los que se enfrenta el sector marítimo en caso de que una tecnología nueva no resulte son la otra barrera en la que coinciden los expertos. «Las empresas del sector marítimo van con mucho cuidado y, cuando innovan, suelen tener éxito, porque la inversión es muy fuerte», explica Pedro Mayorga, CEO de EnerOcean y presidente de APPA renovables Marina. «Las dinámicas de inversión son distintas [en el sector azul], porque nos estamos jugando, con un fallo, la vida de los trabajadores».
Sin embargo, y a pesar de las dificultades, la innovación se abre paso en el mar: según los datos de la última COP, la inversión en océanos ha ido en aumento, y en 2023 se alcanzaron los 3 millones de euros en inversión, tal como señala María Gálvez del Castillo Luna, oceanógrafa y CEO de Smart Blue Lab. El océano, explorado solo en su 0,001%, supone una oportunidad de crear proyectos con significado y que sepan aprovechar las oportunidades del futuro y del presente. Oportunidad, futuro, colaboración: tres palabras sobre las que Gijón y su proyecto de economía azul darán mucho que hablar.







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