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Cómo almacenar agua para cuando falte con la ayuda de los agricultores

La recarga de acuíferos en zonas agrícolas puede ser clave para almacenar agua sin construir más embalses ante un clima con sequías y precipitaciones cada vez más extremas.

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23
febrero
2026

Tras cada periodo de sequía, suelen llegar años con lluvias por encima de la media. En cuestión de semanas pasamos de ver embalses secos, con suelos agrietados y restos de pueblos emergiendo, a observar espectaculares chorros de agua a presión liberados por los aliviaderos de las presas. Esta alternancia tan extrema demuestra que los embalses, aunque importantes y esenciales para frenar las avenidas, no bastan por sí solos para afrontar ni las sequías ni los periodos de lluvias intensas.

Almacenes subterráneos de agua

España es uno de los países con mayor número de grandes presas por habitante. Muchas están muy bien construidas y en los lugares adecuados, pero una parte considerable ha superado ya su vida útil o ha perdido capacidad de almacenamiento debido a la colmatación por los sedimentos que van arrastrando los ríos. Por ello es necesario plantear soluciones complementarias que permitan gestionar mejor tanto los episodios de exceso como los de escasez de agua.

Mucha gente desconoce que el 99% del agua dulce de nuestro planeta, que no está congelada, es agua subterránea. Así, son los acuíferos (extensas formaciones geológicas compuestas por sedimentos y rocas porosas y permeables), y no las presas, los que almacenan la mayor parte de agua.

Estos acuíferos son los que nos han permitido superar las sequías que se han producido en España desde la década de los ochenta del siglo anterior. Lo saben bien los agricultores, que han salvado sus cosechas regando con aguas de pozo. Y muchos municipios recurren a los llamados «pozos de emergencia» cuando el abastecimiento con agua superficial falla.

Tras cada sequía, los acuíferos quedan más deteriorados

Sin embargo, tras cada sequía, los acuíferos quedan más deteriorados, porque extraemos más agua de la que se recarga de forma natural, porque no los protegemos lo suficiente frente a la contaminación y porque su gran capacidad de almacenamiento no se considera en la planificación hidrológica.

Los agricultores ayudan a recargar los acuíferos

En algunos lugares del mundo ya se está actuando para revertir esta tendencia. En California y Nevada, en Estados Unidos, desde hace unos veinte años hacen recarga gestionada de acuíferos con técnicas agrícolas. Se establecieron acuerdos con agricultores para inundar de forma controlada campos en barbecho o cultivos tolerantes –como almendros, viñedos, pastos o arrozales – durante los años húmedos o cuando hay exceso de agua en invierno.

Estas inundaciones controladas se realizan sobre acuíferos, lo que permite que el agua se infiltre en el medio subterráneo mientras se reducen los riesgos de inundación en superficie. El éxito de estas prácticas ha sido posible gracias a la colaboración entre centros de investigación públicos y privados, universidades punteras, como Davis o Stanford, las autoridades del agua, del medio ambiente y la agricultura y los usuarios.

Lo interesante es que, mirándolo con perspectiva histórica, prácticas similares se realizan en España desde hace siglos. Proyectos como WaSHa, del Instituto Geológico y Minero, han documentado cómo nuestros antepasados ya gestionaban los excedentes hídricos mediante acequias de infiltración en zonas de montaña –como Sierra Nevada, Gredos y Guadarrama– y acequias sin revestir en las vegas agrícolas, como las de la Valduerna (León) y Granada.

El agua infiltrada se almacena en los acuíferos y más tarde se extrae mediante pozos o galerías durante los meses secos. Es una forma ingeniosa de equilibrar los ciclos de lluvia y sequía. Es una forma de sembrar y cosechar el agua.

Una estrategia para gestionar mejor el agua

Recuperar esta lógica sería clave hoy: aprovechar los años de exceso de agua para recargar los acuíferos, utilizando los campos de cultivo y las infraestructuras agrarias que ya existen. Esto permitiría restaurar parte del agua subterránea que se extrae de más en los años secos.

Para hacerlo realidad se necesitan investigación, planificación y una gestión del agua que combine infraestructura gris –presas, canales, tuberías– con infraestructura verde, basada en procesos naturales que favorecen la infiltración y la recarga.

Integrar ambos enfoques permitiría almacenar parte del agua que ahora se descarga rápidamente desde los embalses. Y decimos solo una parte, porque los ríos, los deltas y los estuarios también necesitan de estas crecidas para mantener sus ecosistemas. Pero aprovechar parte de esos excedentes para «sembrar agua en los acuíferos» sería un paso decisivo hacia una gestión más resiliente del agua en nuestro país.

Ojalá estemos preparados en el próximo año húmedo. En este, el agua liberada ya no podremos sembrarla. Pero sí podemos cambiar la forma de gestionar nuestros ciclos hídricos para que, la próxima vez, no se nos escape otra oportunidad.


Sergio Martos-Rosillo es científico Titular del CSIC, Instituto Geológico y Minero de España (IGME – CSIC); Helena Gómez Macpherson es científica titular en agricultura de conservación, Instituto de Agricultura Sostenible (IAS – CSIC) y Margarita García Vila es investigadora en optimización de recursos hídricos en cultivos, Instituto de Agricultura Sostenible (IAS – CSIC). Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

The Conversation

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