Siglo XXI

Todavía quedan exploradores

Los exploradores aparecieron con el surgimiento de las primeras civilizaciones, algunos milenios antes de la era común. Pero aún siendo de otra (lejana) época, este oficio sigue vivo: todavía hay quienes ansían descubrir todo lo que se esconde en la Tierra.

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24
Jun
2022

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No encontraremos muchos faroleros, pregoneros u operadores de linotipia entre nuestros vecinos. Por no decir ninguno. Los oficios de ayer desaparecieron o se adaptaron a los tiempos de hoy, y lo mismo cabe esperar de los oficios del mañana con respecto a los del presente. ¿Seguirá habiendo conductores de autobús el siglo que viene? ¿Cajeros de supermercado? ¿Carteros? De momento, toda conclusión es especulativa, y la historia siempre acaba sorprendiéndonos. Solo hay que saber mirar, pues también hay profesiones que nacieron hace miles de años y todavía se practican, como la de espía, peluquero, agricultor… O explorador.

Los exploradores aparecieron con el surgimiento de las primeras civilizaciones, algunos milenios antes de la era común, y aunque su método de trabajo fue cambiando, en el siglo XV les llegó su momento de gloria, al menos en Europa. Figuras como Vasco de Gama, Américo Vespucio o Cristóbal Colon contribuyeron enormemente al desarrollo del conocimiento en geografía, además de establecer nuevas alianzas mundiales y oportunidades de comercio. Estos acontecimientos fueron los padres de la edad moderna, caracterizada por el progreso, la comunicación y la razón, pero también por el poder. Al final, las hazañas de estos aventureros solía acabar en genocidios y explotaciones de recursos naturales, por lo que unos siglos después, el oficio se tornó algo más pacífico.

Un imprescindible del siglo XIX es David Livingstone, misionero escocés declarado como uno de los mayores exploradores de África. Realizó investigaciones de cartografía, botánica, zoología y antropología, siendo esta última especialmente relevante dadas las múltiples publicaciones que hizo contra el comercio de esclavos. Así, del mismo modo que el Dr. Livingstone tuvo objetivos muy distintos a los de Colón, los exploradores contemporáneos también modificaron sus estrategias de trabajo. Como la superficie terrestre ya estaba analizada, primero llegaron los exploradores de «lo muy grande», o en otras palabras, el universo. En el 1961, el héroe internacional fue el cosmonauta soviético Yuri Gagarin, primer humano que viajó al espacio exterior. Unos años después, En 1969, el estadounidense Neil Armstrong se convirtió en el primero en pisar la luna.

Actualmente, los exploradores conviven en su afán por describir y predecir el comportamiento de la naturaleza

Estos hitos históricos motivaron la aparición de unos nuevos exploradores, «los de lo muy pequeño», es decir, la física cuántica. Para ellos, la aventura no incluía tres carabelas o un globo aerostático: las incógnitas eran tan diminutas que podían estudiarse entre las cuatro paredes del laboratorio. Max Planck puso el primer ladrillo en el 1900 con la constante que lleva su apellido, utilizada actualmente para calcular la energía de un fotón. Albert Einstein propuso que la gravedad deforma la estructura del espacio-tiempo, y por eso la luz se curva cuando pasa junto a un objeto gigante. Además, otros científicos que también se adentraron en el mundo cuántico fueron Niels Bohr, Erwin Schrödinger y su gato, Stephen Hawking y Richard Feynman, quien dijo la famosa frase: «creo que puedo decir con seguridad que nadie entiende la mecánica cuántica. Simplemente relájense y disfruten».

Actualmente, exploradores de lo muy grande y lo muy pequeño conviven en su afán por describir y predecir el comportamiento de la naturaleza. Por otra parte, el asentamiento del ocio a través de las pantallas y el acceso a internet permitieron que el oficio volviera a la superficie terrestre, tal y como lo practicaron los antiguos. Ya no son señores conquistadores. Ya no surcan los mares en busca de tierras desconocidas. Ahora son aventureros divulgadores.

El naturalista Nacho Dean fue la primera persona en dar la vuelta al mundo caminando

Cualquier televidente español está familiarizado con programas de como Frank de la jungla, Callejeros o El hombre y la tierra, que acercan los misterios del mundo al público generalista. Sus protagonistas reproducen la profesión de Vasco de Gama, pero con todas las facilidades de nuestra época. Estas hazañas televisivas, de hecho, han derivado a las redes sociales, y uno de los grandes influyentes en este aspecto es, por ejemplo, Rubén Diez, más conocido como Lethal Crysis.

Tiene casi 4,5 millones de suscriptores en YouTube, donde publica videos que mezclan el documental, el cortometraje y el reportaje periodístico. Su contenido ilustra, por ejemplo, la vida en diversas tribus africanas, en barrios judíos ultraortodoxos o la industria del textil en Bangladesh. Otro mediático explorador español es el naturalista Nacho Dean, oficialmente la primera persona en la historia en dar la vuelta al mundo caminando y la primera en unir nadando los cinco continentes. Pero su peripecia no es capricho, ya que la razón de su compromiso con el riesgo es documentar el estado del planeta, aparte de concienciar de la importancia de cuidarlo.

En conclusión, los exploradores del siglo XXI ya no viajan con cruces y espadas. Tampoco lo hacen con el ánimo de apropiarse un territorio previamente habitado, pero sí dibujan nuevos mapas. Gracias a ellos estamos ampliando la geografía fuera de la atmósfera y muy dentro de ella, a nivel atómico. Con más suerte que los faroleros, ahí siguen, en el laboratorio o escalando nuevos montes, protegiendo especies de fauna y flora en peligro de extinción, y mostrando las atrocidades en rincones del mundo, incluso de nuestro propio país, a menudo invisibles.

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