Internacional

Las vacunas, todavía una carrera de obstáculos para los países de rentas bajas

Aunque COVAX –el mecanismo para acelerar el desarrollo de vacunas contra la covid-19 y garantizar un acceso equitativo a ellas– ha sido un intento muy loable de responder a la demanda de los países de rentas bajas, este se ha visto empañado (de nuevo) por financiación insuficiente, problemas de producción, retrasos en las entregas y unas estanterías vacías consecuencia del acaparamiento de dosis por los países ricos.

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26
Ene
2022

La semana pasada, COVAX, el mecanismo para acelerar el desarrollo y la fabricación de vacunas contra la covid-19 y garantizar un acceso justo y equitativo a ellas, anunció que había enviado 1.000 millones de dosis contra el coronavirus a países de rentas medias y bajas. Aunque muy por debajo del objetivo que se fijó al inicio de la pandemia de hacer llegar 2.000 millones en 2021, COVAX ha sido un intento muy loable para mejorar el acceso a las vacunas en estos países que se ha visto empañado por problemas en su diseño y aplicación y ha tenido que lidiar con una financiación insuficiente, problemas de producción, retrasos en las entregas y unas estanterías vacías consecuencia del acaparamiento de dosis por los países ricos.

La falta de una vacunación adecuada en los países de rentas bajas responde a varias causas. Estamos ante una carrera de obstáculos larga y compleja. Identifiquemos algunas de esas vallas y fosos.

En primer lugar, a pesar de que ya se han producido vacunas para administrar al menos una dosis a toda la población mundial, estas continúan llegando de manera escasa y tardía a países de rentas bajas, mientras que los de rentas altas se acaparan vacunas para cubrir terceras dosis y grupos exentos de riesgo. Mirando a futuras pandemias, pero también pensando en la actual, sería necesario un mecanismo coordinado de respuesta a las emergencias sanitarias globales que evite que algunos países hagan acopio de los limitados recursos mundiales. Hay que poner condiciones a la financiación pública y a la concesión de licencias no exclusivas; hacer públicos todos los contratos con transparencia en torno a los costes y los precios y promover la transferencia de tecnología para garantizar un verdadero reparto de los frutos de la innovación médica. En la actual pandemia, estamos siendo testigos de las profundas resistencias frente a la suspensión de la propiedad intelectual de la tecnología médica covid no solo de las vacunas, en discusión desde hace más de un año en la Organización Mundial del Comercio y bloqueada a pesar del apoyo de más de cien países.

Uno de los grandes retos para los países con presupuestos sanitarios muy limitados es la falta de fondos para cubrir los costes de las campañas de vacunación

Si se supera el primer problema, hay que sortear también el desafío de la corta vida útil de las vacunas. Incluso cuando se almacenan en las condiciones más estrictas posibles, la mayoría de las vacunas duran entre seis y siete meses, lo que significa que hay poco tiempo para su distribución y administración una vez llegan a un país. En ocasiones, las vacunas pueden llegar con menos de cuatro meses de caducidad, lo que significa que los sistemas logísticos deben trabajar con extrema rapidez para distribuir las vacunas allí donde se necesiten, y eso resulta especialmente difícil en las zonas rurales y remotas, y en sistemas sanitarios frágiles. La corta vida útil de las vacunas también complica el proceso de donaciones a COVAX, ya que hay poco tiempo para organizar su distribución.

Otro reto en los países de rentas bajas con presupuestos sanitarios muy limitados es la falta de fondos para cubrir los costes operativos de las campañas de vacunación. Es vital que la comunidad internacional, centrada principalmente en la adquisición de vacunas, apoye también la planificación y los costes directos: además de dosis, hacen falta otras cuestiones para llevar a cabo las vacunaciones. Son necesarias campañas de sensibilización e implicación de la comunidad, equipamiento médico, cadena de frío y fondos para montar equipos de vacunación y trasladarlos a zonas de acceso complicado. La difusión de información errónea y desinformación sigue siendo un factor crítico en esta pandemia y no se han dedicado los recursos adecuados para superar o prevenir las dudas sobre las vacunas.

Además de dosis, hacen falta otras cuestiones para llevar a cabo las vacunaciones: campañas de sensibilización, implicación de la comunidad y equipamiento médico

Por último, para añadir mayor complejidad al escenario, muchos fabricantes de vacunas han transferido la responsabilidad legal por los efectos adversos de las vacunas a los estados, o las ONG que realizan campañas de vacunación para personas que están fuera del alcance de los planes de vacunación de los gobiernos (afectadas por desastres naturales, conflictos o desplazamientos masivos). Para estos grupos, COVAX creó un Buffer Humanitario, una reserva de último recurso de vacunas, pero las entregas de esa reserva solo se pueden realizar si los fabricantes de vacunas aceptan la responsabilidad, algo que no ocurre. Las ONG pueden ser actores fundamentales en la administración de las vacunas, pero no se debe pedir a los estados ni a las organizaciones que asuman la responsabilidad de los riesgos de un producto que no han desarrollado, lo que podría disuadirles de participar en las campañas de inmunización con la consiguiente reducción, aún más, del acceso.

Teniendo en cuenta todas las complejidades mencionadas y la dificultad de alcanzar el 70% de personas vacunadas en países de rentas bajas a corto plazo, desde Médicos Sin Fronteras abogamos por propuestas pragmáticas para reducir la mortalidad y los casos graves. Tras dos años del inicio de la pandemia y un impacto desigual en la mortalidad en diferentes zonas del mundo, es necesario buscar respuestas específicas adaptadas a los contextos locales y priorizar la vacunación de los grupos de mayor riesgo, como las personas mayores o las personas con factores de comorbilidad frente a las vacunaciones masivas. Y para ello debemos retirar las barreras que están haciendo que está carrera de obstáculos se esté llevando por delante miles de vidas.


Raquel González es responsable de Relaciones Externas de Médicos Sin Fronteras y Carmen Terradillos es referente de Vacunas de Médicos Sin Fronteras.

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