Siglo XXI

«Las ciudades hoy ya no son para todos»

Fotografía

Alex MacNaughton
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15
Jul
2020
Saskia Sassen

Fotografía

Alex MacNaughton

La socióloga Saskia Sassen (La Haya, 1947) fue la primera experta en acuñar el término «Ciudad Global» en el año 1991. Esta holandesa políglota (habla cinco idiomas a la perfección), criada en Buenos Aires y residente en Nueva York encarna esa globalidad que analiza y estudia con devoción. Es Profesora de la Universidad de Columbia y miembro del Comité sobre Pensamiento Global de dicha universidad. En 2013 fue premiada con el Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales. Sassen defiende que los servicios de intermediación (bancos, despachos de abogados, consultoras estratégicas) son protagonistas en la configuración de la ciudad global al permitir que las grandes corporaciones puedan operar de manera global. Bajo este prisma desarrolló en 1991 su teoría basada en el estudio de tres ciudades icónicas del capitalismo occidental: Londres, Nueva York y Tokyo, que entonces eran los verdaderos centros de poder de la economía global digitalizada. Según la experta estos servicios de intermediación se nutren de un conocimiento cada vez más sofisticado, como los algoritmos matemáticos que solo los físicos de las mejores universidades del mundo son capaces de diseñar. Gracias a estos algoritmos, el sector financiero está logrando convertir edificios en lo que se conoce como asset-backed-securities, o sencillamente, activos financieros que contribuyen al encarecimiento de la vivienda y a la consiguiente expulsión de las clases medias y medias-bajas de las ciudades. Nos encontramos con Sassen mucho antes de que estallase la crisis del coronavirus, cuando la socióloga estaba embarcada en el inicio de un proyecto que pretende combatir los efectos –aparentemente perniciosos– del sector financiero: ‘La Ética de las Ciudades’.


Hace casi 30 años que escribiste tu trabajo Ciudad Global, ¿cuáles son tus reflexiones sobre el estado de las ciudades hoy?

Veo la ascendencia de los grandes actores económicos, especialmente del mundo de las finanzas y de los servicios altamente especializados, en el espacio urbano. Donde antes había clases medias modestas hoy se ven espacios de lujo –residencias, tiendas, restaurantes–; todo bello y muy caro. Veo que las clases medias modestas que solían vivir en el centro ahora tienen que hacer viajes largos para llegar a sus trabajos. Esto se complica aún más en los hogares de ingresos muy bajos. Cuando escribí el libro La Ciudad Global era una época en la que empezaba una nueva economía. Las tres ciudades sobre las que me enfoqué (Londres, Nueva York y Tokyo) eran casos de vanguardia y, por ende, hacían visible lo que no se veía fácilmente en ciudades menos poderosas. Pero a medida que la nueva estructura económica y espacial se hacía evidente y avanzaba se empezó a ver todo eso también en muchas otras ciudades, aunque no de forma extrema.

¿Cómo están reaccionando los representantes de fondos de inversión inmobiliaria cuando criticas de manera tan contundente la intermediación financiera como industria extractiva de las ciudades globales?

No les gusta. Algunos han tratado de convencerme de que no entiendo la contribución de los grandes empresarios de la vivienda. Imagino que algunos incluso me detestan. Pero ellos fueron los que ganaron: han pasado a controlar más y más espacio urbano, y han generado nuevas modalidades de vivienda para los de ingresos altos y también los de ingresos modestos. Lo que hay que aclarar es que no les interesa controlar toda la ciudad, al contrario, quieren solo los sectores de lujo y algunos un poco más modestos. Ambos pueden funcionar de manera que les genere plusvalía. Algunos resultados de esta dinámica son el auge de los precios o la explotación de edificios para familias modestas. Se diría que estos inversores financieros nunca pierden: quieren y logran el control de los edificios y de los precios.

«Los inversores financieros nunca pierden: quieren y logran el control de los edificios y de los precios»

En España tenemos ahora mismo un debate muy importante en torno a la cuestión del acceso a la vivienda, y a cómo se está encareciendo de manera desorbitada el alquiler. En el marco de este debate, ¿cuáles deberían ser los límites de la propiedad privada para que una mayor parte de la población pudiera acceder de una manera más sencilla a una vivienda?

Hay que luchar por el derecho a la vivienda. Los ricos pueden ayudar mucho más a hacer justicia y a garantizar el acceso a la vivienda de las clases modestas y pobres dentro de una ciudad. Es muy importante que ambos tengan ocasión de hacer reclamaciones que hagan hincapié en los derechos de la ciudadanía.

¿Quién crees que es más importante en las dinámicas de poder del siglo XXI, la alcaldesa de Barcelona o el presidente de España?

Bueno creo que tienen vectores operacionales muy distintos.

¿Qué piensas del nombramiento de tu compañero Manuel Castells como Ministro de Universidades? ¿No ocupa un lugar un tanto incoherente para alguien que ha cuestionado la nación-estado en el siglo XXI?

Creo que es un buen movimiento por parte del gobierno de España. Y no podemos ser puristas. Sí, aunque pueda contradecirse en algunos de sus textos, su posición aborda solo unos pocos aspectos del gobierno del país. Y precisamente puede marcar la diferencia en esos aspectos.

En términos de desarrollo urbanístico, ¿qué es lo que más te preocupa y lo que te genera más esperanza?

Lo que más me preocupa es que las ciudades ya no son para todos y que, además, a través de la matemática algorítmica lo que nosotros vemos como un edifico, en realidad funciona como activos. Eso significa que no necesitas habitantes en un edificio para extraer plusvalía. Este es un tema que he desarrollado mucho. Otro aspecto es el tema de las ciudades que se vuelven espacios para luchas armadas. Justo publicamos el libro Cities at War con Mary Kaldor de la London School of Economics. El libro se enfoca en ocho situaciones de guerra o de terrorismo en ciudades a través del mundo.

¿Cuál es tu propuesta concreta de ética para el desarrollo presente y futuro de las ciudades globales?

Buena pregunta: es el tema que estoy estudiando ahora en Ethics of the City, una obra que yo presento como un puzzle y que lo que viene a decir es que una ciudad inevitablemente va a tener mucha desigualdad y, por ende, va a necesitar trabajadores de todos los niveles. En la investigación que estoy haciendo me interesa entender cuál sería un proceso ético en esa situación. Es importante reconocer la cuestión ética aunque sea una ética imperfecta. Es decir, es una buena idea, pero muy difícil de llevar a la práctica.

«Las clases modestas antes vivían en el centro, ahora tienen que hacer viajes largos para llegar a sus trabajos»

Ante esa dificultad, ¿cómo trabajar de manera realista hacia esta ética de la ciudad global?

Confío en la necesidad: aunque los analistas urbanos nunca lo mencionan, hay una necesidad de toda una serie de puestos de trabajo modestos –los camiones que traen la papelería a las empresas, los que limpian las oficinas a la medianoche, etc–. En mi libro Expulsiones examino justamente toda esta serie de injusticias chiquititas que se van acumulando y terminan siendo catastróficas para más y más hogares de recursos modestos. El film Push es excelente en cuanto a este tema. Nos pidieron a mí y a Joseph Stiglitz participar con análisis, y creo que realmente valió la pena.

¿Qué acogida ha tenido Push en la sociedad civil y en la clase política? ¿Ha servido para catalizar un movimiento social y político en contra de esta tendencia especulativa?

Me temo que solo una muy pequeña porción de los habitantes de las grandes del mundo habrá visto la película, aunque afortunadamente el filme sigue viajando a más y más países a través del mundo. Lo que sí hay que reconocer es que cada vez se debate más sobre el tema, especialmente en las grandes ciudades del mundo occidental.

[Saskia comparte una foto de 1987 con la intelectual Susan Sontag] Qué suerte tuvo de vivir la época dorada de Nueva York…

Los comentaristas de la época creían que Sontag era odiosa, pero podía llegar a ser súper dulce como puedes ver en la foto. Nos veíamos mucho; fue un periodo en Nueva York muy especial. La ciudad estaba en banca rota, todo era barato y había artistas de todo el mundo en Manhattan.

Saskia Sassen y Susan Sontag

Saskia Sassen y Susan Sontag.

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