Derechos Humanos

De ‘sowei’ a activista contra la mutilación genital femenina

Kadiatu Fofanah y su nieta Isafu luchan en Sierra Leona por el fin de una práctica que todavía afecta a 1 de cada 20 niñas y mujeres en todo el mundo. Cada 6 de febrero, fecha en que se conmemora el Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, su activismo se hace aún más relevante.

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06
Feb
2020
mutilación genital femenina

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Kadiatu Fofanah y su nieta Isafu, de 15 años, están decididas a terminar con la mutilación genital femenina en su aldea y en todo el planeta. Abuela y nieta son soweis, esas mujeres encargadas de dirigir las prácticas de iniciación en las sociedades secretas que llevan a cabo, burlando en muchos casos las leyes, esta terrible práctica. Ambas han sido mutiladas. Las dos han practicado la mutilación a otras niñas.

Un brote de ébola hizo que Isatu perdiera a sus padres y le obligó a convertirse en sowei para ayudar a su familia económicamente. Sin embargo, todo cambió cuando asistió a un taller contra la mutilación genital femenina que le mostró los peligros que entraña esta práctica. Rápidamente, Isatu renunció definitivamente a mutilar a otras niñas. Así comenzó su vida de activismo, que pronto cambió, incluso, la mentalidad de su abuela. «No sé cuántos años tenía exactamente cuando fui iniciada en la sociedad de Bondo, pero era muy joven. Aunque no sabía absolutamente nada al respecto, poco después fui obligada a convertirme en sowei. Me agarraron y me dijeron que tenía que hacerlo», explica Kadiatu. Ahora, confiesa que está contenta de no tener que practicar la mutilación genital femenina a otras niñas. «Estoy muy orgullosa de Isatu, porque ella es la que me ayudó a dejar de hacerlo», cuenta. La anciana reconoce que, ahora, se moviliza junto a su nieta en una comunidad fronteriza de Sierra Leona y trabajan de manera conjunta con la comunidad local para que ninguna niña vuelva a sufrir las terribles consecuencias de esta práctica.

Kadiatu reconoce que es imposible cuantificar la cantidad de niñas a las que mutiló, pero recuerda la inquietud que sentía durante las ceremonias: «Cuando yo era la encargada de realizar el corte, hubo muchas ocasiones en las que tuvimos complicaciones. Algunas chicas se desangraban e, incluso, morían… Ahora que no soy la responsable de todos esos problemas, mi corazón está más tranquilo», relata.

«Cuando comenzó la campaña, la gente no escuchaba y decía que la sociedad Bondo debía ser protegida a cualquier precio», explica la anciana

La mutilación genital femenina está en retroceso en Sierra Leona gracias al trabajo y activismo de todas las niñas y mujeres que, como Isatu y Kadiatu, luchan y se movilizan para que millones de jóvenes no tengan que someterse a esta práctica. «Ha costado mucho tiempo que deje de practicarse. Cuando comenzó la campaña en contra de la mutilación, la gente no escuchaba, peleaban, y decían que la sociedad Bondo debía ser protegida ante todo y a cualquier precio. Pero las cosas están cambiando, la gente está empezando a escuchar», confiesa la anciana. Gracias a su trabajo, Kadiatu ha paralizado las ceremonias de mutilación de nueve jóvenes, además de las de todas sus nietas.

Después de que su nieta le abriese los ojos a un mundo en el que las niñas pueden llevar una vida normal y no tengan que ser sometidas a la mutilación genital femenina, Kadiatu cuenta que solo se junta con otras soweis para tratar de proteger a las niñas y mujeres. «La verdad es sienta muy bien ayudar a las chicas a tomar el control de sus propias vidas y a empoderarse», reconoce. Gracias a su trabajo, abuela y nieta han conseguido que se formen varios grupos que se movilizan en contra de esta práctica en su comunidad. Además, están cambiando a las soweis que, poco a poco, van negándose a practicar la mutilación. En un mundo en el que, según Naciones Unidas, más de 200 millones de mujeres han sido sometidas a algún tipo de corte genital, cada esfuerzo para acabar con esta práctica cuenta.

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