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La verdadera misión de la universidad, según Ortega y Gasset

La crisis de la universidad que muchas voces actuales denuncian fue ya señalada en 1930 por el filósofo José Ortega y Gasset. Una crisis, según él, provocada por el utilitarismo y la pérdida de peso de la cultura humanista en los estudios superiores.

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03
junio
2026

El mundo universitario fue el ecosistema en que fermentó el pensamiento del filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset (1883-1955). Si bien comenzó sus estudios en la Universidad de Deusto (Bilbao), los continuaría, hasta doctorarse, en la Universidad Central de Madrid. En esta misma institución se ocuparía de la cátedra de filosofía desde 1910 hasta 1936 en que, tras el estallido de la Guerra Civil, se exilió en París.

Pero antes de obtener la citada cátedra, el filósofo pasó dos años ampliando estudios en diversas universidades alemanas, desde Leipzig a Berlín pasando por Núremberg. Aquel periplo de aprendizaje tuvo mucha influencia en uno de los principales ensayos que escribió, Misión de la Universidad. Publicado en 1930, tan solo un año después de la obra capital de su pensamiento, La rebelión de las masas, aquel ensayo proponía una reformulación del espíritu y procederes de las instituciones de enseñanza superior.

Ortega y Gasset fue el máximo exponente en nuestro país del perspectivismo. Esta doctrina filosófica, que expuso por vez primera Gottfried Wilhelm Leibniz (1646-1716) y sería desarrollada por Friedrich Nietzsche (1844-1900), rechaza la existencia de hechos puramente objetivos. Al contrario, afirma que todos los campos del pensamiento están vinculados a la perspectiva individual de quien los desarrolla. Y fue desde este subjetivismo que el filósofo español planteó, en Misión de la Universidad, su particular hoja de ruta para restituir a dicha institución el sentido que, en su opinión, había perdido en el siglo XX.

Actualmente son muchas las voces que claman contra el rumbo meramente productivo que ha tomado la enseñanza superior y que parece abocarla sin remedio a otro reflejo de la competitividad social en que vivimos inmersos. Se impone la idea de que «los tiempos mandan». Y sí, es imposible desligar a la sociedad del hecho histórico, como reconocía Ortega, pero se hace imprescindible comprender este imperativo histórico como una conjunto de «tradicionalismo, actualismo y futurismo», según sus propias palabras.

El pensador criticaba cómo la visión periodística había deformado la vida «reduciendo lo actual a lo instantáneo y lo instantáneo a lo resonante»

A pesar de que la vida real es pura actualidad, el pensador criticaba cómo la visión periodística había deformado la vida «reduciendo lo actual a lo instantáneo y lo instantáneo a lo resonante». Los riesgos de seguir la deriva de la opinión pública habrían diluido la verdadera misión de las instituciones universitarias. La vida pública habría intervenido en la universidad cuando debería ser al contrario.

Este utilitarismo orientado a crear ciudadanos para el sistema es lo que percibió, el filósofo español, a su paso por las universidades alemanas, llegando a asegurar que no conoció allí a ningún buen profesor. En su opinión, los verdaderos docentes son aquellos que se convierten en transmisores de cultura de forma integral. Así, denunciaba unos estudios universitarios diseñados para conformar a estudiantes que saben mucho de una única disciplina, pero olvidan la cultura general necesaria para reintegrar a la sociedad la conciencia del tiempo histórico que le permita avanzar.

Instaba a que los estudiantes no perdieran tiempo en investigaciones vacuas y a que asimilaran los procedimientos intelectuales más eficaces para la profesión que habían elegido. Racionalizar la pedagogía, otorgando un papel preponderante a la cultura y reduciendo la investigación. Sintetizar y reducir el aprendizaje de cada disciplina al mínimo de cantidad y calidad que permita al alumno conformarse como sostén del progreso social.

En opinión de Ortega, la universidad había perdido el espíritu con que nació en la Edad Media. Llevada por la urgencia de los tiempos modernos, se había desentendido de explicar los procesos históricos que los habían conformado. Y para lograr que el estudiante pueda estar a la altura de su tiempo, consideraba que la universidad debe tener como función primaria la enseñanza de las grandes disciplinas culturales: física, biología, historia, sociología y filosofía.

Ortega y Gasset no olvidaba la importancia de la ciencia, pero reclamando que se limitara a la actividad práctica en que dará su estudio

Por supuesto, no olvidaba la importancia de la ciencia, pero reclamando que se limitara a la actividad práctica en que dará su estudio. Un estudiante de medicina no debería, por tanto, olvidar en ningún momento que su objetivo es curar pero, además, debe contar con una amplía cultura, porque de lo contrario, podrá ser un buen médico pero «todas las demás actuaciones de su vida o cuanto en la profesión misma trascienda del estricto oficio, resultarán deplorables».

Frente a esa factoría de la que, cada año, surgen miles de especialistas decididos a ocupar los cargos profesionales que demanda el mercado, Ortega proponía una universidad basada en el humanismo y la cultura. Hoy en día, que mucho se habla de crisis en el sistema universitario, no estaría de más analizar en profundidad las reflexiones que contiene Misión de la Universidad.

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