Opinión

Desaprender para reaprender

Los países ricos lo son porque supieron invertir generosamente en educación, mientras en otras naciones esperamos equivocadamente a ser ricos para invertir en ello.

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30
Jul
2019
educación

La ciudad de Doha acogerá en noviembre de 2019 la sede de la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación, WISE, por sus siglas en inglés; un encuentro que se publicita en algunos medios con el lema «UnLearn, ReLearn: What it means to be Human», seguido de una llamada a la participación: «Únete a 2.000 maestros, expertos y diseñadores de políticas públicas». Así que, como mero observador, un servidor va a registrarse a pesar de que la cosa puede salir por un pico, teniendo en cuenta lo carísima que es la vida en Qatar, que en noviembre la temperatura máxima en el emirato puede alcanzar los 40ºC y que además, uno no cree demasiado en el resultado de estas cumbres. Sin embargo, sí me interesa conocer la razón por la que el pequeño y riquísimo país  —que cuenta con el PIB per cápita mas alto del mundo— lo organiza casi todo, incluido el Mundial de fútbol 2022, marcado con sombras de corrupción todavía sin aclarar.

Como ‘reaprender’ (traducción libre al español de relearn) no es palabra que —salvo error— figure en el Diccionario de la Real Academia Española (RAE), lo primero que se me ocurre es recurrir a Antonio Machado y recordar aquello que, por boca de Juan de Mairena, don Antonio nos enseñó a propósito de la educación y el conocimiento: «A repensar lo pensado, a desaber lo sabido y a dudar de la propia duda, que es la única forma de empezar a creer en algo». Esta es una conseja que debería servir a los políticos españoles (y no solo a ellos,  porque al final, es toda la tribu la que tiene que educar) para que, de una vez por todas, fuéramos capaces de hacer tabla rasa de los planteamientos actuales y repensar todas las instituciones y planes educativos, y sus correspondientes derivadas. En vista de las recientes experiencias de cómo fracasan estrepitosamente nuestros políticos cuando se trata de resolver cosas, no va a ser fácil. Pero un servidor no cede y, coincidiendo con Ernesto Sabato, creo firmemente que hay una manera de contribuir al cambio, y es no resignándose. Y en ello estamos. Humildemente, se me ocurren tres principios para discutir en Doha cuando el calor apriete:

A.- Michael de Montaigne ya nos avisó en su Ensayos de la necesidad de formar las cabezas, no de llenarlas. Y Edgar Morin en La cabeza bien puesta nos habla de la necesidad de vincular los saberes y darles sentido, promoviendo y apoyando el ejercicio de la curiosidad, sembrando dudas sobre la propia duda y ayudando a los jóvenes para que sean capaces de traducir su saber en un constante ejercicio crítico y sean capaces de formarse, vía ejemplo, en valores.

La calidad sin equidad es elitismo, pero un sistema educativo que carece de calidad está condenado a la inutilidad

B.- Como nos recuerda el catedrático y exconsejero de Educación de Castilla y León, Fernando Rey, hay que crear sistemas educativos decentes, que garanticen la calidad y la equidad al mismo tiempo, porque la calidad sin equidad es elitismo, pero un sistema educativo que careciera de calidad estaría condenado a la inutilidad. «La equidad sin calidad es paternalismo». Y la buena escuela no la hacen las tablets sino los buenos profesores, y en ellos (y en su formación) deberíamos invertir generosamente.

C.- Para las Universidades ha llegado la hora del cambio: además de capacitar, de educar con decencia y de fomentar el estudio y la investigación, la Universidad tiene que ser, desde la independencia, la conciencia cívica, ética y social de los ciudadanos. En la época de la información, el conocimiento debe ser el bien central de las Universidades, la tarea heroica y hercúlea que describió Weber en La ciencia como profesión. Siempre ha sido y siempre va a seguir siendo difícil, pero no lo olvidemos: liderar es también educar. Lo he dicho muchas veces, pero creo que los países ricos lo son porque supieron invertir generosamente en educación. En cambio, en otras naciones con dirigentes más torpes, esperamos equivocadamente a ser ricos para destinar recursos a la educación.

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