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Vicios y virtudes de la filosofía de René Descartes

Si bien fue un pensador de altos vuelos, no se deben omitir los errores que cometió en su obra filosófica.

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27
enero
2026

No hace falta introducir extensamente a un pensador como René Descartes, pues, en efecto, trascendió por sus conocimientos filosóficos y matemáticos. No obstante, es frecuente que en la actualidad únicamente se haga apología de un autor o simplemente se alaben sus puntos positivos. Si bien fue un pensador de altos vuelos, no se deben omitir los errores que cometió en su obra filosófica, los cuales pueden ser señalados en tanto que pretendió dar un cambió a la dirección que debía tomar la filosofía como disciplina, a tal punto de llegar a ser considerado por algunos como padre o (al menos) uno de los precursores de la filosofía moderna. Por tanto, en el presente escrito, se identifican puntos clave de la genialidad y la penalidad de la obra intelectual cartesiana.

En primer lugar, está una forzada modestia. En su obra, el autor realiza una apología a la generosidad y a la humildad virtuosa, reconociendo que debemos aceptar nuestras limitaciones para acceder a la verdad, sin extenuarnos demasiado en encontrar las verdades trascendentales de la existencia. Lo cual parece de los más sensato. Sin embargo, critica fuertemente a Platón y Aristóteles,  en tanto que «lo único» que logran es darse cuenta de su propia ignorancia, recordando así a la clásica sentencia socrática: «sólo sé que nada sé».

Descartes argumentó que, por medio del sano juicio de la luz natural, es decir, por medio de la racionalidad innata, se podía llegar a conocer que el alma existe en tanto que es un elemento diferente del cuerpo. El afamado: cogito ergo sum («pienso, luego existo») marcó la pauta para tal afirmación. No obstante, el acto de pensar podría ser independiente del alma y meramente dependiente del cuerpo, por lo que tal dualismo entre alma y cuerpo solo sería una aproximación a la verdad, pero no la verdad revelada por el conocimiento intuitivo.

Descartes pretendió superar la etapa medieval de la filosofía y la escolástica. Pero entonces habría que preguntarse: ¿cómo es que, a partir de la humildad, Descartes se atrevió a comprobar la existencia del alma y de Dios? Y, aún más, ¿concluir que el alma se encontraba en la pequeña glándula del cerebro y que esta vibraba de acuerdo con la información recibida del cuerpo y por decisiones racionales del alma misma? Es claro que Descartes pasó por alto la diferencia entre opinión (doxa) y conocimiento (episteme), de los que Platón se refirió excelsamente.

Si bien Descartes habría tenido el derecho de declarar su opinión, es impropio para la filosofía promover este tipo de afirmaciones. Por ejemplo, cualquier persona podría decir que en la lengua se encuentra el alma, ya que por medio de ella podemos hablar y es en ese acto donde el lenguaje adquiere sentido lógico. Además de que es lo que nos diferencia de los animales, aunque no por ello, vamos a confiar en dicha sentencia carente de sustento.

Gran parte de la filosofía de Descartes se queda en el grado de opinión, pero no de conocimiento

Lo mismo podría decirse de sus afirmaciones acerca de la existencia de Dios, pues no porque podamos imaginar algo perfecto por medio del conocimiento intuitivo significa que un ser así en efecto exista. Y es que Dios tiene tantas posibles «comprobaciones o refutaciones» como opiniones tiene la gente. Por tanto, gran parte de la filosofía de Descartes se queda en el grado de opinión, pero no de verdad.

Esto se hace patente tiempo después con el desarrollo del pensamiento de un gigante de la filosofía: Immanuel Kant, quien refutó los argumentos ontológicos, cosmológicos y físico-teleológicos, negando así la verdad a los dogmáticos teístas y ateístas y diciendo que la cuestión divina es en última instancia una cuestión de fe afirmativa o negativa, pero no de razón.

Por supuesto, es innegable que Descartes tiene puntos importantes y verdaderos donde claramente fue un virtuoso. Por ejemplo, cuando consideró un método para esclarecer problemas donde la clave es partir de lo más simple para ir avanzando a lo más complejo. También cuando consideró a las matemáticas y la geometría como ciencias más precisas que la metafísica para el tratamiento de las problemáticas de la vida cotidiana por medio de la luz natural y el sentido común.

Su propuesta de unificación de conceptos usados en filosofía para hacer de esta una ciencia, lo cual, si bien es una propuesta tentadora y bastante interesante, en última instancia resulta desfavorable para el desarrollo de la pluralidad intelectual en todos los niveles; aunque esto no quita la brillantez de la propuesta.

El problema de Descartes no fue defender la unión entre cuerpo y alma, sino su dogmatismo al respecto y desacreditar filosofías que habían sido anteriores a la de él. Claro es que incluso en la actualidad todos deberíamos tener la certeza de que el cuerpo existe, pero ¿el alma? En efecto, puede existir o ser una simple fantasmagoría de nuestra imaginación por una finitud mal manejada. Como sea, para fines de llevar a cabo una filosofía seria, se deben dejar de lado dogmatismos en cuestiones trascendentales y optar por ser verdaderamente humildes y poder decir «mi propuesta puede ser verdadera debido a x argumentos, pero reconozco que puedo estar equivocado» en vez de descalificar lo anterior y querer instaurar la verdad individual como la verdad universal en cuestiones que, al menos de momento, están fuera de una auténtica comprobación.

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