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‘Running’ con Platón

Ahora se corre para tener mejor salud física y mental o para preparase para participar en competiciones lúdicas. Los pensadores griegos creían que había que encontrar un equilibrio entre lo físico y lo espiritual.

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02
enero
2026

Es habitual cruzárselos en las calles, en los parques o, si se vive en algún lugar con mar, en el paseo marítimo en el que se ha hecho un camino asfaltado para paseantes. Son los runners, que se lanzan a correr llueva, haga sol o se hayan desplomado hasta cifras de impacto las temperaturas. Se han entregado a una de las pasiones de la vida moderna, bautizada ya de forma global con el anglicismo running y difícilmente entendida para quienes observan desde fuera.

Según el Runnómetro 2025 de Runnea, el retrato robot del runner en España es el de un hombre (todavía es un mundo muy masculino, aunque aumenta cada año el número de corredoras) de entre 35 y 44 años. Correr está ganando terreno entre los de 18 a 24, porque lo ven como una buena idea para mantenerse activos y cuidar la salud física y mental. No se sabe cuántos runners hay en el mundo, porque no es fácil extraer estadísticas de algo que se hace como hobby y de forma personal. Sin embargo, algunos cálculos estiman que hay unos 600 millones de corredores a nivel global, que alimentan una industria multimillonaria.

Corremos para mejorar la salud física y mental, pero también por razones lúdicas o de superación

Pero ¿por qué se corre realmente? Los estudios de mercado coindicen en indicar que se busca la mejora de la salud física (ese «estar en forma») y mental (muchas personas en sus muestreos hablan de querer reducir los niveles de estrés), pero también elementos lúdicos o de superación, como participar en carreras. Ese fue el punto de partida para la escritora Andrea Marcolongo, experta en la Antigua Grecia y que, un día, decidió correr una maratón. No una cualquiera, sino la que hoy une Maratón y Atenas recordando a aquella que le dio nombre. En esa pregunta sobre qué lleva a la gente a correr, la experta acabó volviéndose hacia los pensadores griegos. Al fin y al cabo, de Grecia viene su prueba reina. ¿Pueden los filósofos de la Antigua Grecia dar las claves para comprender qué se espera de todas esas carreras?

Mientras corría, escribía. El resultado es El arte de correr (Taurus), que habla de la Antigua Grecia, pero también del mundo contemporáneo. Marcolongo se enfrentó a la paradoja de que «en una época que ha convertido la dejadez y la velocidad en un valor, el esfuerzo y la constancia requeridos por la preparación siguen siendo ineludibles y un obstáculo que no se puede sortear para alcanzar un objetivo». Todavía debes practicar cada día y durante un tiempo prudencial antes de lanzarte a correr los 42,195 kilómetros de una maratón.

Platón no escribió sobre running, aunque sí aseguró «que el deporte es el mejor “vehículo para el espíritu”», pero los pensadores griegos tenían opiniones sobre las prácticas deportivas y las valoraban. Marcolongo los fue siguiendo y, sobre todo, echó mano de Filóstrato de Atenas, el pensador griego que sí escribió a libro completo sobre deportes en su Perì gymnastikès. Lo hizo, eso sí, ya en la época romana, en 170 d. C. Quizás por eso no sorprende que, como cuenta Marcolongo, concluyera que «el principio del fin había que localizarlo en la flojera de los músculos de los griegos que eran contemporáneos suyos, espejo perfecto de sus pensamientos fútiles y fofos». La edad dorada de la Antigua Grecia se había apagado en medio de gente que no hacía deporte.

En la Edad Antigua no se usaban apps para guardar rutas, pero sí se corría. Se corría por competición, donde lo importante no era medir los tiempos, sino ser el primero. En Egipto «existía una ley según la cual el que llegara segundo en una competición tras haber sido proclamado ya vencedor la vez anterior era merecedor de la pena de muerte». La antigua Grecia tenía sus Olimpiadas y otras competiciones (como las de Hera, para mujeres).

Platón habla de la educación intelectual y la física como las dos artes que posibilitan «un ajuste armonioso»

Además, se veía la importancia del movimiento aplicada a otras cuestiones. Con un criterio belicista, se veía el deporte como algo conectado con la preparación de la guerra. Filóstrato creía que esos contemporáneos suyos «se habían vuelto perezosos a falta de campañas militares como las de la época gloriosa de Aquiles y Héctor».

Pero también se entendía la propia importancia del cuerpo que no era, como explica la investigadora, solo un contenedor del alma como se ha asumido en los últimos dos mil años. Platón, en República y poniéndolo en boca de Sócrates, habla de la educación intelectual y la física como las dos artes que han dado los dioses al ser humano y que posibilitan «un ajuste armonioso». En cierto modo, todo esto entronca con la corriente ilustrada. Marcolongo recuerda como la Revolución Francesa puso en valor la educación física dentro de la formación que se daba a los niños, porque «solo un pueblo sano y robusto, no ya enclenque y hambriento, puede aspirar a la emancipación completa».

Volviendo a la antigua Grecia, Marcolongo explica que «el primer liceo de la historia», establecido por Aristóteles cerca del santuario Apolo Licio, era «peripatético, porque preveía largas discusiones filosóficas en movimiento». Estudiantes y profesores caminaban y caminaban mientras trataban los temas.

En cierto modo, todas estas cuestiones tienen un cierto eco en el modo en el que quienes corren ven ahora mismo al running. «El acto de correr tiene para mí algo que ver con mi terror a envejecer», reconoce Marcolongo, pero la carrera también le permite sentirse viva y conocerse mejor. Es una suerte de mindfulness (por existir existen ya corrientes que hacen meditación corriendo).

Lo curioso es que el running moderno no tiene tanto que ver con el equilibrio de Platón o las recomendaciones de Filóstrato (que estaba convencido de que cuando hacías deporte comías mejor), sino del movimiento hippie de los años 60. Fue en esa década cuando aparecieron los primeros corredores, a los que se tomaba por un tanto locos. Correr se vinculaba a la contracultura. «El running se convirtió de hecho en una pretensión de emancipación capaz de condensar tanto el movimiento ecologista como el feminista», escribe Marcolongo.

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