ENTREVISTAS

Garry Kasparov

«Tenemos que convencer a los rusos de que el imperio ha muerto»

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Carlos Osorio
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16
febrero
2026

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Carlos Osorio

Garry Kasparov (Bakú, URSS, 1963) aprendió muy pronto que la clave del ajedrez no es mover piezas, sino anticipar al rival. Durante décadas fue «el ogro de Bakú», el prodigio gruñón que desafió la disciplina soviética, el campeón que veía las jugadas de Anatoli Karpov casi antes de que Karpov las imaginara. Lo demostró frente a los grandes maestros humanos y también frente a la máquina. Su pulso con Deep Blue no fue solo un duelo técnico, sino una declaración de principios: Kasparov quería entender el futuro antes de que el futuro lo entendiera a él. Ese mismo sentido para anticipar lo que va a pasar ha marcado su vida fuera del tablero. Cuando abandonó la competición y se convirtió en opositor al Kremlin, muchos pensaron que exageraba. Pero mientras Putin consolidaba su poder, Kasparov llevaba años avisando de que Rusia entraba en una deriva autoritaria que no se detendría en sus fronteras. Desde el exilio, su voz ha sido una de las que insistió en que Ucrania sería el objetivo central y que Europa pagaría caro cualquier gesto de complacencia.


Usted supo adelantar las jugadas de Anatoli Karpov en el tablero de ajedrez y las de Vladímir Putin en Rusia y Ucrania. ¿Qué es lo que pretendía Putin en realidad en 2022 y qué es lo que pretende ahora? ¿Cuál va a ser su próxima jugada?

Gané en 1985 y ese fue el año en el que llegó Mijail Gorbachov, y había crecientes esperanzas. Y creo que mi victoria sobre Karpov también contribuyó a las esperanzas de muchas personas en la Unión Soviética, porque Karpov era uno de los símbolos del sistema, y yo era un símbolo del cambio. Tuve muchos obstáculos en mi camino porque también tuve que luchar contra el sistema, que quería proteger a Karpov. Pero tuvo un efecto psicológico muy importante, porque la lucha contra los dictadores, la lucha por la libertad, necesita símbolos. Y esa victoria fue simbólica. Pero los dictadores no juegan al ajedrez porque el ajedrez es un juego en el que tenemos un 100% de información disponible. Sabemos exactamente lo que puede utilizar nuestro oponente. No sabemos cuáles son sus planes, pero sí cuáles son las herramientas que tienen, los recursos que pueden utilizar en contra de nosotros. Los dictadores suelen jugar al póker, donde pueden ir de farol. Putin lleva jugando de farol veintitantos años y sigue ganando, no porque tenga una mano fuerte sino porque la otra parte sigue barajando. La partida de hoy no se juega según las reglas. Hay valores, hay principios, y en cada lado tenemos distintos criterios de victoria. Pero es un juego impulsado por la moralidad. Tengo que jugar el juego, si se me permite llamarlo así, participar en el juego. Tengo que continuar mi lucha porque eso es lo correcto.

«Los dictadores no juegan al ajedrez porque es un juego en el que tenemos un 100% de información disponible»

¿Cuándo detectó esa deriva autoritaria de Putin que conduciría a la guerra?

La gente me pregunta: «¿Cómo sabías todo esto?». Y mi respuesta es muy fácil: escucho a Putin. Es siempre muy coherente. Igual que cualquier dictador antes que él, siempre habló abiertamente sobre sus ideas y sobre sus planes. Mein Kampf se publicó en 1925. Adolf Hitler no era nadie. Tenía un pequeño partido nacionalista en Alemania, era poco realista pensar que iba a llegar a la cumbre de la política alemana. ¿Y por qué supe que Putin seguiría este camino? Porque vi un tipo de la KGB que asumía el poder en Rusia y decía: «Una vez que se es de la KGB, siempre se es de la KGB». Y lo primero que hizo Putin como presidente de Rusia fue restaurar el himno soviético. El himno es un símbolo, pero los símbolos son muy importantes, elementos muy importantes para cualquier dictador. Esa también fue una señal. Y en 2005, si teníamos cualquier duda, en la sesión conjunta del Parlamento y del Senado, hizo la declaración más clara sobre sus planes futuros: que la caída de la Unión Soviética fue la peor catástrofe geopolítica del siglo XX. Bueno, no se puede decir más claro. Dos años más tarde, en 2007, mirando directamente a los ojos de los líderes del mundo en Múnich, dijo que la OTAN tenía que volver a las fronteras de 1997 y que había que hacer un retroceso y dejar a las naciones bálticas, Polonia y demás a merced de Rusia. Lo que hizo en 2021 fue repetir ese ultimátum y lo reforzó con un cuarto de millón de soldados en la frontera ucraniana. Eso fue simplemente una materialización de sus planes, pero es algo que no ocurre de la noche a la mañana.

¿Cree que sus planes de destruir Ucrania siempre estuvieron ahí?

Hitler en 1923 no fue el mismo que el de 1927. Los dictadores no se preguntan por qué, sino por qué no. Putin descubrió que podía hacer muchas cosas. En 2008, atacó la República de Georgia y la Unión Europea estaba muy ocupada buscando a quién echarle la culpa. Se creó incluso una comisión para ver de qué manera se podía no echar la culpa exclusivamente a Putin. Putin quiere restaurar la influencia rusa. No estamos un paso por detrás de Putin, sino dos guerras por detrás de él. La gente tiene miedo de que empiece la Tercera Guerra Mundial, mientras que Vladímir Putin ya está en la Cuarta Guerra Mundial. La visión histórica de Putin es que la Tercera Guerra Mundial fue la Guerra Fría y la perdió el imperio soviético. Y ahora quiere tomarse la revancha. Como sabe que su poder militar no es suficiente para un conflicto directo con la OTAN, utiliza otros medios. Es una guerra híbrida, porque Putin no es un dictador militar, es un dictador de la KGB. En todos los países —no sé en España— hay grupos políticos poderosos que están financiados directamente por Rusia o que tienen algún tipo de colaboración con los lobbies de Putin.

«Los dictadores no se preguntan ‘por qué’, sino ‘por qué no’»

¿Cuál fue el principal error que cometió en Ucrania?

Me molesta cuando dicen que cometió un error invadiendo Ucrania. Fue una invasión a toda escala.

¿Por qué lo hizo?

Porque creía que podía hacerlo.

¿Se equivocó?

No, no se equivocó al anticipar la reacción del mundo occidental: todo lo que podían ofrecer era ayuda para que escapase Volodímir Zelensky. Pero igual que todos los dictadores anteriores, Putin cometió un error. Subestimó la voluntad de la gente libre que está dispuesta a morir por su libertad. Esta guerra no va a acabar mientras Putin esté en el poder. Rusia no la va a parar a menos que Putin muestre una victoria brillante. Incluso en ese caso no estoy seguro, porque traer de vuelta a Rusia a más de un millón de personas que no saben nada más que matar gente, que ya ha mostrado una crueldad inhumana en Ucrania… No, eso no va a suceder. Mientras tenga recursos, va a seguir con la guerra de una forma u otra.

Usted ha insistido en que los planes de Putin empiezan en Ucrania y seguirán en Europa.

Esta guerra no va a terminar en Ucrania. Esta es una guerra no solo para destruir Ucrania —que es uno de los planes, porque Ucrania no existe en el mundo de Putin—, es una guerra contra la Unión Europea, contra la OTAN, contra Estados Unidos. Es una guerra para cambiar el orden mundial liberal, lo ha dicho él mismo. Por si tenemos alguna duda sobre si Putin quiere la paz o no: Trump ya le ha ofrecido muchísimas cosas, lo inimaginable, y Putin lo ha rechazado porque no quiere acabar con la guerra. Cada día que Europa disfruta de un amanecer o un atardecer en paz es porque los ucranianos simplemente se enfrentan a misiles rusos y drones rusos. Y no es que Europa no tenga recursos: hay recursos. Europa tiene incluso ejércitos. Pero no están listos o dispuestos para enfrentarse a Rusia. Hay mucho que se puede hacer que no se ha hecho. Y solo espero que Europa deje de quejarse de su impotencia y comience a actuar.

En muchas ocasiones le he escuchado decir que es más barato parar a los agresores pronto que hacerles frente cuando ya son fuertes. ¿Qué es lo que no ha entendido Donald Trump respecto a Putin?

Cuanto antes nos enfrentemos al dictador, mejores serán las oportunidades. Porque todos los días va subiendo el precio. La filosofía de Trump es muy simple. Todo lo que hace Trump persigue dinero y gloria personal. Y no quiere estar en el lado perdedor. Su animosidad frente a Zelenski en la primera reunión de la Casa Blanca era porque él creía que Zelenski perdía y Putin iba ganando. Pero al final del verano Trump mira el mapa y ve que Putin no gana y Ucrania eliminó varias refinerías rusas. Kiev no está perdiendo la guerra.

«Trump trata de desmantelar los equilibrios clave; es necesario que los estadounidenses despierten»

Ha pasado un año desde que Donald Trump ganó las elecciones. ¿Ve algunos paralelismos entre lo que está pasando en Estados Unidos en este momento y lo qué pasó en Rusia en los años 90?

La democracia estadounidense no es tan débil como era la rusa. Creo que hay paralelismos en la historia en los que hay que ser cautelosos. En Estados Unidos hay cientos de años de tradición del Estado de derecho. Pero no es a prueba de balas, la democracia en Estados Unidos es un muro que no se puede demoler. Y Trump ha estado trabajando agresivamente para desmantelar los controles y equilibrios clave. Creo que no tendrá éxito, pero es necesario que los estadounidenses despierten. Y me parece que el país está despertando.

¿Está Rusia predestinada a ser una dictadura siempre o puede ser un país de fiar? ¿Esta es la guerra de Putin o es la guerra de los rusos?

La guerra para Putin es un elemento fundamental de la vida rusa. Desde el Gobierno hasta el jardín de infancia, se les enseña a los niños de cinco o seis años a odiar Occidente, a Ucrania. Es propaganda a todos los niveles. La guerra es un fetiche. No podemos hacer una evaluación correcta de lo que ocurre en Rusia a menos que entendamos el código genético, la memoria genética. La mentalidad rusa tiene un elemento muy fuerte que es imperial. Es un código, aunque yo diría que es un virus. Está muy asentado. Rusia sigue siendo un imperio: incluso la gente que tiene ideas liberales no puede dejarlo atrás. Por eso, cuando hablamos de la guerra en Europa Oriental, es muy difícil comprender las consecuencias en España, en Francia o en Italia. Cuando hablamos a los finlandeses o a las naciones bálticas, a los rumanos o polacos, ellos tienen su memoria genética. Miremos los últimos doscientos años: en cualquier momento en el que Rusia ha tenido éxito en una guerra, el régimen se reforzó. Cada vez que Rusia perdió, esto llevó a cambios muy importantes, a revoluciones: da igual que en el poder esté un zar, los bolcheviques o Putin.

Las victorias fuera ayudan a congelar el tiempo dentro…

Podemos ver que en 1853 fue el inicio de la primera guerra de Crimea. Y acabó muy mal para Rusia, porque vinieron Gran Bretaña y Francia y vencieron al zar. El resultado ayudó dentro de Rusia. Después, Alejandro I, por desgracia, con la victoria de Napoleón, evitó las reformas, pero Alejandro II hizo las reformas más profundas y liberales de la historia de Rusia. Después, la guerra ruso-japonesa, otra derrota, y así fuimos hacia una monarquía constitucional, con el primer Parlamento ruso. Primera Guerra Mundial, también una derrota, y fin de la monarquía. Con la Segunda Guerra Mundial, una victoria: más estalinismo. Putin quiere repetir ese éxito, y la única vía para que termine la historia imperial rusa es destruir el virus imperial, que sigue estando asentado en la profundidad de la psique rusa, y no puede hacer nada más que la terapia de choque de la bandera ucraniana ondeando en Sebastopol. Tenemos que convencer a los rusos, a los del norte, a los del medio, al ruso de Siberia, de donde sea, de que el imperio ruso ha muerto.

 «Solo la derrota del régimen de Putin en el campo de batalla devolverá la esperanza»

¿Por qué fracasó la transición en Rusia?

Teníamos mucha energía positiva. Desafortunadamente, olvidamos lo más simple: el mal no muere. El mal siempre, de alguna manera, sobrevive, incluso en la forma de microbio, pero siempre sobrevive. Ese mal pudo estar enterrado bajo los escombros del Muro de Berlín por un tiempo. Pero, cuando relajamos nuestra vigilancia y nos volvemos complacientes, brota de nuevo. Y también podemos culpar a Rusia. Y no me excluyo, asumo mi propia responsabilidad por no entender que las reformas en Rusia no podrían completarse sin eliminar la naturaleza imperial del Estado. El comunismo era malvado, pero también era una especie de techo, una tapadera para un mal mucho mayor. No diría un mal más grande, sino mucho más antiguo: la mentalidad imperial, una estructura imperial del Estado. Y hoy estamos pagando el precio de ser complacientes y también porque el mundo libre ignoró la amenaza de la creciente dictadura de Putin. Y ahora no hay otra forma de ofrecer esperanza a Rusia que asegurarse de que Ucrania gane. Sobre el pueblo ruso y la forma en que perdieron su confianza en la democracia… Es una historia muy larga, pero creo que nunca hubo una creencia genuina en la democracia como institución. Muchos rusos vieron la democracia como la forma de mejorar los niveles de vida. Las tiendas se llenaron de productos y de variedad de alimentos. No importaban los derechos humanos, sino la capacidad para viajar al extranjero. La democracia de Rusia siempre fue una capa muy superficial. Debajo todavía estaban las antiguas fuerzas del odio y los sueños imperiales con los que Putin jugó muy bien. Los cocinó como una mezcla explosiva. Y solo la derrota del régimen de Putin, la derrota definitiva en el campo de batalla, devolverá la esperanza.

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