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La Selección, Bildu, Rufián… y el realismo mágico

El PP de Bilbao se encargó de organizar la fiesta y de poner una gran pantalla para que la gente pudiera ver a España ganar su segundo mundial de fútbol. Aun así, como habréis visto, los cachorrillos de ETA fueron allí, como a otros tantos sitios del País Vasco y Navarra, a agredir a quienes estaban disfrutando del partido.

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21
julio
2026

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Quizá porque tuve la suerte de leer a tiempo a Ortega me convencí, mucho antes de esta nueva ola de fanatización ideológica, de que eso de ser de izquierdas o de derechas no era otra cosa que una forma de hemiplejia moral. Quizá fue ahí cuando empecé a convencerme de que las propuestas políticas que más merecen la pena son las que mezclan, alejadas de cualquier forma de pureza, ideas propias del liberalismo y de la socialdemocracia. Y quizá porque no soy un votante cautivo, y suelo votar a partidos de distinto color político, que van del centro izquierda al centro derecha, puedo decir sin pestañear que menos mal, copón, que el Partido Popular está presente y compite en el País Vasco, donde el virus del nacionalismo aún recorre las calles con pasamontañas.

Durante décadas, los políticos del PP y del PSOE se enfrentaron con dignidad a los asesinos de ETA, incluso gobernaron juntos contra ellos, motivo por el cual algunos siempre defenderemos que las grandes coaliciones sí son posibles en España. Algunos de esos hombres buenos dieron su vida, otros sufrieron graves atentados y otros fueron perseguidos y hostigados, junto con sus familias, por defender la democracia en España. Tengo la suerte de conocer y ser amigo de algunos de los héroes que sobrevivieron al terror de esos años. Cuando les oigo y les miro a los ojos tengo muy presente que gracias a ellos pudimos derrotar a ETA. Y a nadie le tengo tanto respeto.

Durante décadas, los políticos del PP y del PSOE se enfrentaron con dignidad a los asesinos de ETA, incluso gobernaron juntos contra ellos

Todo eso fue hace dos telediarios. La memoria de ese sufrimiento y de ese coraje –que no se vieron en otras terminales políticas que hoy nos sermonean constantemente– debería estar muy presente en la generación a la que pertenezco. Una generación que, como decía, ha disfrutado de ese y otros sacrificios y de las enormes ventajas de esa gran etapa de progreso social y económico que fue nuestra transición política. Es verdad que esa memoria parece que se está evaporando en muchos de mis coetáneos, y no digamos ya en las generaciones posteriores, que han sido víctimas de una suerte de amnesia selectiva dictaminada por algunos agitadores del 15-M (donde, todo sea dicho, además de esos pocos pero decisivos agitadores, había mucha gente bienintencionada, aunque quizá, como hemos visto, demasiado ingenua o poco instruida).

La cosa es que ahora que Bildu crece gracias, en buena medida, al apoyo de Pedro Sánchez, en ciudades como Bilbao ha sido el PP, que como sabemos no gobierna la ciudad, quien ha corrido con los gastos y ha dispuesto una pantalla gigante en una céntrica plaza para que fuese posible algo tan normal como que los españoles pudieran ver a su Selección sin tener que esconderse. Se agradecen de veras estos gestos de valentía democrática entre tanto cobarde y tanto bobaina disfrazado de progresista… No quiero ser pedante, pero ¡cómo vais a ser progresistas, coño, si no habéis leído a Kant ni sabéis quién es Rawls y pensáis que Habermas es una marca de neveras de diseño!

Es Rufián un caso digno de estudio: a pesar de de sus ínfulas, despierta muchísimas simpatías

El caso es que el PP de Bilbao se encargó de organizar la fiesta y de poner una gran pantalla para que la gente pudiera ver a España ganar su segundo mundial de fútbol. Aun así, como habréis visto, los cachorrillos de ETA fueron allí, como a otros tantos sitios del País Vasco y Navarra, a agredir a quienes estaban disfrutando del partido. Resultan alucinantes las imágenes de Esther Martínez, candidata del PP en la capital vasca, defendiéndose con tanto brío y denuedo de la nueva ola de proetarras. En un país que conservara la decencia ahora todos esos analfabetos abertzales estarían siendo detenidos y se les aplicaría sin contemplaciones la ley antiterrorista. Pero mucho me temo que se irán de rositas. Ahí está, como siniestro líder de la banda, Arnaldo Otegi, un etarra condenado que debería estar inhabilitado y a quien Zapatero —ahora hasta el cuello por sus corruptelas– presentaba en sociedad como un «hombre de paz». Mucho me temo que al final, qué tristeza, conseguirán hacerle lehendakari.

Mientras, Gabriel Rufián, que es el mejor parlamentario que hoy día tiene a su servicio Pedro Sánchez, suelta otra de sus perlas en X: «Miles de personas en Euskadi y Catalunya animan a la Selección española simplemente porque está llena de vascos y catalanes y porque (aún) no pueden animar a la Selección vasca y catalana». Es Rufián un caso digno de estudio: a pesar de sus ínfulas, de su superioridad moral y de ser, no nos olvidemos, el representante más mediático de una propuesta política basada en el supremacismo y en la ruptura de la convivencia, despierta muchísimas simpatías. Un independentista de raíces andaluzas, espléndida oratoria y dotes de estrella dispuesto a liderar el espacio político nacional que está a la izquierda del PSOE solo es concebible en nuestra España invertebrada.

Pero ahora, venga, decídmelo de verdad: ¿no os parece realismo mágico que estos sean los socios del Gobierno de España?

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