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El poder de ayudar a los amigos

Cuando prestamos ayuda, expresamos nuestra confianza y fe en el otro. Así lo han visto Pablo d’Ors y Simone Weil, entre otros pensadores.

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21
enero
2026

Cuando ayudamos a otra persona no solemos pensar en el significado que tiene ese acto. Esa ayuda, que puede resultarnos mínima o bastante natural a simple vista, conlleva una posibilidad de creencia en el otro, de tener la certeza de su potencial.

La frase «ayudar a otro es creer en él» del escritor Pablo d’Ors, sacerdote y autor de obras como Devoción, Los contemplativos o Biografía de la luz, resume el poder de la ayuda. Según d’Ors, «si crees en alguien, le das la posibilidad de creer en sí mismo. Le das tu energía para que crea, para que tenga confianza en sí mismo».

Este tipo de creencia no surge de la nada, sino que nace del respeto y de la empatía, de reconocer que el otro tiene el mismo valor que uno mismo y que merece ser ayudado, al igual que cada uno de nosotros merece ayuda cuando la necesitamos. La voluntad de prestar ayuda es una de las características de la amistad, y según la filósofa Simone Weil en una de sus reflexiones recogidas en el libro La amistad, esta «consiste en amar a un ser humano como se querría amar a toda la humanidad. Así como un geómetra observa una figura particular para deducir las propiedades universales del triángulo, también quien sabe amar dirige sobre un ser humano particular un amor universal».

Simone Weil: «La amistad consiste en amar a un ser humano como se querría amar a toda la humanidad»

La ayuda es un acto de fe en la capacidad de los demás. Cuando ayudamos, confiamos en la posibilidad del otro en salir adelante, en amarlo como querríamos a toda la humanidad, y dejamos de lado nuestro egoísmo para acompañar a quien precisa de nuestra ayuda. Se origina una relación empática, donde nos identificamos con el otro.

La filosofía del otro de Simone Weil ha sido mencionada y estudiada por otros pensadores. De acuerdo con el pensador Byung-Chul Han en Sobre Dios: Pensar con Simone Weil, «tanto la empatía como el respeto se basan en la atención al otro. La sociedad se embrutece cuando pierde esa atención al otro. La carencia de este tipo de atención genera también un incremento de la violencia». Al ayudar, escuchamos al otro en la confianza más absoluta. Sin embargo, si nos dejamos llevar por el individualismo, si dejamos de confiar en nuestra capacidad para acompañar y a ayudar al otro, empeora la sociedad porque se pierde la posibilidad de creer en la mejora del otro; no se piensa en la creencia en el otro, sino únicamente en la de uno mismo.

La confianza en el otro es un principio básico para que el grupo funcione

Cuando se valora más el éxito individual que el esfuerzo colectivo, se pierde la capacidad de creer en los demás, que sí refuerza el poder de apoyarnos en otros para salir adelante. La fe en el otro es imprescindible en la comunidad; la confianza en el otro es un principio básico para que el grupo funcione, puesto que los lazos entre las personas se fortalecen cuando sienten que lo que pueden aportar importa. Entre los ejemplos de la ayuda al otro en una comunidad, podemos pensar en un profesor que confía en el talento y en la capacidad de un alumno, un amigo que escucha a otro sin juzgarlo o un familiar que apoya a otra persona del mismo núcleo familiar para salir delante.

No obstante, no debemos confundir la ayuda con la dependencia. La ayuda nace del reconocimiento de la dignidad del otro, de la fuerza que estimamos que tiene el otro para salir de una situación difícil. Retomando las palabras de Pablo d’Ors, esta situación difícil a veces «es una mala comprensión de la realidad, un sentimiento equivocado», puesto que «lo que nos hace sufrir es una ilusión». La ayuda requiere paciencia, ya que es posible que el otro no sepa que sufre por algo irreal y distorsionado, respeto por los tiempos ajenos y la aceptación de que cada persona tiene su propio ritmo a la hora de superarse.

En conclusión, creer en el otro cuando lo ayudamos es más que un gesto solidario: se trata de declaración de fe en el ser humano. Como han expresado Pablo d’Ors y Simone Weil, preocuparnos, ayudar y tenderle la mano a los demás es creer y confiar en la potencia del otro para mejorar tanto la individualidad como, y, sobre todo, la colectividad.

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