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Pensamiento

Estos son algunos de los pensadores más influyentes en la actualidad

Estas nueve mentes han contribuido a perfilar muchas de las políticas sociales y económicas de las sociedades vigentes. Conceptos como justicia social, género, hiperconectividad o dataísmo que este destacado elenco ha pensado y reformulado ajustándolos a las circunstancias de hoy.

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17
septiembre
2026

Poner coto a los pensadores más destacados de nuestro tiempo es ardua tarea. Pero si algo no se puede discutir es que estas nueve mentes han contribuido a perfilar muchas de las políticas sociales y económicas de las sociedades vigentes. Conceptos como justicia social, redistribución de las riquezas, lenguaje, género, hiperconectividad o dataísmo que este destacado elenco ha pensado y reformulado ajustándolos a las circunstancias de hoy.

Por eso, sus nombres siempre aparecen, de una forma u otra, en los debates sobre política, economía, sociología, tecnología —o, incluso, religión— que se tercien.

Noam Chomsky (Filadelfia, Estados Unidos, 1928)

Los humanos poseemos un sentido innato de la gramática lingüística que se antepone a cualquier aprendizaje social. Por este motivo, afirma uno de los más relevantes —y longevos— pensadores de nuestro tiempo, podemos aprender diferentes lenguas desde jóvenes, por muy complejas que sean.

Sin embargo, la fama de Noam Chomsky no se debe a su teoría de la gramática universal, sino a su implacable ataque al imperialismo estadounidense y la globalización. Desde su punto de vista, la dinámica globalista y el capitalismo neoliberal —incluidas las diversas intervenciones militares— impulsados por las distintas administraciones de su país son el origen de buena parte de los problemas del mundo, pues lo único que hacen es acrecentar cada vez más las diferencias sociales y erosionar los derechos democráticos de las personas. Para combatirlos, Chomsky siempre ha defendido democracias más directas y participativas que, ante todo, fomenten el pensamiento crítico de sus ciudadanos y frenen la exorbitante competitividad imperante.

Peter Singer (Melbourne, Australia, 1946)

Corría el año 1975 cuando Peter Singer publicó Liberación animal, un libro que cuestiona cómo las sociedades modernas tratan a los animales. Desde su punto de vista, estos no son meros objetos o herramientas de trabajo, sino «seres sintientes». Su tesis se basa en la defensa de la igualdad como principio moral: que un perro no tenga derecho al voto no quiere decir que pueda ser torturado. La capacidad de sentir dolor y sufrir, esgrime el filósofo australiano, es el límite por el cual debemos otorgar consideración moral a un ser. Esto lo llevó a ampliar la categoría de sujetos de derecho para incluirlos en ella y su obra pasó así a convertirse en una especie de biblia para los defensores de los derechos de los animales.

Heredero del principio utilitarista de John Stuart Mill y Jeremy Bentham —según el cual el objetivo de la ética debe ser reducir el sufrimiento global y maximizar el bienestar—, Singer da un paso más y desarrolla su «utilitarismo preferencial»: las acciones de los individuos deben considerarse moralmente en función de su capacidad para satisfacer los intereses de los seres a los que afectan. Hoy, en el campo de la bioética, defiende el aborto o la eutanasia, pues, desde su punto de vista, el criterio que debe prevalecer es el bienestar y la reducción del sufrimiento por encima de la vida en sí misma.

Martha Nussbaum (Nueva York, Estados Unidos, 1947)

¿Y si el concepto de «vivir bien» estuviera basado en el florecimiento del ser humano —entendido como una vida digna y plena—, en vez de solo en la riqueza y el placer? Partiendo de Aristóteles —para quien la vida buena no era solo vivir felizmente, sino de forma plena—, Martha Nussbaum se pregunta cómo conseguir que todas las personas (no solo las más pudientes) puedan crecer y florecer. Junto al pensador Amartya Sen, desarrolla su famoso «enfoque de las capacidades», un modelo que mide la capacidad de cada individuo para hacer y ser en base a la libertad de la que dispone. Es decir, qué oportunidades tiene cada persona a su alcance para desarrollar sus capacidades y hacer lo necesario para lograr lo que quiere ser.

Su teoría pone el acento en la justicia social y la calidad de vida, pues su objetivo es garantizar un mínimo bienestar social y económico que dote a las personas de un nivel de dignidad humana bajo el cual nadie pueda vivir. Defiende que cada individuo tiene derecho a vivir su propia vida sin interferencias del Estado y que la felicidad colectiva no puede alcanzarse arriesgando los derechos individuales de las minorías, pero reconoce que ese «no intervencionismo» no es suficiente para alcanzar sociedades más justas: el Estado tiene que garantizar una serie de mínimos para que los individuos puedan desarrollar sus propias capacidades. Su enfoque ha influenciado muchas de las políticas del Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, así como diversos programas de justicia social y educación.

Slavoj Žižek (Liubliana, Eslovenia, 1949)

El socialismo de Marx, el idealismo de Hegel y el psicoanálisis de Lacan son los principales elementos del pensamiento de este filósofo difícil de etiquetar. Academic rockstar o filósofo pop para unos, provocador político o intelectual para otros, pocos pueden negar que Slavoj Žižek es un gran pensador y un prolífico autor. Formado en esa Yugoslavia socialista que andaba a caballo entre el capitalismo occidental y el socialismo soviético, una de las máximas de este referente de la Escuela de Liubliana fue intentar comprender cómo funcionan «ideología» y «poder». Para Žižek, la ideología se sustenta en una economía del deseo y del goce que da lugar a es ese marco invisible bajo el que se organiza la realidad que vivimos y que aceptamos como normal. Y el poder funciona por la satisfacción inconsciente de los sujetos al ocupar ciertos lugares dentro del orden social. Esto, sumado al conflicto como condición permanente de la vida social, es lo que hace —por ejemplo— que un individuo se queje siempre de su jefe sin dejar nunca su trabajo.

Para Žižek el capitalismo y la cultura de masas moldean la forma de pensar de las sociedades modernas sin que apenas nos demos cuenta

Usar ejemplos de la vida cotidiana para ilustrar y explicar conceptos filosóficos complejos es otra de las características de este pensador esloveno para quien el capitalismo y la cultura de masas moldean la forma de pensar de las sociedades modernas sin que apenas nos demos cuenta.

Michael Sandel (Minneapolis, Estados Unidos 1953)

Justicia fue, tal vez, su primera gran obra. En ella analiza el papel de esta virtud cardinal tanto en la sociedad en su conjunto como en la vida individual de cada uno. Porque para este pensador estadounidense la justicia es la piedra angular de la filosofía moral y, por ende, de la política. ¿Es justo el libre mercado? ¿Se debe legislar sobre cuestiones morales? ¿Están los derechos individuales reñidos con el bien común?

El bien común es otro de los grandes temas en la obra de Sandel, que defiende que este debería ser, junto con la prosperidad general, el eje principal de la ética pública. En cambio, observa que las sociedades modernas se olvidan de ellos y giran en torno a la búsqueda —egoísta, constante, incansable— de los intereses, derechos y libertades personales. Individualismo y utilitarismo frente a la ética y el interés general. Sobre esta base, las sociedades modernas han construido una falsa idea de éxito, esgrime Sandel, al que no se llega por el esfuerzo personal o el talento, sino por las circunstancias sociales y económicas que rodean a un individuo. Y esta meritocracia imperante, puede resultar un arma de doble filo: ¿cómo pueden sociedades cada vez más desiguales clamar que cada individuo es responsable de su destino? ¿Por qué un título universitario es la principal llave de acceso a un trabajo respetable y una vida digna? Una trampa donde la arrogancia de los «ganadores» y la vergüenza de los «perdedores» van minando el bien común sobre el que deben construirse sociedades justas y prósperas.

Judith Butler (Cleveland, Estados Unidos, 1956)

El género no es algo biológico, sino una construcción social y performativa. Con esta idea —eje central de su pensamiento—, la filósofa estadounidense revolucionó el feminismo y sentó las bases del pensamiento queer. Desde su punto de vista, la economía y política de cada época —o, incluso, la psicología— son aspectos que se interrelacionan en el estudio del género. Para Judith Butler, este no es algo natural, sino una construcción social cuya representación depende de ciertas normas culturales. Así, su teoría de la performatividad de género defiende que este se construye mediante ritos y actos culturales que se repiten, por lo que implica actuar en base a unas expectativas sociales. La discusión sobre el género es, por tanto, un debate en torno a la identidad —o identidades: mujer, estadounidense y judía—.

Para Butler, ni la identidad ni la orientación sexual deben ser categorías excluyentes, sino conceptos flexibles que entiendan y acepten las diferentes identidades posibles e incluyan a todas las minorías.

Byung-Chul Han (Seúl, Corea del Sur, 1959)

Hiperactividad, déficit de atención, agotamiento crónico, depresión. Para el filósofo surcoreano, estas son algunas de las principales dolencias de las sociedades del siglo XXI, cuyo origen encontramos en el egoísmo de los individuos que las conforman. Para comprenderlo bien, debemos bucear en el propio capitalismo: un sistema que ha evolucionado hasta crear una cultura donde el máximo rendimiento es el eje central y en torno al cual giran los objetivos individuales y la lucha por conseguirlos. Inmersos en el maremágnum de la revolución digital, la transparencia ha dejado de ser una virtud para convertirse en el motivo que nos impulsa a compartir todo en las redes sociales y plataformas digitales sin límites ni pudor. Todo es pura mercancía lista para consumir inmediatamente.

El ruido de la hipercomunicación y la productividad irrumpe en el silencio necesario para observar y reflexionar, opina Byung-Chul Han

Este exceso constante de información, hipercomunicación y productividad rompe el silencio, zambulléndonos de cabeza en un ruido ensordecedor que nos impide observar, reflexionar, cuestionarnos el mundo en el que vivimos, sus principios y valores, las normas que lo rigen. «Todo grita […]. La información nos roba el silencio», dice Byung-Chul Han. Escuchar y mirar atentamente es clave para recuperar el pensamiento crítico, base de cualquier democracia fuerte y sana.

Thomas Piketty (Clichy, Francia, 1971)

Las normas fijas de la economía no determinan la distribución de la riqueza, sino las decisiones políticas, sus leyes y las ideologías mayoritarias de cada época. Para este economista francés, este modelo económico imperante ha acrecentado excesivamente la brecha entre los dueños del capital y los trabajadores. Tanto es así, opina, que el derecho de todos los ciudadanos de acceder a una educación o sanidad de calidad está en riesgo. Por eso, en El capital del siglo XXI —tal vez su obra más relevante— defiende un mayor intervencionismo del Estado. Consciente de los retos sociales y económicos que plantea su tesis, cree que sin la mano estatal las desigualdades de la riqueza tienden a aumentar con el tiempo, debido a la mayor tasa de capital (rendimiento mínimo para que algo sea rentable) en comparación con el crecimiento económico.

Piketty ha contribuido a desarrollar métodos para medir la desigualdad de la riqueza y los ingresos, prestando especial atención a la concentración en la parte superior de la distribución. Desde su punto de vista, redistribuir los recursos de forma más justa pasa por aplicar cargas fiscales más altas a las grandes fortunas y herencias millonarias, para lo cual el papel del poder político y su toma de decisiones es clave.

Yuval Noah Harari (Kyriat Ata, Israel, 1976)

La Historia no es una mera concatenación de hechos, sino un proceso continuo que influye de manera directa en las decisiones presentes. Esa es la constante que rige las investigaciones de este historiador e intelectual que se dio a conocer con su obra Sapiens. De animales a dioses. En ella, pone de manifiesto que la Historia debe ser, ante todo, esa herramienta que nos enseñe el pasado para ayudarnos a interpretar el presente.

En sus estudios sobre el mundo que nos rodea, Yuval Noah Harari pone de manifiesto que en las sociedades actuales los valores imperantes son racionales y materialistas y reflexiona sobre la posición de poder que ha alcanzado la humanidad. Lo cual implica una gran responsabilidad, especialmente en la era tecnológica que atravesamos. Harari es consciente de cómo estos avances están transformando el mundo tal y como lo entendíamos hasta ahora: la gran cantidad de datos y la manera de procesarlos se alzan, desde su punto de vista, como el pilar fundamental sobre el que giran las sociedades y su manera de organizarse. El dataísmo, afirma, es la nueva religión.

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