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Lo leí en un ‘reel’

La juventud se informa, cada vez más, a través de las redes sociales: un consumo de noticias incidental, fragmentado y más expuesto a la desinformación. ¿Qué implicaciones tiene esto?

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11
junio
2026

Puede que recuerdes que en casa de tus padres se veía el telediario y siempre había un periódico sobre la mesa del salón. Ya no solo con fines informativos, sino también prácticos: en algún sitio habría que consultar la cartelera o las farmacias de guardia ese día. Ahora un repaso rápido a la web del diario de confianza resulta suficiente para ubicarse en la actualidad. ¿Telediario, radio o prensa escrita? Dentro de unas décadas, serán costumbres anacrónicas que aparecerán en alguna película de época. Puede parecer una hipérbole, pero entre las personas de entre 18 y 24 años la principal vía de acceso a las noticias son ya las redes sociales.

Así lo muestra el informe Digital News Report 2025, realizado por el Reuters Institute: en la actualidad el 44% de las personas jóvenes acceden a información política y social principalmente a través de plataformas sociales, frente al 21% que lo hacía en 2015. De aquella, la principal forma de acceso era a través de sitios web o apps de medios: el 36% recurría a estos emplazamientos, frente al  24% que lo hace ahora. La televisión, por su parte cayó del 28% al 21%, y la radio y la prensa escrita del 6% al 4%. A la hora de informarse, las plataformas sociales favoritas son, por este orden: Instagram, YouTube, TikTok y X.

La población joven sigue consumiendo noticias, pero lo cierto es que menos que otros grupos de población: unos dos tercios lo hacen a diario, frente al 87% de los mayores de 55 años. Y solo un 35% de los «postadolescentes» asegura tener un alto interés por las noticias, frente al 52% de los mayores. Hay que decir son ávidos consumidores de información online, pero no tanto de lo que se suele considerar noticias. De hecho, la recepción de estas últimas es muchas veces incidental: mientras están en redes sociales buscando entretenimiento, entran también en contacto con contenidos informativos.

Según un estudio de la Universidad de Málaga, el 70% de los jóvenes españoles recibe noticias de forma involuntaria mientras navega por redes, principalmente a través de Instagram y TikTok. Por el contrario, tan solo el 3,3% de los encuestados buscaba información activamente en webs o apps de medios tradicionales.

El 70% de los jóvenes españoles recibe noticias de forma involuntaria mientras navega por redes

Este acceso casual puede ampliar la exposición a temas y perspectivas diversos, despertando la curiosidad de personas que, a priori, no buscarían activamente piezas informativas. Pero, en muchos casos, los vídeos, titulares o fragmentos se consumen sin contexto, reduciendo la retención o la comprensión de lo narrado. Para atraer la atención de los usuarios de redes sociales, las noticias se vuelven más breves y visuales, premiando lo llamativo por encima de lo importante o verificable. No es de extrañar, por lo tanto, que este consumo incidental aumente la exposición a desinformación, clickbait y piezas emocionalmente polarizadas.

El consumo incidental está cambiando estructuralmente el ecosistema informativo, porque no se trata simplemente de una moda del público juvenil, sino que el 46% de la población total se informa a través de redes sociales, un porcentaje que, previsiblemente, seguirá aumentando. En este contexto, el acceso a la información se vuelve una actividad social, dependiente de amigos, seguidores o recomendaciones algorítmicas, que desplazan el poder de los medios tradicionales.

Aunque en España los propios medios de comunicación tradicionales, como El País o El Mundo, han adoptado con entusiasmo las redes sociales, lo que les permite ampliar su alcance. Mientras que en otros países los influencers han copado el espacio informativo, en el mercado español el periodismo institucional aún domina en las redes. Así, el 27% de las personas presta atención regularmente a medios y periodistas en plataformas, frente al 18% que sigue a creadores o influencers. De la misma manera, el 69% de los usuarios no accede a las noticias digitales a través de una marca concreta, sino por vías indirectas, pero cuando llegan a ese contenido informativo, tienden a encontrarse con medios reconocibles más que con creadores independientes.

Ahora bien, aunque los medios tradicionales dominan el panorama actual, la tendencia va en sentido contrario, y entre la generación que acaba de superar la adolescencia es mucho más habitual seguir a influencers  y creadores de contenido informativo o pseudoinformativo, ya sean perfiles a caballo entre la política y los medios, como Alvise Pérez, creadores de contenidos como Jordi Wild o Alan Barroso, o cuentas humorísticas o divulgativas como la de Ángel Martín o Sheila Hernández Torres. En las plataformas sociales, gran parte de los jóvenes prefiere escuchar a creadores individuales que comentan noticias y recomiendan cómo interpretar la información: los creadores asumen así el rol informativo que antes desempeñaban los periódicos o la radio, pero con un modelo más emocional y rápido.

Los peligros de usar las redes sociales como fuentes de información son evidentes: el 80% de las personas jóvenes españolas es consciente de la existencia habitual de bulos, pero tan solo un 13% verifica siempre las noticias sospechosas. La desinformación es el pan de cada día en las plataformas sociales, donde el propio algoritmo prioriza la viralidad sobre la veracidad, contribuyendo a la rápida difusión de contenidos falsos. Esto puede afectar negativamente a la salud, la seguridad, la democracia o la cohesión social.

Además, los algoritmos pueden amplificar estructuralmente la homogeneidad ideológica y limitar la diversidad de puntos de vista: a medida que damos like a determinados temas, tratados desde determinada postura, en nuestro menú informativo van apareciendo más, conformando una visión del mundo similar a la nuestra. Mientras que cuando en nuestro feed aparecen noticias con perspectivas opuestas, suelen hacerlo en vídeos extremos o ridículos. Esto genera división social y dificulta el diálogo constructivo.

No es cuestión de pesimismo absoluto: las redes sociales pueden potenciar la participación ciudadana y democratizar el acceso a distintas noticias y opiniones. Pero sí es cierto que el algoritmo prioriza lo que genera más atención: escándalos, acusaciones y teorías de la conspiración. Un modelo de negocio que erosiona las instituciones democráticas y la confianza en los medios de comunicación y en la capacidad de diálogo entre personas con distintas posturas políticas.

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