Una lección para esta época: sé original
El verdadero problema está en quienes piensan que la creación es lo mismo que la técnica.
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Solo los malos escritores deben temer a la IA. O los malos traductores. O los malos historiadores. O los malos cineastas. Muchos de quienes proclaman el fin de la producción artística con la llegada de la inteligencia artificial (sobre todo se ve con el vídeo, ahora que Sora y Nano Banana Pro te montan películas impresionantes) me parece que ven el arte como una disciplina que solo puede valorarse técnicamente, y no por su capacidad de evocar emociones. Es gente que piensa que una obra hiperrealista es mejor que una impresionista, porque la primera se asemeja más a la realidad que la segunda. Este tipo de persona tiene una visión whig de la historia del arte: de las pinturas de animales en la Cueva de Lascaux o los cuadros unidimensionales del románico (con esos Jesucristos entrando a Jerusalén que parece que miden 8 metros) a la capacidad técnica de los efectos especiales o de la IA. Es un viaje desde la oscuridad a la luz. ¿Por qué ver una película de 1940 si está más avanzada técnicamente una de 2026?
En un podcast reciente, el actor y director Ben Affleck le quitó hierro a la cuestión de la escritura creativa con la IA. Al menos de momento, los LLMs como ChatGPT o Claude escriben «mierda» porque «por su naturaleza, tienden a la media, al promedio». No pueden crear nada original. En un artículo en su Substack, el politólogo Seva Gunitsky llegaba a una conclusión parecida. Dice que el mundo académico se ha llenado de papers y artículos científicos hechos con IA, y que eso puede ser algo positivo para las tareas más cuantitativas, pero no las cualitativas. La IA puede ayudarte a hacer una regresión, pero no a inventar una teoría innovadora. «Los sistemas de IA se entrenan basándose en juicios humanos», escribe. «Pero siguen aprendiendo una especie de gusto medio y derivado. Como resultado, pueden reconocer lo que se ha valorado, pero sospecho que les costará anticipar lo que debería valorarse. La pregunta a largo plazo es si el gusto se basa fundamentalmente en un reconocimiento de patrones a un nivel profundo (eminentemente automatizable) o en otra cosa: contexto, intereses, ese je ne sais quoi de la investigación académica».
En el proceso de creación hay algo intangible, basado en una experiencia vital única e intransferible
Se podría decir que el contenido original no existe: en el fondo, todos copiamos a otros antes que nosotros. Pero en ese proceso de creación hay algo intangible, basado en una experiencia vital única e intransferible. Incluso cuando queremos copiar sin complejos a alguien, acaba saliendo algo que es solo nuestro. El gusto es algo difícilmente cuantificable. La personalidad y la autenticidad también. Y sin embargo existen: todos entendemos cuando algo no tiene «alma». ¿Cómo le explicas a una IA que te haga algo con más «alma»?
El trabajo de calidad y de buen gusto no desaparecerá. Es posible que la automatización de aquello más rutinario nos obligue a ser más originales para destacar (esto es un problema para los becarios, por ejemplo). El verdadero problema está en quienes piensan que la creación es lo mismo que la técnica: que ser historiador consiste en acumular y recopilar hechos y no en un trabajo de interpretación, que la traducción es la conversión automática de una palabra por otra, que el arte es mera reproducción.
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