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La Generación del 14

Los intelectuales que buscaron modernizar España

En 1914, mientras Europa se adentraba en la Primera Guerra Mundial, España atravesaba su propia crisis política, social y cultural. En ese contexto surgió un grupo de intelectuales que apostó por dejar atrás el pesimismo y modernizar el país a través de la ciencia, la educación y la apertura a Europa.

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15
septiembre
2026

En 1914, Europa entraba en una guerra que cambiaría para siempre el continente y España asistía, desde la neutralidad, a su propia crisis de identidad. El país arrastraba el atraso económico, las tensiones sociales y una profunda crisis política, mientras una nueva generación de intelectuales empezaba a plantear una respuesta diferente a la de sus antecesores: menos lamento y más ciencia, educación y europeización. De ese ambiente surgió la llamada Generación del 14, un grupo heterogéneo de escritores, científicos, médicos, políticos y pensadores que compartían la aspiración de convertir la modernización de España en un proyecto cultural y político.

La Generación del 14, también conocida como novecentismo, ocupa un lugar intermedio entre la Generación del 98 y las vanguardias y la Generación del 27. Sus integrantes habían nacido mayoritariamente alrededor de 1880 y alcanzaron la madurez intelectual durante las primeras décadas del siglo XX. No se trataba, sin embargo, de un grupo literario cerrado ni de una asociación con un programa único.

El año 1914 funciona como una fecha simbólica. Coincide con la publicación de Meditaciones del Quijote, de José Ortega y Gasset, y con la conferencia «Vieja y nueva política», pronunciada por el filósofo ese mismo año y considerada una de las presentaciones públicas del proyecto generacional. También es el año del comienzo de la Primera Guerra Mundial, un acontecimiento que alteró el escenario político y cultural europeo. España no participó directamente en el conflicto, pero la guerra intensificó los debates sobre el modelo de país y sobre la relación que debía mantener con Europa.

Filósofo, ensayista y profesor universitario, Ortega entendió que los intelectuales no debían limitarse a observar la realidad desde la distancia. Debían interpretarla y, en la medida de lo posible, intervenir en ella. En Meditaciones del Quijote aparece una de las frases que mejor resume su filosofía: «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo». La frase no habla únicamente de responsabilidad individual. En el pensamiento de Ortega existe la idea de que el individuo está condicionado por el mundo que le rodea y que comprender esa circunstancia es imprescindible para transformarla.

Esa preocupación ayuda a entender el carácter de la Generación del 14. Frente a la visión más pesimista asociada al 98, estos intelectuales apostaron por analizar los problemas españoles desde la razón, la educación, la ciencia y las instituciones. No querían únicamente describir el «problema de España», sino encontrar herramientas para resolverlo.

La preocupación por Europa ocupaba un lugar central. Para Ortega, España necesitaba incorporar el conocimiento científico, la modernidad cultural y la renovación institucional que veía en otros países europeos. Su europeísmo no significaba simplemente admiración por otros países, sino la convicción de que España debía participar plenamente en la cultura científica y política de su tiempo.

Estos intelectuales no querían únicamente describir el «problema de España», sino encontrar herramientas para resolverlo

Ese proyecto tuvo también una dimensión periodística. Ortega utilizó los periódicos y las revistas como espacios para intervenir en el debate público. La prensa se convirtió para muchos integrantes de la generación en una herramienta fundamental para trasladar las discusiones intelectuales a una sociedad más amplia.

La aparición de publicaciones como Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset en 1923, amplió todavía más ese espacio. La revista contribuyó a introducir en España debates filosóficos, científicos y culturales procedentes de Europa y América, y se convirtió en uno de los grandes instrumentos de renovación intelectual del periodo.

La figura de Gregorio Marañón permite entender que la Generación del 14 no fue exclusivamente filosófica o literaria. Médico, científico, historiador y ensayista, Marañón representa una concepción del intelectual en la que el conocimiento especializado debía estar conectado con la sociedad.

Su trayectoria refleja uno de los rasgos más característicos del periodo: la progresiva profesionalización de la ciencia y el intento de situarla en el centro de la modernización española. Marañón encarnó una forma particular de humanismo científico. Su trabajo médico convivió con la escritura, la investigación histórica y la intervención en los debates políticos y sociales de su época. En él, ciencia y cultura no aparecían como mundos separados.

La figura de Manuel Azaña introduce una tensión fundamental dentro de la generación: la relación entre el intelectual y la política. Azaña no se limitó a escribir sobre la necesidad de transformar España. Terminó participando directamente en la vida política y llegó a convertirse en presidente del Gobierno y de la República durante la Segunda República.

Antes de alcanzar esas responsabilidades, ya había participado junto a Ortega y otros jóvenes intelectuales en la Liga de Educación Política de España, cuyo prospecto fue respaldado en 1913. El proyecto defendía la necesidad de intervenir en la vida pública y de construir una España más democrática y moderna.

La educación fue uno de los grandes puntos de encuentro. Si España debía modernizarse, necesitaba una ciudadanía formada y unas instituciones capaces de generar conocimiento. Por eso, el proyecto de la Generación del 14 estuvo conectado con iniciativas como la Institución Libre de Enseñanza, la Junta para la Ampliación de Estudios, la Residencia de Estudiantes y otros espacios de renovación pedagógica y científica.

La Residencia de Estudiantes se convirtió en uno de los lugares emblemáticos de ese ambiente. Por sus espacios pasaron científicos, escritores y artistas que después protagonizarían buena parte de la vida cultural española. La Generación del 14 fue, en este sentido, uno de los puentes entre la renovación institucionista de finales del XIX y la explosión cultural que se produciría posteriormente con las vanguardias y el 27.

Aunque el ensayo fue probablemente el género más característico del grupo, sus integrantes cultivaron prácticamente todas las formas de creación. Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala renovaron la novela; Juan Ramón Jiménez llevó la poesía hacia una búsqueda cada vez mayor de depuración formal; Eugenio d’Ors desarrolló una importante obra ensayística y periodística; mientras que Ramón Gómez de la Serna se convirtió en una figura fundamental de las primeras vanguardias.

Frente al sentimentalismo y al exceso retórico, buena parte de los novecentistas defendió una literatura más intelectual, precisa y preocupada por la forma. En ese sentido, la literatura formaba parte del mismo proyecto que la ciencia y la política para construir una cultura moderna.

Pero la Generación del 14 no consiguió transformar España tal como había imaginado. La inestabilidad política, las tensiones sociales, la dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República y finalmente la Guerra Civil modificaron radicalmente el escenario en el que habían desarrollado su proyecto. Algunos de sus integrantes se implicaron directamente en la República; otros se alejaron de ella; muchos terminaron en el exilio o sufrieron las consecuencias de la guerra. El proyecto común de modernización se fragmentó ante una realidad política cada vez más polarizada.

Sin embargo, buena parte de las cuestiones que les preocupaban siguen siendo reconocibles: la relación entre ciencia y sociedad, el papel de la educación, la calidad de las instituciones, la participación ciudadana, la necesidad de una cultura científica y la posición de España dentro de Europa.

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