ESG Spain 2026
«La conversación ambiental se está haciendo mucho más empresarial»
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Más de 400 líderes empresariales, representantes institucionales y expertos estarán presentes en ‘ESG Spain 2026’, un encuentro organizado por Forética que este año alcanza su decimocuarta edición. Conversamos con Germán Granda, director de la organización.
¿Cuáles serán los principales temas abordados en ‘ESG Spain 2026’, y qué mensaje nos dicen sobre las prioridades empresariales?
Este año, desde Forética, queremos poner el foco en una idea especialmente relevante: la sostenibilidad forma hoy parte del núcleo de la estrategia empresarial. En un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica, la presión sobre la competitividad, la transformación tecnológica y la creciente exposición a riesgos climáticos y ambientales, las empresas necesitan integrar los factores ESG en sus decisiones de negocio.
Por eso, ESG Spain 2026 abordará cuestiones como la energía y la autonomía estratégica, la gestión del agua y los recursos naturales, la biodiversidad y la economía circular, la adaptación al cambio climático, la gobernanza y la confianza, pero también el bienestar, la inclusión, la salud y el impacto de la inteligencia artificial.
El mensaje de fondo es claro: la sostenibilidad es un factor que condiciona la competitividad, la capacidad de innovar y la resiliencia de las organizaciones. Las compañías líderes serán aquellas capaces de anticipar riesgos, adaptarse más rápido a los cambios y convertir las grandes transiciones económicas, tecnológicas y ambientales en oportunidades de creación de valor. ESG Spain 2026 quiere precisamente ayudar a los decisores a identificar cómo avanzar.
¿Sostenibilidad y competitividad son ya un pack que no puede separarse?
Cada vez más, y diría que estamos en un punto de inflexión: hemos pasado de argumentar que la sostenibilidad puede ser una fuente de competitividad a constatar que, en muchos ámbitos, no ser sostenible es ya un riesgo directo para competir. Hoy, la pregunta ya no es si la sostenibilidad aporta valor al negocio, sino cómo integrarla para seguir siendo relevante en mercados cada vez más exigentes.
Pensemos en la energía, el agua, las materias primas, las cadenas de suministro o los efectos físicos del cambio climático. Son cuestiones ambientales, sí, pero sobre todo son cuestiones de costes, de continuidad del negocio, de acceso a financiación y de seguridad. La sostenibilidad ha entrado en la cuenta de resultados y en los comités de riesgo.
Al mismo tiempo, esta transformación abre oportunidades de innovación y de nuevos mercados. El reto para quienes dirigen empresas en Europa es conseguir que la ambición sostenible vaya acompañada de productividad, innovación, talento y autonomía estratégica.
«En muchos ámbitos, no ser sostenible es ya un riesgo directo para competir»
¿Qué cambios en la forma de abordar la sostenibilidad habéis observado a lo largo de estas catorce ediciones de «ESG Spain»?
El cambio ha sido enorme. Si miramos la evolución de ESG Spain, vemos cómo la sostenibilidad ha pasado de ocupar un espacio paralelo dentro de la agenda corporativa a integrarse progresivamente en la estrategia y en las decisiones del conjunto de la organización.
En las primeras ediciones el debate estaba centrado en la responsabilidad corporativa, la reputación y los impactos sociales y ambientales. Con el tiempo ganaron peso el cambio climático, la economía circular, los derechos humanos, la transparencia y el futuro del trabajo. En los últimos años se han incorporado con fuerza la inteligencia artificial, la geopolítica, la adaptación climática, la resiliencia y la competitividad.
Y esa evolución refleja también la madurez del tejido empresarial. Hemos pasado de una etapa centrada en compromisos y objetivos a otra de ejecución, en la que las organizaciones integran la sostenibilidad en las decisiones de inversión, innovación, gestión del talento y gobernanza. Este es el nivel de exigencia al que nos hemos trasladado.
¿Cuáles son las nuevas narrativas ambientales por las que están apostando las empresas?
Lo que vemos es un desplazamiento de una narrativa centrada en reducir impactos a otra que habla de gestionar riesgos, asegurar recursos y construir resiliencia.
El agua es un buen ejemplo. Ya no es solamente una cuestión ambiental: es un recurso crítico para muchas actividades económicas. Su disponibilidad y gestión tienen implicaciones cada vez mayores sobre las operaciones, las cadenas de suministro y la continuidad de los negocios. De hecho, en nuestro último análisis sobre el agua y su papel en la estrategia empresarial, ‘Guía para CEO: El agua en el centro de la estrategia’, abordamos precisamente cómo esta cuestión está pasando de ocupar un espacio principalmente ambiental a formar parte de las conversaciones estratégicas de la alta dirección.
Lo mismo sucede con la biodiversidad, la circularidad o la resiliencia climática. La conservación de la naturaleza empieza a entenderse también como una forma de proteger activos, anticipar riesgos y asegurar la continuidad de los negocios.
Creo que hay un cambio importante en el lenguaje: la conversación ambiental se está haciendo mucho más empresarial. Hablamos de eficiencia, innovación, competitividad, seguridad energética, adaptación, productividad y creación de valor. No para diluir la ambición ambiental, sino para demostrar que avanzar en esa dirección forma parte de la solución a muchos de los grandes retos económicos.
«La conservación de la naturaleza empieza a entenderse también como una forma de proteger activos»
En tiempos de ruido y desinformación, ¿qué deben hacer las empresas para saber comunicar bien?
En un contexto de sobreabundancia de información y aumento de la desinformación, la confianza se ha convertido en uno de los activos más estratégicos para cualquier organización. Y la confianza no se construye con más mensajes, sino con más coherencia, transparencia y evidencia.
Las organizaciones tienen que comunicar aquello que pueden demostrar, explicar con claridad qué están haciendo y también reconocer dónde están los retos pendientes. La comunicación de la sostenibilidad no puede convertirse en una capa que se añade a posteriori: tiene que estar conectada con la estrategia y con los resultados reales. Las empresas que generen confianza serán también las que dispongan de una mayor capacidad para atraer talento, inversión y apoyo de sus grupos de interés.
Además, la inteligencia artificial introduce una nueva dimensión: aumenta exponencialmente nuestra capacidad para generar contenidos, pero también hace más difícil distinguir lo verdadero de lo falso. Por eso, la responsabilidad empresarial pasa también por proteger la calidad de la información y contribuir a un debate público más riguroso.
«La confianza se ha convertido en uno de los activos más estratégicos para cualquier organización»
¿Cómo está afectando toda la incertidumbre geopolítica en la apuesta empresarial por la sostenibilidad?
La geopolítica está cambiando el contexto en el que se toman las decisiones empresariales. Y está haciendo que conceptos que antes podían parecer principalmente ambientales —como la transición energética, la gestión de recursos críticos o la resiliencia de las cadenas de suministro— se conviertan también en cuestiones de seguridad y autonomía estratégica.
Europa se enfrenta a una situación especialmente compleja: quiere mantener su ambición climática al mismo tiempo que necesita recuperar competitividad, reducir dependencias y reforzar su capacidad industrial. En este escenario, la sostenibilidad no desaparece de la agenda; cambia de significado estratégico.
El liderazgo empresarial consiste precisamente en transformar la incertidumbre en capacidad de anticipación y preparación, reforzando la resiliencia de los modelos de negocio. El propio análisis de ‘Tendencias ESG 2026’, de Forética, identifica estas prioridades: orientar la sostenibilidad hacia la competitividad, reforzar la autonomía energética y reducir la vulnerabilidad de las cadenas de valor.
¿Cuáles serán las principales tendencias ESG que marcarán los próximos años?
Mi lectura es que veremos una ESG mucho más estratégica, integrada y orientada a la resiliencia. Destacaría cinco tendencias.
Primero, sostenibilidad y competitividad: la transición tendrá que demostrar cada vez más su capacidad para generar productividad, innovación y valor. Segundo, adaptación y resiliencia climática: ya no basta con mitigar. Los riesgos físicos están aumentando y exigen a las empresas inversión en anticipación y adaptación.
Tercero, naturaleza y recursos críticos: agua, biodiversidad, economía circular y acceso a recursos van a ganar peso como cuestiones estratégicas para los modelos de negocio. Cuarto, impacto social y futuro del trabajo: envejecimiento, desigualdad, bienestar, inclusión y transformación tecnológica exigirán nuevas respuestas empresariales.
Y quinto, tecnología e IA responsable, no solo como herramienta de eficiencia, sino como una transformación que habrá que gobernar adecuadamente desde el punto de vista ambiental, social y ético.
En definitiva, la gran tendencia es la integración de la sostenibilidad en el núcleo de las decisiones empresariales. Ya no hablaremos de una agenda diferenciada, sino de una forma de gestionar riesgos, identificar oportunidades y construir organizaciones más competitivas, resilientes y preparadas para el futuro. Las empresas que lideren esta integración serán las que estén mejor posicionadas para crear valor económico, social y ambiental en la próxima década.
Al hilo de la conversación sobre inteligencia artificial. ¿Qué papel está jugando la innovación tecnológica en el ámbito de la salud?
La IA puede transformar profundamente la forma en la que prevenimos, diagnosticamos y tratamos enfermedades. Puede ayudarnos a anticipar necesidades, personalizar tratamientos, acelerar la investigación y a mejorar la eficiencia de los sistemas de salud, un aspecto especialmente relevante en sociedades cada vez más longevas.
Pero ese potencial exige, en la misma medida, responsabilidad. A quienes están invirtiendo o decidiendo sobre estas tecnologías les diría que la innovación solo tiene sentido si está al servicio de las personas y garantiza privacidad, seguridad, transparencia y equidad en el acceso.
Me parece especialmente interesante que este año ESG Spain conecte directamente inteligencia artificial y salud porque la pregunta ya no es únicamente qué puede hacer la tecnología, sino qué sociedad queremos construir con ella. Ahí la sostenibilidad aporta una perspectiva fundamental: asegurar que la innovación genera impacto positivo y llega al mayor número posible de personas.
Esta transformación ya está muy presente en las empresas. Nuestro ‘I Barómetro sobre IA Responsable en España’ muestra cómo la inteligencia artificial está pasando de ser una cuestión eminentemente tecnológica a convertirse también en un asunto de gobernanza y responsabilidad empresarial. El reto ahora, para cualquier consejo de administración, es avanzar en su adopción sin perder de vista la ética, la confianza, la gestión de riesgos y su impacto sobre las personas.
Y creo que ahí reside una de las claves: no se trata solo de hacer más cosas con IA, sino de hacerlo de manera responsable y alineada con el tipo de sociedad que queremos construir.
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