Un momento...
ESPECIAL ESG
2025 ha sido un año de inflexión para la sostenibilidad. La relajación regulatoria en Europa, con la aprobación del paquete Ómnibus, se ha impuesto en el mercado, lo que ha obligado a las empresas a recalibrar sus estrategias. El continente, alineado con grandes tendencias globales, ha pasado de una década de grandes metas climáticas –con el peso del Acuerdo de París a cuestas: limitar el calentamiento global por debajo de 2 °C, preferiblemente 1,5 °C–, a una fase de simplificación normativa que se digerirá a lo largo de este nuevo ciclo, no sin importantes retos por delante.
Las empresas –cada vez más dependientes de la inteligencia artificial (IA)– tendrán que reflexionar sobre el consumo de energía y agua que generan estos sistemas algorítmicos. Hoy, los consumidores exigen respuestas reales y compromisos verdaderos en cada uno de los procesos, aunque la inestabilidad geopolítica, la lucha por los recursos fósiles –en particular, el petróleo– y el negacionismo climático sigan inundando la agenda y avivando la incertidumbre sobre el avance de los objetivos climáticos. En cualquier caso, la esperanza de un mayor equilibrio ambiental persiste a pesar de los vientos en contra. Estas serán las cuatro grandes tendencias que marcarán el ESG en 2026.
Donald Trump ha inaugurado el año poniendo en marcha su «drill, baby, drill» (uno de sus lemas de campaña para este segundo mandato) al reclamar el control de las vastas reservas petroleras de Venezuela, el país con las mayores reservas de este combustible fósil. Lo que supone un nuevo varapalo para lograr la descarbonización de las economías.
Pero no todo está perdido. El tejido empresarial ha entendido que la única ruta para seguir haciendo negocios es contar con operaciones más verdes. Tal como refleja el informe ODS, AÑO 10, el 88 % de las corporaciones en España identifica la sostenibilidad como un motor de valor futuro, mientras que una proporción idéntica de CEOs afirma que los fundamentos para apostar por ella son hoy mucho más sólidos que hace un lustro.
«La sostenibilidad ha superado ampliamente su visión como una responsabilidad meramente ética y se ha consolidado como clave para la competitividad empresarial», dicen los expertos de Pacto Mundial de la ONU. Ya no es solo ética, es rentabilidad. En este sentido, desde la organización explican que el ESG será clave en las estrategias corporativas. Eso sí, se espera que en 2026 y en los próximos años cada vez más consejeros delegados adopten un relato explícitamente ligado a la competitividad, articulando sus compromisos de sostenibilidad en el lenguaje que la comunidad inversora, el mercado y la cadena de suministro comprenden: crecimiento, rentabilidad y ventaja estratégica.
Con el cierre de otro ciclo normativo europeo en 2025, se inicia una fase decisiva de implementación en el marco jurídico español. Tras la aprobación de la Ley Ómnibus, España encara la transposición de los ajustes aprobados en directivas críticas como la Directiva de Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD) y la Directiva de Debida Diligencia Corporativa en Materia de Sostenibilidad (CSDDD). Este nuevo escenario simplifica la normativa para las empresas, que deberán transformar sus modelos de negocio para liderar los estándares de sostenibilidad y los criterios ESG, adaptándose a los requerimientos del mercado, de los inversores y de las cadenas de valor.
Stibbe, una firma de abogados con sede en Bélgica, resume los principales cambios de la siguiente manera:
Directiva CSRD (Reporting de sostenibilidad)
El alcance se ha acotado para centrarse en entidades de gran envergadura, excluyendo a actores más pequeños que antes se consideraban:
Directiva CSDDD (Diligencia Debida)
Tras las revisiones normativas, los umbrales se han elevado significativamente, reduciendo el número de empresas afectadas directamente:
Aunque las leyes se dirijan inicialmente a los gigantes corporativos, el impacto alcanza a las pymes a través de sus clientes. Al estar obligadas a auditar sus cadenas de suministro, las grandes empresas arrastran a sus proveedores a un ecosistema de transparencia. Es un mecanismo de inercia regulatoria en el que el cumplimiento de unos acelera la transformación de todo el mercado.
«2026 estará repleto de hitos regulatorios», resaltan desde el Instituto de Estudios de Sostenibilidad. Y es que se esperan también normativas como la Ley de Consumo Sostenible, que obligará a las empresas a integrar la sostenibilidad de forma transversal, desde la gobernanza y la gestión de impactos hasta la forma de comunicar resultados.
Comprender el valor de los criterios ESG en 2026 y en adelante resulta más complejo que en períodos anteriores, ya que hemos entrado en una era de gran incertidumbre. Al menos así lo considera Dan Byrneto, experto en temas ESG del Corporate Governance Institute. Para este experto, la frontera clara se estableció cuando Donald Trump tomó las riendas de la economía más poderosa del mundo y se embarcó en una plataforma anti-ESG, que ha sido replicada por sus aliados políticos y por las cadenas de noticias, que siguen centradas en la naturaleza rápida y polarizada de la política estadounidense.
Byrneto subraya que, desde que Trump asumió el cargo, algunas de las principales fuentes, como Bloomberg Intelligence y Forbes, todavía no han publicado cifras actualizadas sobre el valor actual y el valor proyectado de los activos ESG a nivel mundial. Sin embargo, estimaciones previas a la llegada del magnate indicaban que esa cifra alcanzaría alrededor de 40 billones de dólares en 2030. Pero actualmente, las finanzas sostenibles no pasan por su mejor momento.
La emisión de instrumentos financieros vinculados a criterios ESG ha sentido el golpe de la administración estadounidense en materia ambiental. Según datos del Observatorio Español de la Financiación Sostenible (Ofiso), las emisiones globales de bonos sostenibles alcanzaron los 408.500 millones de euros en el primer semestre de 2025, lo que representa una caída interanual del 25 %.
En el mercado español, el volumen total se situó en 12.450 millones de euros, mostrando una dinámica dispar: mientras que los bonos verdes (centrados en proyectos ambientales en su totalidad) sufrieron una contracción del 33 %, las emisiones de bonos sostenibles (que incluyen aspectos sociales y de gobernanza) se desmarcaron de la tendencia de estancamiento global al registrar un sólido crecimiento del 31 %.
«Los criterios ESG, en resumen, aún representan decenas de billones de dólares en activos mundiales. Si bien puede haber fluctuaciones regionales y reactivas en esta cifra, esos billones no parecen desaparecer», dice Byrneto.
La IA está por todos lados, y también en los criterios ESG. Las empresas están acelerando la adopción de estos sistemas para automatizar y agilizar sus procesos y así cumplir con la normativa. «La IA y la digitalización están llamadas a transformar profundamente los procesos empresariales, incluidos los vinculados a la sostenibilidad», resaltan los expertos de Anthesis Spain, una consultora de sostenibilidad. Por ejemplo, desde el reporting ESG y la recolección de datos hasta la planificación estratégica, la gestión de riesgos o la toma de decisiones, las nuevas tecnologías permiten mejorar la eficiencia, la precisión y la trazabilidad.
El año 2025 marcó el auge de los criterios ESG basados en la IA, según detalla el Instituto de Estudios de Sostenibilidad. En los informes ESG, la IA se utiliza para extraer, estandarizar y analizar datos de diversos sistemas, lo que reduce el esfuerzo manual y mejora la auditabilidad. «El análisis predictivo también ayudó a identificar vulnerabilidades en la cadena de suministro y a prever la exposición regulatoria», recalca el Instituto.
Pero algunos expertos, como Hortense Bioy, jefa de investigación de inversión sostenible de Morningstar, indican que hay que tener precaución con su uso. «Los inversores reconocen cada vez más que la IA requiere un alto consumo de energía y agua. Sin embargo, es incierto cómo las empresas satisfarán la creciente demanda energética, reduciendo al mismo tiempo su huella de carbono», afirma en un informe. En EEUU, gran epicentro de la IA, Morningstar proyecta que la demanda energética de los centros de datos se triplicará para 2030, con solo el 25 % de la carga adicional cubierta por energías renovables y el resto será abastecido por gas natural (60 %) y energía nuclear (15 %).
Bioy subraya que, a solo cuatro años de 2030, las empresas tecnológicas se enfrentan a un creciente problema de credibilidad, ya que sus emisiones de carbono siguen aumentando en lugar de disminuir. «Las empresas que adopten las mejores prácticas en la gobernanza de la IA estarán mejor posicionadas para proteger la confianza de las partes interesadas y generar valor a largo plazo», concluye.

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