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Las series según Byung-Chul Han

Byung-Chul Han lleva años señalando el atracón televisivo como síntoma claro de una época que ha perdido la capacidad de demorarse en las cosas y narrarlas.

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18
agosto
2026

Las series ocupan un lugar central en la cultura audiovisual del siglo XXI. Y es que la llegada de las plataformas digitales cambió para siempre la manera en que las consumimos. Ver varios episodios seguidos, completar una temporada en un fin de semana o enlazar una ficción con otra forma parte de la rutina cotidiana de millones de personas. Este cambio ha transformado, por supuesto, la industria del entretenimiento, pero también la relación del espectador con las imágenes, con el mismo concepto de ocio y con la propia atención.

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha dedicado buena parte de su obra a analizar cómo la digitalización modifica las formas de vida contemporáneas. Aunque las series no constituyen el centro de su pensamiento, sí aparecen como un ejemplo revelador de una mutación más amplia en la manera de percibir el mundo. En La desaparición de los rituales, Han sostiene que «las series gustan tanto hoy porque responden al hábito de la percepción serial». A partir de esa observación plantea una reflexión que va mucho más allá del entretenimiento y que conecta el auge de las plataformas con una nueva comprensión de la experiencia.

La percepción serial y el auge del visionado continuo

Según el filósofo, vivimos rodeados de estímulos que aparecen de forma sucesiva y prácticamente ininterrumpida. La atención ya no se concentra durante mucho tiempo sobre un mismo objeto, sino que se desplaza constantemente hacia el siguiente contenido disponible. Las imágenes dejan de invitar a la contemplación para convertirse en una cadena inagotable de novedades.

Desde esta perspectiva, las series representan uno de los formatos culturales que mejor encajan con ese modelo perceptivo. Su estructura episódica favorece la continuidad: cada capítulo termina dejando abiertas nuevas tramas que impulsan al espectador a reproducir el siguiente. La plataforma elimina la espera y convierte el paso de un episodio a otro en un gesto automático a tan solo un clic de distancia. El tiempo de pausa, que antes formaba parte de la experiencia televisiva, desaparece casi por completo.

Las imágenes dejan de invitar a la contemplación para convertirse en una cadena inagotable de novedades

Han relaciona este fenómeno con el llamado binge watching, el consumo compulsivo de varios episodios consecutivos. En La desaparición de los rituales afirma que «en el nivel del consumo mediático la percepción visual conduce al binge watching, el atracón de televisión o el visionado bulímico». La elección del término bulímico no es casual. El filósofo establece un paralelismo con otras formas de consumo contemporáneo caracterizadas por la acumulación y la rapidez, donde lo importante, lejos de ser la asimilación de la experiencia en sí misma, es la incorporación constante de nuevos estímulos.

En consecuencia, la serie deja de ser únicamente una narración para convertirse en un flujo. Lo relevante ya no es tanto el episodio concreto como la continuidad del recorrido. Cada final funciona como el comienzo del siguiente, generando una dinámica que reduce los momentos de interrupción. La experiencia se organiza alrededor de la continuidad antes que de la conclusión.

Este funcionamiento responde, además, a la lógica de las plataformas digitales, cuyo diseño favorece la permanencia del usuario. La reproducción automática, las recomendaciones personalizadas y los catálogos prácticamente infinitos prolongan el tiempo de consumo sin exigir decisiones conscientes en cada paso.

Del símbolo al flujo permanente

La reflexión de Han adquiere una dimensión más amplia cuando contrapone la percepción serial a la percepción simbólica. En la misma obra sostiene que «la percepción serial es extensiva, mientras que la percepción simbólica es intensiva». La diferencia entre ambos modelos depende de la cantidad de contenidos consumidos, aunque también del tipo de relación que el individuo establece con ellos.

La percepción simbólica exige permanencia. Un símbolo concentra significados, invita a la interpretación y requiere tiempo para desplegar todo su sentido. Los rituales, la contemplación artística o determinadas prácticas culturales pertenecen, para Han, a ese ámbito de la intensidad. En ellas existe una pausa que permite sedimentar la experiencia y otorgarle continuidad en la memoria.

La percepción serial funciona de otro modo. Su movimiento es horizontal y acumulativo. Cada contenido remite inmediatamente al siguiente, de manera que ninguno llega a adquirir un peso duradero. Lo importante es la secuencia, no la profundidad. El espectador permanece ocupado, pero rara vez dispone del tiempo necesario para convertir lo visto en una experiencia significativa.

Por esa razón, Han interpreta el éxito de las series como un síntoma de un cambio cultural más profundo. No critica la ficción televisiva en sí misma ni cuestiona el valor artístico que muchas producciones pueden alcanzar. Su preocupación se dirige, sobre todo, al modo en que las condiciones tecnológicas de consumo modifican la percepción. Una serie puede contener una narración compleja, personajes memorables o una gran riqueza estética, pero esas cualidades corren el riesgo de diluirse cuando el consumo queda subordinado a una lógica de aceleración permanente.

Esta crítica enlaza con otros conceptos presentes en la obra del filósofo, como la desaparición de los rituales, la sociedad del rendimiento o la pérdida de la capacidad contemplativa. En todos esos casos aparece una misma preocupación: la reducción progresiva de los espacios donde la experiencia puede adquirir estabilidad. La continuidad incesante de estímulos dificulta la elaboración de recuerdos compartidos y favorece una relación más efímera con el tiempo.

El desplazamiento continuo entre vídeos, publicaciones, mensajes o episodios responde a una misma lógica de circulación permanente. Desde la perspectiva de Han, el problema no reside en consumir imágenes, reside en hacerlo dentro de un entorno que elimina casi por completo la interrupción, la espera y el silencio.

Su análisis no pretende anunciar el final de las series ni negar su relevancia cultural. Más bien invita a preguntarse qué tipo de percepción fomentan las tecnologías que hoy median buena parte del ocio. El éxito del visionado continuo revela, para Han, una forma específica de relacionarse con el mundo: una percepción acostumbrada a avanzar sin detenerse demasiado en ningún lugar, siempre preparada para reproducir el siguiente episodio.

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