Las derivas de la amistad
La amistad, salvaje y compleja, es un lugar de intercambio y comprensión, pero también de distanciamientos y límites.
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De entre todos los tipos de relaciones que se mantienen hoy en día, probablemente la amistad sea la más compleja de todas. En un limbo en el que se cabalga entre el cariño y el deseo de cercanía e intimidad emocional, se encuentran todas las relaciones que se pueden etiquetar como «amistad». Es difícil saber cuándo eres amiga de una persona, es difícil saber cómo mantener esa relación, es difícil saber cuándo se está resquebrajando una amistad y es difícil manejar una ruptura en un contexto en el que se priorizan las relaciones familiares y románticas.
Distintas editoriales, a partir de esta dificultad, han publicado recientemente en España textos que abordan la amistad desde perspectivas parecidas: La pasión de los extraños de Marina Garcés, Amiga mía de Raquel Congosto, Un deseo desmesurado de amistad de Hélène Giannecchini, Amistad: Un ensayo compartido de Jacobo Bergareche y Mariano Sigman y La amiga que me dejó de Nuria Labari.
Uno de ellos es la conversación transcrita que mantienen las escritoras Sabina Urraca y María Folguera en La amistad y sus derivas, que publicó ContintaMeTienes a finales de 2025. En ella, exponen que la amistad supone un lugar de intercambios y correspondencias, pero también lo es de tensiones, distanciamientos, límites, dolor y rupturas.
Para Sabina Urraca, las amistades más interesantes «son aquellas en las que siempre hay una conversación en curso, una charla pendiente, inacabada». Algo parecido podría decir Carmen Martín Gaite, que en Nubosidad variable dedicó más de cuatrocientas páginas a la historia de dos amigas, cuando firmó: «Toda búsqueda de aprecio, de identidad, de afirmación o de confrontación con el mundo se reduce, en definitiva, a una búsqueda de interlocutor». Encontrar entre todas las personas que nos rodean un interlocutor que desee mantener una conversación con nosotros y que resulte inacabable: ahí podría radicarse esta experiencia.
Para Sabina Urraca, las amistades más interesantes «son aquellas en las que siempre hay una conversación en curso»
Según María Folguera, si en Atapuerca enterraban a las personas con pétalos y conchas, era por honrar y considerar una amistad, por honrar un «intercambio de información, escucha, apoyo durante el cansancio, durante la crisis, la tristeza, el miedo».
Sin embargo, parte de ese honrar la amistad parte a veces de un entorno aislado en la infancia y del miedo a la pérdida, como apunta Urraca: «Recuerdo ponerme en la ventana, desesperada, preguntándome cuándo iba a venir alguien a vernos. Cómo vivo yo la amistad es la consecuencia de esa gran ansiedad, de esa soledad vivida en la infancia».
Además, la amistad siempre es hija de su tiempo: ahora está definida por una distancia que marcan los ritmos laborales y deviene en una comunicación epistolar que se da a través de redes sociales y aplicaciones («Cada vez es más difícil verse y cada vez mi amistad se da más por Whatsapp», indica Urraca).
Tampoco debemos olvidar que la amistad, que es «a la vez tan cotidiana y tan rara», como apunta Marina Garcés en La pasión de los extraños, lo es por su condición de salvajismo, conforme lo opina Urraca en la conversación, y que a la vez coincide con la idea de Garcés, ya que «no hemos construido instituciones para ella».
La complejidad de la amistad se pierde cuando se representa como una relación espontánea, automática y sencilla
Este salvajismo es el que permite que superemos la idealización de los amigos y de la relación que mantenemos con ellos: no es un entendimiento incondicional; como apunta Folguera, «también hay abusos, maltratos, malestares, rencores y jerarquías en la amistad». Esta grieta negativa hace visible la complejidad de una relación horizontal; según expone Urraca, «para mí es muy importante haber vivido el drama, el enfado en la amistad […]. Somos seres humanos relacionándonos. Esta idea de que la amistad es una relación dulce e indolora […] no le hace nada bien a la amistad, que es interesante y compleja».
La complejidad de la amistad se pierde cuando se romantiza, cuando se representa como una relación espontánea, automática y, a fin de cuentas, sencilla. Urraca explica que «se está idealizando la amistad porque todos los demás modelos han ido cayendo uno tras otro». Sin embargo, las autoras piensan que si se deja de romantizar las relaciones con amigos, como se dejó de idealizar a la familia y a las relaciones románticas, es posible que se caiga en una individualidad que nos desprotege y nos sitúa en una posición de enemistad con el resto de las personas.
Sin embargo, y a pesar de todas las dificultades que entraña la amistad, si seguimos conversando y reflexionando sobre ella es, a fin de caer en una obviedad, por la necesidad de sostener y cuidar a los demás mientras no dejan de cuidarnos.
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