«Vivir de alquiler es una situación permanente de malestar»
Artículo
Si quieres apoyar el periodismo de calidad y comprometido puedes hacerte socio de Ethic y recibir en tu casa los 4 números en papel que editamos al año a partir de una cuota mínima de 30 euros, (IVA y gastos de envío a ESPAÑA incluidos).
COLABORA2026
Artículo
La crisis de vivienda es uno de los mayores retos de nuestro tiempo. Un problema que acelera la desigualdad existente y que, según el investigador del CSIC y doctor en Sociología por la UNED Javier Gil, sigue vigente por falta de voluntad política. Dos ideas que desarrolla en el libro ‘Generación inquilina‘ (Capitán Swing), ensayo en el que explica cómo surgió esta crisis, qué modelos han llevado a cabo otros países para paliarla y qué es necesario hacer para revertirla.
¿Cómo se ha llegado a ser la generación inquilina?
La generación inquilina nace con el cambio estructural que sucedió en 2008. Hasta ese momento, la forma mayoritaria de acceder a la vivienda era a través de la propiedad: los bancos daban hipotecas a las familias para poder comprarlas. Pero a partir de 2008 la situación cambia y ya no va a haber crédito hacia los hogares. En ese momento también surge una demanda no residencial, es decir, especulativa, que lleva a desconectar el precio de las viviendas de la economía del país y del salario de la población. Cuando pasado 2013 se reactiva el ciclo y los bancos vuelven a dar créditos a los hogares, lo que sucede es que las familias ya no pueden pagar las entradas de esas hipotecas, lo que las excluye. Esta generación inquilina hace referencia a la población más joven de 2008 y que va entrando en su edad adulta sin escapar del alquiler y también a las generaciones que han venido después.
¿Qué supone esto para la mayoría de la gente?
El estar atravesado por una situación permanente de malestar. La vivienda en propiedad era la base sobre la que construir vidas dignas y basadas en el bienestar. Sin embargo, vivir de alquiler significa inestabilidad, precariedad, no saber si te vas a tener que ir cada cinco años de tu casa, que te suban el alquiler, etc. Un estrés que vemos todo el rato en conversaciones.
«La desigualdad entre el 1% más rico y el 50% más pobre se ha disparado por tres»
Esto sucede porque, como explicas, más que un derecho la vivienda es un activo financiero.
La vivienda se ha convertido en un negocio. Quien la compra no lo hace porque quiera vivir ahí o generar vivienda asequible, sino por la rentabilidad que da y que no encuentra en otros mercados.
¿Cuánto tienen que ver las políticas públicas para que esto suceda?
Todo. Si no hubiera intervención política no estaríamos aquí. A partir de 2008, yo hablo de planificación rentista. Utilizo el caso español para mostrar cómo el Estado o instituciones públicas como los bancos centrales intervienen masivamente para transformar la crisis de los desahucios en un nuevo ciclo de especulación. La idea fue que entraran los fondos de inversión y compraran esas viviendas a los bancos. Esto nos ha llevado a que los fondos, a día de hoy, por comprar, vender o alquilar vivienda pagan menos impuestos que tú o yo. Lo que está pasando no es una desviación del modelo o una evolución, sino una intervención. El problema es que no hay voluntad política para cambiarlo.
¿Es viable y sostenible un modelo así a largo plazo?
La principal manifestación de esto es que se dispara la desigualdad. La generación inquilina no vive de alquiler porque no haya casas, sino por una fuerte concentración de la propiedad inmobiliaria. Si ves los datos del Banco de España sobre riqueza desde 2008 hasta 2022, la desigualdad entre el 1% más rico y el 50% más pobre se ha disparado por tres. Esto quiere decir que la crisis de vivienda es una crisis de riqueza y desigualdad.
«Los fondos de inversión son los actores económicos con mayor poder político a nivel mundial»
Se habla mucho de que los grandes tenedores de vivienda, es decir, de los fondos buitres o de inversión, no tienen el mayor porcentaje de estas. Sin embargo, en el libro explicas que son capaces de conducir el mercado hacia sus intereses. ¿Cómo lo consiguen?
Yo digo que son arquitectos del nuevo ciclo de especulación que vivimos. Han entrado en España con una fiscalidad y privilegios que no contamos el resto de la población, algo que se les ha proporcionado para que entren masivamente. La vivienda es un mercado que funciona a través de expectativas: al comprar tantas en tan poco tiempo, generan fuertes expectativas porque crean efectos multiplicadores. Algo difícil de explicar, pero que se puede entender con un ejemplo sencillo. Si tú tiras un vaso de agua a una piscina, el efecto no es solo lo proporcional a lo que ocupa, sino que la onda afecta al conjunto de la piscina. Con los grandes fondos de inversión pasa lo mismo: si entran masivamente, con una gran cantidad de dinero, hacen que pequeños inversores de menor tamaño empiecen a invertir, haciendo que las expectativas se consoliden y por lo tanto haciendo que los precios suban aún más. ¿Pero qué sucede si se hace al revés? El Estado no tendría que controlar todas las viviendas para transformar la estructura del mercado. Si da un paso al frente y empieza a intervenir en operaciones especulativas, esto cambiaría.
¿Cuánto poder real tienen estos fondos?
Son los actores económicos con mayor poder político a nivel mundial. El dinero con el que compran vivienda en España es el de los grandes fondos de pensiones internacionales, de las grandes aseguradoras internacionales, del petróleo, etc. Es el dinero de los actores financieros más importantes a nivel mundial. Pero además de ello, el fundador y dueño de Blackstone, el primer propietario de vivienda en España, es uno de los principales asesores y donantes de Donald Trump.
¿Existe realmente margen estatal para controlarlos?
Lo que nos estamos jugando es la democracia. Es decir, la voluntad y el bienestar de las mayorías sociales frente al poder de unas élites financiero-rentistas. El gobierno actual está regulando para favorecer a los fondos de inversión. Por ejemplo, Blackstone vendió hace poco por 300.000 euros unas viviendas que había comprado en 2013 por 68.000 euros. Imagina ese margen de beneficio tan elevado por miles de viviendas. Eso pasa porque la política hace que pase. Con otro tipo de leyes, quizá las tendría que vender por 200.000 euros.
«Necesitamos una serie de medidas que protejan la función residencial de la vivienda frente a su función como activo financiero»
¿Qué políticas son necesarias para empezar a solucionar el problema?
Yo hablo de un nuevo paradigma de vivienda, algo que incluya muchas políticas desde múltiples frentes. Una o dos siempre van a ser insuficientes. Hay que hacer como Mariano Rajoy en 2012 y 2013, que en un año cambió muchísimas leyes para que entraran fondos de inversión. Necesitamos una intervención con la valentía y fuerza que lo hizo Rajoy, pero al revés. Una serie de medidas que protejan la función residencial de la vivienda frente a su función como activo financiero.
¿Podrías poner algunos ejemplos?
Esto se manifiesta, por ejemplo, en limitar pisos turísticos, vivienda vacía, dar contratos de alquiler indefinidos a la población, prohibir la compra no residencial como ya se hace en Países Bajos o Canadá y, por supuesto, intervenir en las operaciones especulativas y promover vivienda pública. El problema de todo esto es que no son las propias medidas en sí, sino la voluntad del Estado. La idea no es reducir los efectos más brutos de la especulación, sino transformar el modelo. La vivienda tiene que convertirse en un derecho, como son la educación o la sanidad. Y eso pasa por desmercantilizarla. El objetivo no es adoptar medidas para suavizar un mercado especulativo, sino que el Estado de un paso al frente para que los especuladores se vayan del país.
COMENTARIOS