Salud

Vivir de alquiler nos está costando la salud

Un estudio británico advierte que el alquiler nos lleva a envejecer más rápido que fumar o la obesidad. Aunque pueda parecer una idea del pasado, la vivienda es una cuestión de salud pública.

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15
noviembre
2023

Una de las principales obsesiones de los higienistas y reformistas del siglo XIX era la vivienda. Esas primeras investigaciones se adentraban en los hogares de la clase obrera para descubrir cómo las malas condiciones de habitabilidad impactaban ya no solo en la calidad de vida sino también en la salud colectiva. Crear mejores casas —y ahí están todos esos planes urbanos que prometían viviendas mejores y accesibles— era fundamental, una cuestión de salud pública. Fue una de las grandes conquistas de los países desarrollados, pero dos siglos más tarde no todo está exactamente resuelto en este terreno. La vivienda sigue quitándonos la salud, aunque no sea de la misma forma.

Lo cierto es que varios estudios han establecido vínculos entre la presión generada por los precios de los alquileres y la pérdida de salud. Simplificando mucho, se podría decir que el alquiler cuesta la buena salud.

El más reciente de estos análisis ha sido elaborado por investigadoras de las universidades de Essex y Adelaida. En este caso, se ha usado como guía el proceso de metilación del ADN, que ha permitido establecer cómo estaba procediendo el envejecimiento de los sujetos de muestra.  Sus datos son bastante claros: vivir de alquiler hace que se envejezca a nivel biológico más rápido. En concreto, equivale al doble de los efectos de la obesidad y a la mitad de los de fumar, otros dos elementos que pasan factura en términos de envejecimiento. Incluso, vivir de alquiler tiene un efecto mayor que el haberse quedado sin trabajo.

Aunque las investigadoras reconocen las limitaciones de su estudio (todos sus sujetos son británicos y personas blancas), sus conclusiones permiten comprender mucho mejor el coste que tiene para la salud la inestabilidad del mercado inmobiliario. «Nuestros resultados sugieren que unas circunstancias desafiantes en la vivienda afectan de forma negativa a la salud mediante un proceso de más rápido envejecimiento», escriben.

Vivir de alquiler tiene un efecto mayor sobre la salud que el haberse quedado sin trabajo

El mercado del alquiler privado es altamente inseguro, la calidad de los espacios es más baja y los costes que deben afrontar quienes viven en esos lugares son mayores. En los pisos de alquiler es más fácil estar expuesto a cuestiones que impactan en la salud física —como el frío o el moho— y en la mental —como el estrés— de la que ocurre en una vivienda en propiedad, recuerdan en el estudio.

Un análisis estadounidense de hace unos años descubrió que el porcentaje de quienes tenían cucarachas, agujeros en el suelo, grietas, cableado eléctrico expuesto, baños que fallan, moho o goteras es mayor entre quienes alquilan que entre quienes viven en una casa de su propiedad. También son más los arrendatarios que reconocen que han pasado frío de forma incómoda durante 24 horas o más que los propietarios. Los propietarios ganaban en ratas y problemas de aguas en el exterior de sus casas, pero en líneas generales eran los arrendatarios los que acumulaban más problemáticas que lastran la buena calidad de vida en sus hogares.

Se podría decir que hay un problema en el mantenimiento, que es una de las habituales quejas de quienes viven de alquiler. De hecho, y volviendo al estudio británico, en el caso de los alquileres públicos —a pesar del estigma asociado y su impacto en la salud mental—, como estos elementos no suelen entrar en juego, sus habitantes no muestran signos de envejecimiento tan elevados como quienes alquilan en el mercado privado. Las administraciones públicas deben mantener unos estándares que no siempre se cumplen en el privado.

La escalada de precios en el mercado libre de alquiler no ayuda a que las cosas mejoren: un análisis en FastCompany identifica a quienes viven de alquiler como más quemados que quienes lo hacen en su propiedad. A medida que los costes de vida suben —pero no lo hacen también los salarios— la presión sobre quienes arriendan también lo hace. Su burnout va así en aumento.

Entre 2014 y 2023, los precios del alquiler en España aumentaron más del 60%

Incluso, se podría sumar un elemento generacional extra a esta cuestión. Para millennials y Generación Z, para quienes acceder al mercado inmobiliario de propietarios se ha convertido en algo muy complicado, el estrés también sube. La idea de que existe un vínculo entre la mala salud mental de los millennials y el mercado del alquiler ni siquiera es nueva. En los textos que abordan la vida de este grupo demográfico, hablar de vivienda y alquileres es casi un epígrafe obligado. No solo está la frustración de no poder salir del mercado de alquiler, sino también el hecho de que son una suerte de público cautivo que ve como cada vez paga más y por viviendas que no necesariamente han mejorado.

Entre 2014 y 2023, los precios del alquiler en España registraron avances superiores al 60%, según cálculos de CaixaBank Research. «Este crecimiento ha sido superior al aumento de los ingresos de las familias en este periodo y ello ha generado cierta tensión en el mercado del alquiler en las zonas más demandadas y que ha afectado de forma más contundente a los hogares de rentas más bajas», escribe su analista Judit Montoriol Garriga.

Aun así, no todo está perdido. Las investigadoras del estudio británico apuntan que este tipo de envejecimiento es reversible, «subrayando el potencial significativo de cambios en las políticas de vivienda para mejorar la salud». Esto es, las políticas de vivienda son también, incluso ahora, una cuestión de salud pública.

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