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Premios Óscar 2026

Escenas de familia

Los premios Óscar de Hollywood, que se entregan el próximo 15 de marzo, dan la medida de quién domina el discurso a partir de la ficción. Este año, de las grandes favoritas a llevarse el Oscar a la Mejor Película, al menos cuatro reflexionan sobre el concepto de familia y es el centro sobre el que pivota su narrativa.

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10
marzo
2026

El cine, por su propia naturaleza, depreda las tendencias de consumo, llámalas también modas o relato. Porque, quizá, de todas las artes, la séptima sea la que más permea a los usos y costumbres del momento. Los premios Óscar de Hollywood, que se entregan el próximo 15 de marzo, dan la medida de quién domina el discurso, a partir de la ficción o de los temas sobre los que se apuntala el mencionado relato, bien sea disfrazado de drama o revisionismo histórico, biopic, noir con ínfulas o personajes desestructurados en las esquinas del mundo. Todos confluyen en las grandes historias de una manera artificiosamente tempestiva.

Este año es especialmente pertinente en ese sentido: de las grandes favoritas a llevarse el Óscar a la Mejor Película, al menos cuatro reflexionan sobre el concepto de familia y es el centro sobre el que pivota su narrativa.

Sin embargo, la originalidad en esta edición recae en que, por su propia postura artística, afrontan una idea tan bigger than life como el propio ecosistema de la familia desde prismas muy diferentes, incluso antagónicos.

Y es esto, precisamente, lo que les da un mayor valor en su unicidad, pues ofrece una visión de conjunto mucho más rica desde el punto de vista puramente cinematográfico.

Estas películas son Una batalla tras otra, Valor Sentimental, Hamnet y Sueños de trenes. Todas compiten por el Óscar más codiciado y en ellas observamos cómo las relaciones familiares impactan de manera muy distinta en la mente creativa de sus directores.

Y eso no puede haberlo hecho ningún algoritmo hollywoodiense. Esto es casualidad, destino. Magia del cine, lo llaman algunos.

Por empezar con la gran favorita, Una batalla tras otra ofrece una esquinada mirada hacia un modelo de familia tan original como inverosímil, de folletín pulp. Los lazos genéticos, porque no da tiempo para más, entre una guerrillera y su hija, parecen sostener su andamiaje. Pero enseguida aparece la sombra totémica de su director, Paul Thomas Anderson, para desviar la narración, como tanto le gusta, hacia meandros que no acaban de cuajar. Según confiesa el propio cineasta, el filme habla de la búsqueda de un padre a su hija, porque «la emoción proviene de una historia sobre la familia». Una familia de tres, o de cuatro, cuando aparece el último ángulo, interpretado por Sean Penn, cuyo personaje porta un gadget «detecta estirpes», metáfora perfecta de esta gran boutade de 220 millones de dólares.

‘Hamnet’ reflexiona sobre el proceso de duelo de unos padres, especialmente de ella, ante la pérdida de su hijo

Valor sentimental, la cinta del noruego Joachim Trier es, de todas ellas, la que más gravita en torno a la familia y sus vectores. En este caso sobre la ausencia del padre y que arranca con la muerte de la madre. Aquí hay mucho Bergman en cuanto a las relaciones familiares, el padre ausente, tótem deconstruido y ególatra y una hija, actriz desnortada con la que comparte conflicto y personalidad. Una muy interesante trama cosida por los lazos filiales, con una visión calvinista de la existencia lastrada por un epílogo falsamente condescendiente.

Hamnet también explora la institución familiar, pero, esta vez sí, poniendo el foco en la madre y mandando al cuarto de jugar a William Shakespeare. Una madre telúrica, pero, sin embargo, muy humana, perfectamente corporeizada en la actriz Jessie Buckley, quien muy probablemente gane el Óscar a la Mejor Actriz Principal. La película reflexiona sobre el proceso de duelo de unos padres, especialmente de ella, ante la pérdida de su hijo. También al final hay redención, o, más bien, asunción del duelo, en una narración explícita y algo tramposa, que se apoya en cierta (im)postura fímica de su directora, Chlóe Zhao, quien recurre a los códigos del melodrama para manipular las emociones del espectador.

Y la última y la más interesante, pero que no va a ganar ningún premio, es Sueños de trenes, una pequeña alhaja escondida dentro del joyero de Netflix. Esta sí profundiza en la familia como un triángulo orgánico y, si se quiere, cartesiano: padre, madre e hija en este caso, pero desde el padre, el protagonista, al que su director acaricia para atravesar una parte de la historia de ese Estados Unidos inabarcable, entre el final del Oeste y el principio de la civilización. La línea de vida de un jornalero que tala árboles está cosida por la desgracia, acaso mayor que en Hamnet y le sirve a Clint Bentley de vehículo para, tomando como punto de partida a esta familia, preguntarse (pero no responder) sobre la naturaleza humana, la relación del hombre con su entorno, la metafísica y las preguntas ontológicas que nos llevamos haciendo desde que nos bajamos del árbol. Una obra bellísima en su aparente sencillez, barnizada por el aroma lírico del gran trovador de América Terrence Malick. Un pequeño milagro en el cofre de los tesoros.

Hasta aquí, la familia. Veremos qué linaje se lleva los laureles, pero todo parece indicar que será la primera, la más aparentemente disruptiva, carísimo juguete para lucimiento de su director.

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