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El secreto del éxito de ‘Las chicas de oro’

Cuatro señoras de edad madura viven juntas en un chalé en Miami. Ese es el punto de partida de una serie que se convirtió en un icono y en una pieza fundamental de la cultura popular.

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16
febrero
2026

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Fue en septiembre de 1985. La audiencia que veía sentada delante del televisor el canal estadounidense NBC descubrió por primera vez a Las chicas de oro. Blanche se había quedado viuda y tenía una casa muy grande en Miami, así que puso un anuncio para encontrar compañeras de piso y repartir gastos. Respondieron Rose y Dorothy, que se trajo a su madre Sophia, y juntas crearon una comunidad de señoras, cuatro desconocidas que se convirtieron en grandes amigas. Eran las protagonistas de «una serie subversiva que ha envejecido de una manera envidiable», como señala en Las chicas de oro Pedro Ángel Sánchez (Dos Bigotes).

La serie se emitió de manera continua hasta 1992, fue un éxito global e incluso ahora, con el 40 aniversario de su estreno aun reciente, se sigue recordando con nostalgia y aprecio. De hecho, cuando Disney+ la recuperó en España en 2022 para la era del streaming, se convirtió en protagonista de emocionados titulares en los medios. Pero ¿qué hizo que esta historia conectase tan bien con unas audiencias tan variadas y durante tantas generaciones?

Todo había empezado unos cuantos años antes de su estreno, en 1984. Un sketch en un programa especial de la NBC le demostró el potencial humorístico de las historias protagonizadas por mujeres de cierta edad a los directivos de la cadena: podrían ser divertidas y también un filón, porque nadie estaba llegando a ese nicho de edad. Así que buscaron a un director para el proyecto y, sobre todo, a una guionista, Susan Harris, que supo perfilar una comedia distinta. Como señala Sánchez en su libro, Harris encontraba estimulante la idea de trabajar con un perfil que fuese más allá de los jóvenes recurrentes como protagonistas de las series.

La serie trató temas espinosos para la época, desde el VIH a las madres solteras por inseminación artificial

El resultado fue notable. Como cuenta Las chicas de oro, la serie logró desterrar bastantes clichés sobre lo que suponía ser una mujer de más de 50 y evidenciar que la vida seguía por mucho que se fuesen sucediendo los cumpleaños. Igualmente, las tramas incorporaron muchos temas que en aquella época se consideraban espinosos, desde el VIH a las madres solteras por inseminación artificial. También se convirtieron en un icono para la comunidad LGTBIQ+, gracias a los temas que abordaron (y cómo lo hicieron) y por su muestra positiva de la familia elegida.

Incluso, y en una época de pleno backlash contra el feminismo, Blanche, Rose, Dorothy y Sophia eran, a su manera, iconos feministas, que pasan con buena nota el test de Bechdel. Sentadas ante una tarta de queso en la cocina de su casa, hablan de toda clase de temas y de una forma muy abierta.

¿Las hace esto todavía más subversivas? ¿Les colaron Las chicas de oro la revolución a la NBC sin que se diesen cuenta? «La cadena sabía muy bien lo que hacía», responde al otro lado del correo electrónico Sánchez. «Lo que pasa que supieron utilizar muy bien el humor y medir mucho cada palabra, lo que hizo que el público, incluso el más conservador, les permitiera entrar en sus casas como si fueran unas amigas más», apunta, y recuerda que hasta la Reina Madre británica «era fan». «Hablaron de la menopausia, del sexo en la tercera edad o del acoso sexual de la forma más natural y eso las hizo desprender feminismo a cada paso que daban», sintetiza el experto.

Quizás esto fue también lo que hizo que sus historias calasen tanto a nivel global. Muchos países hicieron sus propias versiones de Las chicas de oro (España dos, aunque fracasaron), pero muchos más importaron la serie directamente en su versión original. Triunfó «porque pese a ser una serie protagonizada por cuatro señoras mayores de Florida muchos de los temas que abordaban eran universales», como nos explica Sánchez. De hecho, las actrices protagonistas, Rue McClanahan, Betty White, Beatrice Arthur y Estelle Getty, se convirtieron en estrellas globales, ocupando las portadas de las revistas de medio mundo.

La fiebre por Las chicas de oro también llegó a España. Lo hizo en 1986, cuando se emitió por primera vez doblada al castellano en TVE. Sánchez cree que ese doblaje, dirigido por Víctor Agramunt, influyó en la buena recepción. «Él sería el culpable de que expresiones muy nuestras o recetas como el gazpacho se colaran por la boca de las chicas», explica. Blanche, Rose, Dorothy y Sophia se sentían cercanas y sus historias captaban a la audiencia española como lo habían hecho con la estadounidense. Funcionaba tan bien que, como confiesa ahora en el libro Isabel Raventós, del equipo directivo de TVE en los primeros 90, rotó por la parrilla y los dos canales que TVE tenía entonces. De ahí que ahora habrá quien recuerde verlas por la tarde en las horas de la merienda y quien jure que lo hacía en prime time.

La serie marcó el patrón de cómo crear grupos de protagonistas para la ficción, como el de ‘Sexo en Nueva York’

Las chicas de oro terminó en 1992. Las tramas no daban mucho más de sí y un cambio en el horario en su emisora original desplomó las audiencias. Además, Beatrice Arthur quería dejar de ser Dorothy y abandonar el ritmo de trabajo trepidante de la televisión. Aun así, sus creadores lanzaron un spin off y sus personajes eran tan amados que The Golden Palace protagonizó una guerra de pujas entre las televisiones estadounidenses. Ganó la CBS, pero la nueva historia solo tuvo una temporada. No consiguió emular el éxito de audiencia de su predecesora y no fue renovada.

Con todo, la trayectoria en la cultura popular de Las chicas de oro va mucho más allá de esos primeros 90. La serie ha marcado para siempre el patrón oro de cómo crear grupos de protagonistas para historias corales y que triunfen (como indica Sánchez no es casualidad que las amigas tanto de Sexo en Nueva York como de Girls sean cuatro), al tiempo que se ha integrado como una pieza icónica de las referencias compartidas.

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