Cultura

Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo

En la era de la globalización, las series de televisión se han convertido en todo un referente cultural y social. Con ‘Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo’ (Errata Naturae), Dominique Moïsi nos embarca en una realidad que va más allá de la ficción: comprender el mundo de las series supone entender lo que ocurre a nuestro alrededor.

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30
Sep
2019
House of cards

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House of Cards acompaña, y para algunos incluso acelera, el ascenso de los populistas del Tea Party en Estados Unidos. ¿Los primeros éxitos de Donald Trump durante la campaña para las primarias del Partido Republicano no son también el reflejo de este rechazo de las élites? «Todos los políticos son unos mentirosos. No os fiéis de sus programas».

En un contexto de desconfianza hacia la política, lo que cuenta más que nunca es la personalidad, el carácter de la persona que se va a elegir. Cuanto más excéntrico y diferente sea, cuanto más lejos parezca estar de los juegos de poder de Washington –aunque solo sea en apariencia–, mejor será. Cuanto más rico sea, menos riesgo habrá de que corrompa como todos los demás. Hay que fiarse de él porque piensa fuera del marco habitual de la política. Al volver a ver tal o cual episodio de House of Cards, se comprende todo.

En este nivel de perversidad y duda combinadas, la serie no solo matiza la realidad: termina por crearla. Existe un paralelismo evidente entre los peligros de Internet y los de las series televisivas. En un momento determinado, la realidad y la ficción se confunden. Ya no nos entretenemos, nos informamos. Bill Clinton, presidente de Estados Unidos entre 1992 y 2000, dijo –por supuesto, con un tono de confidencia humorística– a Kevin Spacey, el hombre que hace de él –es decir, de presidente– en la serie: «Me encanta House of Cards. El noventa y nueve por ciento de lo que hacéis en la serie es cierto. ¡El uno por ciento de error se debe a que, en la vida real, jamás podríais haber conseguido que una ley sobre la educación se aprobara tan rápido!». Una declaración que, si resultara ser precisa y se extendiera ampliamente por Estados Unidos, no ayudaría a la candidatura de Hillary, su mujer, a la presidencia, aunque no pueda entenderse más que como un chiste. Un chiste revelador de la dureza de la lucha por el poder en Washington, ciudad que, a pesar del surgimiento de una vida cultural significativa desde hace varias décadas, no vive más que por y para el poder.

«En un momento determinado, la realidad y la ficción se confunden. Ya no nos entretenemos, nos informamos»

En una serie como House of Cards, todas las teorías del complot, hoy más de moda que nunca en el mundo entero –basta con haber cogido un taxi en París tras los atentados del 13 de noviembre de 2015 para convencerse de ello–, se ven confirmadas. Ayer, a través de series como Dallas y Derrick, se descubría el nivel de vida de los estadounidenses o de los alemanes del Oeste. Hoy ya no se trata de penetrar en la comodidad de los interiores, sino en la perversidad de las almas.

Si Juego de tronos es un compendio de historia diplomática para iniciados, revisado y corregido por Maquiavelo o Hobbes, House of Cards es una hábil mezcla de Las amistades peligrosas, Los Borgia y Los Soprano. Valmont y la marquesa de Merteuil están encarnados aquí por Frank Underwood y su mujer. Esta comparación con Las amistades peligrosas parece además respaldada por el parecido físico entre las dos actrices principales: Glenn Close en la película basada en la novela de Choderlos de Laclos y Robin Wright en la serie estadounidense. ¿No hay una especie de acuerdo entre estos dos cómplices y rivales a la vez? ¡No puedes convertirte en presidente sin mi ayuda, pero seré presidenta después de ti! La realidad es, por supuesto, muchísimo más compleja e integra elementos más íntimos y deliberadamente ambiguos sobre la vida de la pareja y las preferencias sexuales del propio presidente.

El ala oeste de la Casa Blanca alababa, al menos de forma indirecta, los méritos de Bill Clinton. Podemos preguntarnos, al ver House of Cards, si la serie se utilizará algún día para explicar el fracaso de la candidatura de Hillary Clinton a la Casa Blanca.


Este es un extracto del libro Geopolítica de las series o el triunfo global del miedo, de Dominique Moïsi (Errata Naturae). 

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