«Hay poquísimo escrito sobre la intimidad corporal y la imaginación erótica entre mujeres»
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Con una amplia trayectoria como poeta e investigadora, Sara Torres (Gijón, 1991) irrumpió hace un par de años en el panorama narrativo con ‘Lo que hay’ (Reservoir Books, 2022), que la llevó a ganar, entre otros reconocimientos, el Premio Javier Morote a mejor autora revelación. La asturiana se ha convertido en un auténtico fenómeno de masas que cuenta con adeptas, un consultorio emocional, memes y hasta desmayos en sus presentaciones. Hablamos con ella a propósito de su nueva novela, ‘La seducción’ (Reservoir Books, 2024).
Si en Lo que hay tratabas el tema del duelo entrelazado con el del deseo, ahora te lanzas de lleno a la piscina del juego que hay entre el deseo y el objeto, esto es, la seducción, un proceso de tanteo que a veces es más importante que la propia satisfacción del deseo. ¿Tenías claros los temas de los que querías hablar cuando comenzaste la escritura o apareció primero la historia?
Es muy interesante la formulación de la pregunta. Justamente nuestra tradición de pensamiento sobre el afecto configura la seducción como una relación entre sujeto, objeto y deseo, donde un sujeto deseante compone estrategias para conseguir que su deseo alcance un objeto. Es la idealización de un fin, que promete cierta satisfacción de sueños y fantasías que preexisten al encuentro. Cuando comencé a escribir el libro quería mostrar este punto de partida en nuestra cultura afectiva para así revisarlo y pensar en narrativas alternativas. Mi propuesta es una aproximación a la seducción como encuentro entre dos subjetividades, cada una mediada por sus propias fantasías y determinada por sus pasiones y heridas.
La novela nos muestra los inicios de la relación entre dos mujeres, ambas creadoras, entre las que hay una diferencia de edad de unos veinte años. ¿Hay alguna razón en particular por la que te interesase narrar una relación con esas características? Dicho lo cual, al leer la novela no parece que la edad sea un factor determinante en su relación, simplemente un hecho…
Me interesaba que se encontrasen en distintos momentos de su vida laboral y afectiva, para así ver las sincronías y desincronías en su modo de entender el deseo. La diferencia de edad se da fuera de una lógica misógina y patriarcal, por lo que ha de leerse fuera de este marco.
«Mi propuesta es una aproximación a la seducción como encuentro entre dos subjetividades, cada una mediada por sus propias fantasías»
Quizá la mayor diferencia que hay entre ellas es la falta de entendimiento: la mayor parte del texto nos muestra a la protagonista presa de la espera, desesperada ante la falta de acción o estímulos por parte de su contrincante. ¿Es la seducción un proceso necesariamente cruel?
Es muy interesante que al hablar de seducción surjan palabras como «contrincante», las tenemos muy enganchadas a los recovecos de la mente. Creo que palabras así reflejan bien esa lógica de conquistadores y conquistados de la que quiero escapar. Me gusta pensar que muchas estamos intentando reescribir la seducción desde la ternura, y que es la ternura el afecto que puede apaciguar las ansiedades que surgen en las esperas deseantes.
¿Nos importa más el camino al deseo que el deseo en sí? ¿Es posible mantener el encanto de la seducción cuando ya tenemos a la persona a la que deseamos a nuestro lado?
Pienso que ninguna persona, por muy fusionada que esté en el enamoramiento, deja de tener una subjetividad y un inconsciente propios cuando está en pareja. La seducción aquí propuesta es un modo de construir mundo compartido que no tiene fecha de caducidad, ya que estaría basado en el reconocimiento de la diferencia y del libre albedrío de la otra.
Mencionas en un momento de la novela los comentarios negativos en redes: «Mira la mesa de madera dura, el agua que sale tibia del caño, todas esas cosas permanecen inalteradas mientras los comentarios en un perfil de Instagram cambian». ¿Crees que los comentarios negativos pueden llegar a afectar al proceso creativo? ¿Te has llegado a cuestionar a ti misma como creadora por causa de la repercusión negativa, como hace el personaje de la escritora en tu novela?
Desde hace años veo a personas cuyo esfuerzo y trabajo admiro siendo tratadas con una gran violencia en redes. Parece que, al margen de lo que hagas, alcanzar en un momento puntual ciertos niveles de visibilidad siempre va a producir afectos negativos. Quizá tiene sentido, porque todo exceso de visibilidad genera cierto desequilibrio. Por ejemplo, si llevas dos meses viéndome a mí por todas partes hablando de lesbianas puedes acabar teniendo la sensación de que yo estoy intentado «ocupar el espacio» o incluso definir de forma excluyente lo que una lesbiana debe ser o pensar, y nada más lejos de la realidad, solo que la promoción del libro me hizo estar más presente que otras compañeras en este momento. Tengo verdaderas ganas ya de desaparecer un rato y dedicarme a estudiar. Hay algo humano recurrente en esa rabia que surge ante la visibilidad de los otros. No está en sí mal este afecto, si sirve para mantener el poder a raya, pero temo que muchas veces estos afectos negativos se dejan circular en redes sin ninguna revisión ni pregunta. Parecería útil preguntarnos, antes de hacer un comentario hiriente y lanzarlo al mundo: ¿por qué siento esto? ¿Tiene sentido poner esa energía en atacar a una compañera? ¿Encarna ella, de verdad, algo contra lo que luchar, o estoy dejando actuar mi prejuicio y mi falta de información sobre su realidad o discurso? Yo me siento agradecida porque en estos 12 años de escritura y de compartir lo que me llega es un cariño y una generosidad enormes. Solo tengo Instagram, nunca he usado Twitter porque me parece una plataforma de fogueo, donde sacar las cosas de contexto, despertar afectos tristes y fomentar un tipo de pensamiento que hace unos días Brigitte Vasallo definía como «pensamiento único y confrontacional». Las redes han sido siempre fundamentales para las alianzas queer, especialmente para que personas no nacidas en grandes ciudades conectásemos y construyésemos alegría y subcultura juntas. Yo personalmente siempre las he utilizado a favor de la amistad, el descubrimiento y el cuidado de la vida, de modo que, si en algún momento considerase que tener una cuenta de Instagram deja de servir a la vida, no dudaría en quitármela.
«Es muy interesante que al hablar de seducción surjan palabras como «contrincante»»
En esta novela vuelves a explorar temas como los afectos más allá de la monogamia. Da la impresión de que la visión de las relaciones con otros ha cambiado radicalmente desde la época de nuestros padres hasta la nuestra. No es que antes no existieran, pero se difuminaban, mientras que ahora se revalorizan, por decirlo de alguna manera. ¿Estamos más cerca de la idea comunitaria del afecto que reflejas en La seducción que de la idea, por ejemplo, del matrimonio como única finalidad posible para el amor?
Yo creo que sin duda estamos ahí. Vivimos en un entre mundos, donde conviven distintas ideas sobre lo que puede ser el amor y las relaciones eróticas. Es un momento muy bonito lleno de preguntas y con deseos compartidos de conversación.
En una escena de la novela, se comenta que al personaje de la escritora los críticos la acusan de incluir demasiadas escenas de sexo en sus novelas. Una de sus amigas/amantes le contesta lo siguiente: «Nunca son demasiadas si las escribe una lesbiana. […] Partimos ya de un déficit de contenido». ¿Me puedes desarrollar un poco esto?
Hay poquísimo escrito sobre la intimidad corporal y sobre la imaginación erótica entre mujeres. La ironía de la novela hace referencia a eso: ¿cómo preocuparnos por escribir demasiado sobre algo que durante siglos no pudo ser descrito sin censura?
«¿Cómo preocuparnos por escribir demasiado sobre algo que durante siglos no pudo ser descrito sin censura?»
También vuelves a cultivar la autoficción, o eso parece en algunos personajes. ¿Por qué has escogido en tus novelas la primera persona para hacer la narración?
Este libro no es una autoficción, en absoluto. No me asimilo en el personaje de la escritora, ni en el de la fotógrafa. De hecho, yo aparezco solamente una vez, haciendo un cameo paseando a Pan, para dejar claro que no soy ninguna de las dos. [Risas]. Ellas son dos personajes donde exploro distintas pasiones que sí conozco.
La seducción se inicia con una imagen: la protagonista se interesa por la escritora a partir de un retrato. Al leerte pareces una escritora muy plástica, casi como si tus textos tuvieran una cinematografía. ¿Es así?
Es bonito esto, la verdad es que la construcción de imágenes me importa mucho, la disfruto. Seguramente sea porque mi espacio de calma es la poesía, desde ahí entiendo la escritura y ahí está mi apego con lo textual.
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