Cultura

Hipnos y el sueño en la mitología grecolatina

Los antiguos griegos entendían el sueño como un aspecto de la vida que debía ser protegido por los dioses, y contemplaban sus múltiples facetas en la mitología.

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19
marzo
2024
Mosaico de Hipnos en Kotor, Montenegro

La mitología grecolatina es un recurso infinito de héroes, divinidades y criaturas. Los antiguos griegos y romanos disponían de un amplísimo plantel de dioses y semidioses que, más allá de los doce olímpicos, protegían y vigilaban distintos aspectos de la vida cotidiana, por lo que casi para cualquier problema había una divinidad a la que echar la culpa o a la que pedir ayuda. Y el acto de dormir y lo que lo rodea (el descanso, los sueños y las pesadillas) también era materia de dioses.

La importancia del sueño tenía una doble vertiente: por un lado, el descanso debía protegerse como proceso fisiológico íntimamente ligado a la vida; por otro lado, se tenía en cuenta la cualidad adivinatoria del sueño, con las fantasías, las pesadillas y las premoniciones, que constituían una parte fundamental de la cultura y la religión antiguas.

La primera deidad relacionada con el sueño de la que se tiene constancia es Hipnos, hijo de la diosa Nix, protectora de la noche y, según algunas fuentes, del dios Érebo, protector de la oscuridad. Su equivalente romano era Somnus, del que se trazaba un origen similar. Hipnos, que aparece mencionado tanto en las obras homéricas como en la Teogonía de Hesíodo, no era hijo único: su hermano gemelo era Tánatos, la muerte, una asociación tan lógica como curiosa, en tanto que la pérdida de consciencia que implica el descanso del cuerpo a menudo se confunde con estar muerto.

El hermano gemelo de Hipnos era Tánatos, personificación de la muerte

Se dice que Hipnos y Tánatos vivían en el Inframundo, en una cueva en la que no entraba la luz y por la que fluía el río Leteo o río del olvido. Ovidio, en sus Metamorfosis, nos habla de las amapolas que crecían a la entrada de la cueva. Estas flores han sido ampliamente utilizadas como somnífero y sedante gracias a sus propiedades calmantes; y es que Hipnos no solo está relacionado con el sueño, sino también con los estadios intermedios entre estar despierto y estar dormido: en la Tebaida de Estacio, por ejemplo, se narra cómo guardan la entrada de la cueva cuatro divinidades menores llamadas Ergía (la pereza), Oblivio (el olvido), Quies (la quietud) y Silentia (el silencio).

Del mismo modo, esta divinidad se utiliza como símbolo de las alteraciones del estado de la conciencia, incluida la adivinación y el trance de los oráculos. Incluso, la figura de Hipnos ha sido empleada a menudo por artistas que han mostrado interés por los límites de la mente como origen y fin de sus creaciones, como John Waterhouse o Fernand Khnopff.

Aunque su presencia se utiliza a menudo más como símbolo que como deidad, Hipnos aparece en algunas narraciones mitológicas como persona. En la Ilíada, Zeus, dios del rayo, caía rendido ante el sueño imbuido por Hipnos en una artimaña de su esposa Hera. A cambio de este favor, el dios del sueño es desposado con Pasítea, una de las Tres Gracias, de cuya unión nació una prole de mil hijos conocidos en griego como los Oniros y en latín como los Somnia, algo así como los «sueños» o «ensueños».

Tres nombres destacan en esta tribu de diosecillos que plagan los mitos grecolatinos: Morfeo, Iquelo o Fobétor y Fantaso, que se distinguían de los demás porque, mientras que el resto de Oniros plagaban los sueños del pueblo llano, ellos se ocupaban de las ensoñaciones de reyes e inmortales.

La figura de Hipnos ha sido usada por artistas interesados en los límites de la mente

Iquelo o Fobétor se aparecía en los sueños con forma de animales salvajes, como serpientes o pájaros, habitualmente causando pesadillas (de hecho, el nombre «Fobétor» significa «el que da miedo»). Fantaso, por su parte, se transformaba en elementos inanimados o de la naturaleza, como vientos, olas y toda clase de recursos de la imaginación que confunden realidad con sueño.

Morfeo, quizás el más asimilado en la tradición popular, podía cambiar de forma a su gusto, según cuenta Ovidio: «Que él ninguno otro más diestramente /reproduce el caminar y el porte y el sonido del hablar». Representado con un par de alas, este dios podía asimilarse a la imagen de cualquier ser humano, y así lo hacía, por ejemplo, en la Ilíada o en las Metamorfosis, donde, bajo el nombre de Morfeo o simplemente de Oniro, actuaba como mensajero de los dioses transfigurándose en diversos personajes que aparecían en el sueño de otros para transmitirles órdenes o información.

En la Ilíada, Hipnos es denominado «dueño de dioses y hombres», un epíteto que nos recuerda a Eros, esa divinidad de la que nadie, ni mortal ni inmortal, podía escapar. Y es que dormir y soñar, para lo bueno y para lo malo, son actos que se parecen mucho a la muerte: una parte de la vida a la que nadie puede renunciar.

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